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El pleito de los delfines: el día que Candás llevó a juicio a los cetáceos

Puerto deportivo de Candás con barcas amarradas y el pueblo al fondo, entre colinas verdes

Los acusados no se presentaron, y el juicio se celebró igual. En 1624, el cura de Candás denunció ante el obispo de Oviedo a los delfines que se comían la pesca y destrozaban las redes, y un abogado defensor, un fiscal, un notario y un clérigo de la Inquisición se embarcaron para juzgarlos en el mismo mar. Durante siglos se tuvo por una leyenda asturiana más, hasta que en 1980 apareció en un archivo de Oviedo el protocolo del notario que dio fe de todo.

Los delfines contra Candás

Candás, la capital del concejo de Carreño, a pocos kilómetros del cabo de Peñas, ha vivido siempre del mar. A principios del siglo XVII, los delfines y los calderones que entraban en la zona de Perán se comían el pescado y rompían las redes, y los pescadores, que no tenían a quién reclamar, acudieron al cura.

El cura hizo lo que habría hecho cualquier vecino con un problema serio: poner una demanda. La presentó en 1624 ante el obispo de Oviedo, y el obispo se la tomó en serio.

Grupo de delfines comunes nadando junto a la proa de un barco en aguas azules
Un grupo de delfines comunes junto a la proa de un barco oceanográfico. Foto: Damien Delaunay, Ifremer (CC BY 4.0).

Para que el pleito tuviera todas las garantías, la Universidad de Oviedo nombró a un abogado defensor para los delfines y a un fiscal. Con ellos iban un clérigo de la Inquisición, un notario y varios testigos.

Un juicio en el mar

La comitiva se embarcó y fue hasta la zona de los destrozos. El abogado defendió a sus clientes con argumentos que hoy firmaría cualquier ecologista: los delfines eran criaturas de Dios, tenían derecho a alimentarse y estaban allí antes que los vecinos de Candás. El fiscal respondió que aquello era un caladero y que los marineros tenían más derecho que los cetáceos.

El clérigo dictó sentencia y mandó al notario que la leyera en voz alta, de cara al mar: los delfines debían dejar de atacar y abandonar aquellas aguas, y si no lo hacían, serían condenados al infierno. Algunas versiones hablan de conjuros; las crónicas más recientes, de la amenaza del infierno y poco más.

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Según la tradición oral, los delfines acataron la sentencia y no volvieron. Que entendieran el castellano de un notario del siglo XVII es otra cuestión, y que se fueran por la sentencia o porque el pescado estaba en otra parte, también.

De leyenda a documento

Once años después, el cronista de Felipe IV Gil González Dávila contó el caso en su Teatro eclesiástico de la Santa Iglesia de Oviedo. Según la directora del Archivo Histórico de Asturias, nadie le dio crédito, y el pleito siguió pasando de boca en boca como una leyenda de pescadores.

En 1980, Marino Busto, cronista del concejo de Carreño, encontró en el Archivo Histórico Provincial de Oviedo el protocolo del notario Juan de Valdés, que había dado fe del pleito. Al año siguiente lo contó en el Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, en un artículo con un título que lo resume todo: «Pudiera no ser fabuloso el pleito de los delfines». El documento de 1624 se conserva hoy en el Archivo Histórico de Asturias.

Un monumento y cuatro siglos

En 1982, Candás le dedicó al pleito una escultura de Vicente Menéndez-Santarúa, que está en el parque Maestro Antuña. En 2024 se cumplieron cuatrocientos años, y el pueblo sigue presumiendo de sus delfines.

Escultura de bronce con dos delfines y una vara larga sobre un pedestal de piedra con una inscripción que termina en El pleito de los delfines, en un parque de Candás
El monumento al pleito de los delfines, de Vicente Menéndez-Santarúa (1982), en el parque Maestro Antuña de Candás. Foto: Olgaberrios (CC BY-SA 4.0).

Juzgar animales no era tan raro como parece. En la Europa medieval y moderna hubo pleitos contra cerdos, ratas, langostas y gorgojos, con sus abogados y sus sentencias. Lo de Candás añade un mérito propio: pocos tribunales se han atrevido a juzgar a los acusados en su propio terreno.

Los pescadores de Candás consiguieron lo que querían, al menos según la tradición, algo que no todos los demandantes de la historia pueden contar.

Y los delfines, que no recurrieron, siguen nadando frente a la costa asturiana sin que nadie haya vuelto a llevarlos a juicio. Puede que el notario siga esperando su respuesta.

La escultura del pleito, en Candás

Este breve vídeo del canal asturiano Asturias Verde muestra la escultura del pleito de los delfines en Candás y resume la historia.

Place: Estatua dedicada al Pleito de los Delfines, Candás

Si les ha gustado, en el blog están también los juicios a cerdos, ratas y gorgojos, el día que Winnie the Pooh se sentó en el banquillo y el surrealismo penal del Fuero General de Navarra.

Fuentes consultadas

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