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Selenitas en Canarias: la carta de 1787 sobre la Luna

Grabado del siglo XVIII de un gran globo aerostático a rayas expuesto en una sala con columnas, rodeado de visitantes

Según una carta fechada el 20 de junio de 1787, cinco días antes había aterrizado en Tenerife un globo del que bajaron dos gigantes que decían venir de la Luna. El firmante pedía instrucciones al rey y el cargo de virrey del satélite. La carta apareció hace unos años en el Archivo General de Simancas, pero el gobernador que la firma no existió, y en septiembre de aquel año la prensa inglesa publicó una versión de la misma historia.

Un papel fuera de sitio

Germán Santana, profesor de historia moderna de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, investigaba el comercio entre Canarias e Inglaterra a finales del siglo XVIII. En una de sus estancias en el Archivo General de Simancas encontró, en un legajo de la Secretaría de Estado que en principio solo guardaba documentos oficiales, un papel sin catalogar que no tenía nada de comercial. Según dijo a COPE en 2019, el documento es auténtico, con papel y tinta de la época.

El caso ocupó un episodio entero del pódcast El Dragón Invisible, en septiembre de 2019, con el propio Santana, el investigador Chris Aubeck, el historiador Juan José Sánchez-Oro y la directora del archivo, Julia Rodríguez de Diego. La versión inglesa de la carta va dirigida al «secretario principal de Su Majestad Católica», cargo que en 1787 ocupaba el conde de Floridablanca, secretario del Despacho de Estado de 1777 a 1792.

Retrato del conde de Floridablanca con casaca roja en su despacho; a la izquierda, un hombre vestido de oscuro le muestra un lienzo
El conde de Floridablanca, secretario de Estado de Carlos III, retratado por Goya en 1783. Banco de España (dominio público).

Lo que cuenta la carta

La versión que publicó la prensa inglesa, traducida en 2022 para el Diario de Avisos, cuenta que el día 15, hacia las diez de la mañana y con el cielo despejado, los vecinos vieron un globo enorme que bajaba hacia el pico de Tenerife. Algunos pensaron en un cometa desviado de su trayectoria; cundió el terror y las iglesias llamaron a la oración. Con un gran telescopio reflector del observatorio se vio por fin que era un globo dorado, con una galería muy bien pintada y dos figuras de aspecto humano que agitaban banderas.

El globo bajó cerca de la base de la montaña, a unas diez millas de Santa Cruz. La gente tiró de las cuerdas, y de la máquina saltaron dos personajes que pusieron ramas de palma y de olivo a los pies de los presentes y hablaban una lengua que nadie entendía. El documento de Simancas, según el resumen de COPE, sitúa el aterrizaje en Montaña Grande, en Güímar, y habla de una nave, «un globo con forma de cohete».

La descripción es minuciosa. Medían no menos de 2,40 metros, según la traducción de la versión inglesa; el documento de Simancas, según COPE, habla de unos tres metros. Vestían de azul cielo, con estrellas de plata bordadas, llevaban a la espalda una luna llena plateada y en el pecho un sol de oro con rayos de esmeraldas y diamantes, y se anudaban las trenzas con lazos de amatistas y perlas. El rey, escribía el gobernador, se sorprendería aún más al saber que eran habitantes de la Luna. Algunos profesores entendían su idioma, una mezcla de hebreo y caldeo, y por ellos se supo que el viaje había durado solo 28 días.

El gobernador los llevó a Santa Cruz, convocó al Cabildo con los directores de las instituciones científicas y eclesiásticas para examinarlos y remitió en una carta reservada lo que contaban de su religión, su gobierno y sus costumbres, y de los lugares donde guardaban sus tesoros. Santana lamenta que no se haya encontrado un dosier sobre el asunto que, al parecer, existió. Al final, el gobernador se ofrecía a preparar una expedición de globos para que el rey hiciera valer el derecho del primer descubrimiento de la Luna, y pedía el cargo de virrey cuando se tomara posesión de ella. Firmaba don López de Vega.

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El gobernador que no existió

En 1787, el comandante general de Canarias era Miguel de la Grúa Talamanca, marqués de Branciforte, como recuerda Emilio Abad Ripoll en una nota de su traducción; de 1794 a 1798 fue virrey de Nueva España. Según Santana, entonces no había nadie que respondiera al nombre del firmante, que COPE transcribe como López Vega.

Hay otra pista, y llega desde Inglaterra. El 4 de septiembre de 1787, el Chester Courant publicó la misma historia y la atribuyó a la Gaceta de Madrid. Su versión añade que los visitantes venían del imperio de Ellilapanta, cuyo gobierno mezclaba la aristocracia, la democracia y la monarquía y se parecía al británico, y que los volcanes que el doctor Herschel creía ver en la Luna eran montones de coque. El resumen de COPE del documento de Simancas también habla de un gobierno parecido al de Inglaterra. El texto inglés lo encontró en el British Newspaper Archive Alastair F. Robertson, y lo tradujo y anotó Emilio Abad Ripoll; se publicó en tres entregas en el Diario de Avisos, en marzo y abril de 2022.

Robertson admite que no sabe qué pensar de la historia, aunque ve muy improbable que el gobernador engañara a la corte. Abad Ripoll, en una nota, cree que fue una broma del redactor del Chester Courant a sus lectores. Santana piensa que en su momento se le dio «algo» de crédito, porque el papel acabó en Simancas, donde se guardaban los documentos que interesaban al Estado. Señala además que el texto da muchos datos técnicos sobre los globos que no estaban al alcance de cualquiera, que en Canarias conocían esa técnica Agustín de Betancourt y José de Viera y Clavijo, y que alguien pudo aprovechar lo que se hablaba en alguna tertulia. Aun así, para él no hay datos suficientes para sostener ninguna hipótesis.

La fiebre de los globos

La fecha ayuda a entender la historia. El 21 de noviembre de 1783, Pilâtre de Rozier y el marqués de Arlandes hicieron en París el primer vuelo libre tripulado, en un globo de los hermanos Montgolfier. El 15 de septiembre de 1784, Vincenzo Lunardi despegó en Londres ante unas 200.000 personas, en el vuelo que él mismo contó como el primer viaje aéreo de Inglaterra. Los globos se pusieron de moda, y hasta un sombrero con forma de globo, el «Lunardi», llevaba su nombre.

Grabado satírico de 1784 con un globo en forma de cabeza sonriente con gorro de bufón sobre una multitud
An English Balloon (1784), de Paul Sandby: los ingleses también se reían de la fiebre de los globos. Bibliothèque nationale de France (dominio público).

La Luna habitada tenía ya una larga tradición literaria. Cyrano de Bergerac describió a sus habitantes en Historia cómica de los estados e imperios de la Luna (1657), y en 1785, dos años antes de la carta, Rudolf Erich Raspe publicó la primera versión de las aventuras del barón de Münchhausen, que llega a la Luna y encuentra selenitas. La versión inglesa de la carta cita a Fontenelle, que defendió la pluralidad de los mundos, y al obispo John Wilkins, que había sugerido la posibilidad de volar a la Luna.

Medio siglo después, en agosto de 1835, The Sun de Nueva York publicó seis artículos que atribuían falsamente al astrónomo John Herschel el descubrimiento de vida en la Luna, con hombres alados y unicornios. Muchos lectores se los tomaron en serio, y el periódico nunca se retractó.

El canal El Ciudadano Escéptico Podcast repasa en este vídeo la carta de 1787 y la sitúa en su contexto, el de la Ilustración y los primeros globos.

Antes de Roswell: Tenerife y los contactos del siglo XVIII

Uno de los textos más curiosos

Santana cuenta la historia en Canarias insólita: bestias, fenómenos y calamidades (Herques), según COPE. A esa emisora le dijo que es uno de los textos más curiosos de las decenas de miles de documentos que ha visto en su carrera.

Otras historias del blog: el monumento al ovni de Ängelholm, Jenaro Gajardo, el chileno que inscribió la Luna a su nombre ante notario y Dennis Hope, el hombre que vende parcelas en la Luna.

Fuentes consultadas

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