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Las casas ovni de Sanzhi: el complejo futurista de Taiwán que acabó convertido en una ciudad fantasma

Dos bloques de casas con forma de platillo volante, uno rosa y otro amarillo, abandonados junto a una colina verde en Sanzhi

En 1978 empezó a levantarse en Sanzhi, en la costa norte de Taiwán, una urbanización de vacaciones hecha de casas con forma de platillo volante, pensada para militares estadounidenses de permiso. En 1980 la empresa promotora quebró y las obras se pararon. Un segundo intento se hundió en 1989, y durante casi treinta años las cápsulas de colores se fueron cayendo a trozos junto al mar mientras crecían las leyendas: un dragón partido en dos, un cementerio de soldados neerlandeses, muertes en la obra. El 29 de diciembre de 2008 empezaron a derribarlas.

Una casa de esquí que se convirtió en platillo

El modelo estaba a miles de kilómetros. En 1968, el arquitecto finlandés Matti Suuronen diseñó la casa Futuro, una cabaña de esquí con forma de ovni, de plástico reforzado con fibra de vidrio, que debía ser rápida de calentar y fácil de montar en terreno difícil. Medía cuatro metros de alto por ocho de diámetro. La crisis del petróleo de 1973 frenó en seco la producción de plástico y, con ella, la de casas Futuro: se fabricaron menos de un centenar.

Las que quedan están repartidas por medio mundo. El museo Boijmans Van Beuningen de Róterdam restauró el prototipo de 1968, y hay una en Tampa (Florida) colocada en el tejado de un club de estriptis llamado, cómo no, 2001 Odisea del Espacio.

Casa Futuro de Matti Suuronen, un platillo blanco con ventanas ovaladas sobre patas azules, en un césped de Múnich
Una casa Futuro de Matti Suuronen expuesta junto a la Pinakothek der Moderne de Múnich. Foto: Henning Schlottmann, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Un complejo para militares de permiso

La idea taiwanesa partió de Yu-chou, un fabricante de plásticos de Sanzhi. El terreno estaba cerca del kilómetro 17 de la carretera de Tamsui a Jinshan, en la costa entre Tamsui y Keelung. Los platillos de Sanzhi se inspiraban en el Futuro, pero eran otra cosa: hormigón armado recubierto de plástico reforzado con fibra, apilados en bloques de colores. Según la revista de arquitectura MAS Context, el proyecto contaba con unas 138 viviendas; Pedro Torrijos, en El País, habla de 126.

El público previsto eran los oficiales del Ejército de Estados Unidos destinados en Asia oriental, que buscaran unos días de playa. Ninguno llegó a estrenarlas. En 1980, Yu-chou quebró y las obras se quedaron a medias.

Segundo intento, segunda ruina

En 1989 el grupo Hung Kuo, que acababa de ponerse al frente del Hilton de Taipéi, metió 800 millones de dólares taiwaneses, unos 24 millones de dólares estadounidenses, para terminar el complejo. Se asoció con Tsai Chin-hsien, dueño de una cervecería de Tamsui, y ahí empezó el problema: Hung Kuo quería un complejo turístico internacional y Tsai, una cervecería para el público local. A finales de ese año las obras volvieron a pararse.

Un diseñador de aquella fase, que en 2009 habló con el Taipei Times dando solo su apellido, Lin, explicó que se habían limitado a terminar las casas a medio hacer en lugar de rediseñarlas, para acabar cuanto antes, y que la mezcla de hormigón y plástico era un problema: con cada terremoto aparecían filtraciones que no había manera de reparar. En 1995, con Hung Kuo en apuros, el terreno acabó como garantía de préstamos de tres bancos. Y allí se quedaron los platillos, sin terminar y sin dueño que los quisiera.

El dragón, los esqueletos y los fantasmas

Un sitio así no podía quedarse sin leyendas. Según la más repetida, al ensanchar la carretera de acceso partieron en dos la escultura de un dragón que había a la entrada, y eso trajo la mala suerte: accidentes mortales de tráfico y suicidios entre los obreros. Otra decía que el terreno había sido un cementerio de soldados neerlandeses. El Taipei Times recogía en 2009 rumores de más de 20.000 esqueletos y de varios asesinatos, y Pedro Torrijos cuenta que los obreros llegaron a entrar en pánico por culpa de una leyenda local.

Lin no se creía nada. Aseguró que el lugar no estaba encantado y que la ceremonia para presentar respetos a los espíritus antes de empezar la obra era una costumbre habitual en la construcción, sin relación con ningún fantasma. Lo de los esqueletos no lo comentó.

Fotografía en blanco y negro de varias cápsulas de las casas ovni de Sanzhi con los cristales de las ventanas rotos
Cápsulas de Sanzhi con los cristales rotos, en marzo de 2008. Foto: Kok Leng Yeo, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

Ruinas del futuro

Abandonadas, las casas encontraron por fin su público. Fotógrafos y curiosos empezaron a recorrerlas, en internet se las bautizó como «ruinas del futuro», la MTV rodó allí y aparecieron en la película de acción White Phantom (1987). Años después de la demolición, todavía salieron convertidas en un mapa del videojuego Call of Duty: Black Ops II.

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El condado de Taipéi ordenó derribarlas. Se pidió en una petición en internet que se salvara al menos una como museo, pero las máquinas entraron el 29 de diciembre de 2008, y en 2010 ya no quedaba ninguna. El plan era levantar en su lugar un complejo turístico con hoteles, instalaciones de playa y un parque acuático.

De las casas Futuro se fabricaron menos de cien en todo el mundo. Las imitaciones de Sanzhi, en cambio, eran más de cien, y ninguna sobrevivió.

Hay más platillos que nunca despegaron. En Suecia, un hombre levantó en un bosque de Ängelholm un monumento al ovni que decía haber visto en 1946. Y para proyectos levantados con mucha ilusión y abandonados después, pocos superan a Fordlandia, la ciudad que Henry Ford construyó en la Amazonia y nunca visitó. Ese mismo 1978, en Cabra del Camp (Tarragona), otra urbanización buscó su reclamo en la cultura pop: un Mazinger Z de diez metros para vender parcelas. Otra ciudad fantasma, esta vez por culpa del fuego, es Centralia, el pueblo de Pensilvania que arde bajo tierra desde 1962.

Lee también: Mazinger Z en Tarragona: el robot gigante que se construyó para vender parcelas y El monumento al ovni de Ängelholm, un platillo en el bosque

Fuentes consultadas

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