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La última reunión de los Beatles: las risas y las lágrimas 17 días antes de la muerte de George Harrison

Los cuatro Beatles, con traje y corbata, saludan con la mano al bajar del avión en Nueva York en 1964

El 12 de noviembre de 2001, en un hotel de Manhattan, tres viejos amigos comieron juntos y se pasaron la tarde riendo. Eran Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison, los tres Beatles que seguían vivos. Harrison se estaba muriendo de cáncer. Diecisiete días después, ya no estaba.

Fue la última reunión de los Beatles, si puede llamarse así a una comida sin instrumentos ni cámaras. No hubo prensa. Lo que se sabe llegó después, por el médico de Harrison y por el propio McCartney.

Cuatro años de cáncer

A Harrison le diagnosticaron un cáncer de garganta en 1997. Lo trataron con radioterapia y en aquel momento pareció que había funcionado; él mismo culpó a sus años de fumador. En diciembre de 1999, un intruso le asestó más de cuarenta puñaladas en su casa de Friar Park, en Henley-on-Thames, y le perforó un pulmón, hasta que su mujer, Olivia, lo frenó a golpes de atizador. Según la Wikipedia, su entorno siempre creyó que aquel ataque tuvo que ver con la vuelta de la enfermedad.

En mayo de 2001 le extirparon un tumor en un pulmón, y en julio lo trataban de un tumor cerebral en una clínica suiza. Allí lo visitó Ringo, que tuvo que irse antes de tiempo porque su hija iba a ser operada de urgencia en Boston. Harrison, muy débil, le soltó: «¿Quieres que te acompañe?». En noviembre empezó la radioterapia en el Hospital Universitario de Staten Island, en Nueva York, porque el cáncer de pulmón había llegado al cerebro.

George Harrison, con melena y barba, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en 1974
George Harrison en el Despacho Oval de la Casa Blanca, el 13 de diciembre de 1974. Foto: David Hume Kennerly, Biblioteca Presidencial Gerald R. Ford (dominio público), vía Wikimedia Commons.

Fue entonces, según LOS40, cuando los médicos le dijeron que le quedaba poco tiempo, y quiso ver por última vez a sus dos amigos.

Una comida en Manhattan

McCartney llegó desde Londres con su prometida, Heather Mills, y Ringo llevaba ya unos días en la ciudad. Con ellos estaban Olivia y el médico de Harrison, Gil Lederman. Hacía años que no se veían los tres juntos. Según contó después Lederman al Mirror, «hubo algunas lágrimas, pero más risas que cualquier otra cosa».

El que más hizo reír fue George, que comió vegetariano y solo bebió agua, según el Sunday People, y tiró de anécdotas de los tiempos de Hamburgo. Cuando la familia y los amigos los dejaron solos, Ringo se marchó a la vez que George salía hacia el tratamiento. Paul, en cambio, se quedó a esperarlo el resto de la tarde.

«Tú no coges de la mano a tus amigos»

Lo que más ha repetido McCartney es un gesto. En 2002 le contó a The Washington Post que aquella tarde pudo hacer con George lo que los Beatles habían cantado: cogerle la mano. «Queríamos coger de la mano a todo el mundo y nunca habíamos llegado a cogernos entre nosotros». En 2020, en The New York Times, recogido por LOS40, añadió que pensó que eso no se hace con los amigos. George lo miró y sonrió.

Hablaron, dice, de tonterías. George se quejaba de tanto viaje en busca de una cura, de Ginebra a Nueva York y de Nueva York a Los Ángeles, y Paul le propuso quedarse quieto en Speke Hall, una casa del siglo XVI del barrio de Liverpool en el que crecieron. Era, según McCartney, la única persona de la habitación que sabía qué era Speke Hall. A la revista Uncut le resumió la tarde así: «Los años se esfumaron».

Fachada de entramado blanco y negro de la casa Tudor de Speke Hall, en Liverpool, con césped delante
Speke Hall, la casa Tudor del barrio de Liverpool donde crecieron McCartney y Harrison. Foto: Rodhullandemu (CC BY-SA 4.0), vía Wikimedia Commons.

Diecisiete días después

Harrison murió el 29 de noviembre de 2001, a los 58 años, en una casa de McCartney en Los Ángeles. Lo acompañaban Olivia, su hijo Dhani, Ravi Shankar y su familia y dos devotos Hare Krishna que recitaban el Bhagavad Gita. En su último mensaje, difundido por la familia, decía que todo puede esperar menos la búsqueda de Dios, y pedía que nos quisiéramos unos a otros. Sus cenizas se esparcieron en el Ganges y el Yamuna, cerca de Benarés.

La historia tuvo un epílogo menos amable. Los herederos de Harrison demandaron a Lederman por divulgar detalles de su tratamiento y por conseguir que el músico, ya moribundo, le firmara una guitarra. El pleito se cerró en 2004 con un acuerdo extrajudicial que obligaba a deshacerse de ella.

Tampoco todos los detalles cuadran: The Washington Post situó la visita en un hospital y diez días antes de la muerte. Pero lo esencial se repite en todas las versiones: tres amigos, una comida y una mano cogida.

Otro final de los Beatles con testigo inesperado: Ray Shayler, el policía que subió a la azotea durante su último concierto. Y para la parte española de la historia, la visita de los Beatles a España en 1965. Décadas antes, McCartney ya había tenido que demostrar que seguía vivo: lo cuenta la historia de «Paul is dead».

Los tres Beatles, en vídeo

En 1981, tras el asesinato de Lennon, Harrison le dedicó «All Those Years Ago», con Ringo Starr a la batería y Paul McCartney en los coros. Este es el videoclip oficial.

George Harrison 'All Those Years Ago' (Official Video)

Dura menos de cuatro minutos y la canción está en inglés.

Lee también: Why Don’t We Do It in the Road? y los monos de McCartney y El álbum blanco de los Beatles: el disco doble que retrató a una banda al borde de la ruptura

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