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Cuando una banda de falsificadores intentó secuestrar el cadáver de Abraham Lincoln

Cenotafio de mármol rojo con la inscripción Abraham Lincoln 1809-1865 en la cámara funeraria de su tumba en Springfield, rodeado de banderas

La noche del 7 de noviembre de 1876, mientras Estados Unidos votaba entre Hayes y Tilden, dos falsificadores de moneda forzaron la tumba de Abraham Lincoln en Springfield (Illinois), abrieron el sarcófago y empezaron a sacar el ataúd. Querían esconder el cadáver en las dunas de Indiana y canjearlo por la libertad de su mejor grabador de billetes y 200.000 dólares. Uno de sus cómplices trabajaba para el Servicio Secreto, que los esperaba escondido, y aun así se le escaparon. Los detuvieron diez días después en Chicago.

Sin grabador no hay billetes

El Servicio Secreto había nacido el 5 de julio de 1865, tres meses después del asesinato de Lincoln, con una misión muy concreta: acabar con los falsificadores. Al terminar la guerra civil, casi un tercio de los billetes que circulaban en el país eran falsos. Once años después, una banda de Chicago tenía un problema serio: su grabador, Benjamin Boyd, el mejor del oficio, cumplía diez años de condena en la penitenciaría de Joliet.

Según la revista American Heritage, una sola de sus planchas de cinco dólares había fabricado más de 300.000 billetes falsos, y el Tesoro tuvo que retirar los auténticos. Sin Boyd no había negocio, y James Kinealy, Big Jim, que distribuía moneda falsa desde San Luis, pensó en una manera muy suya de sacarlo de la cárcel.

Un cadáver como moneda de cambio

El plan era robar el cuerpo de Lincoln del cementerio de Oak Ridge y llevarlo a las dunas de Indiana, a más de 300 kilómetros, donde la arena en movimiento borraría las huellas. Luego pedirían el indulto de Boyd y 200.000 dólares, justo lo que había costado el monumento. Para demostrar que lo tenían, dejarían en la tumba un trozo de una página de un periódico católico y guardarían el resto dentro del busto de Lincoln que adornaba su taberna de Chicago, The Hub.

Litografía del monumento funerario de Lincoln en Springfield, con su obelisco, estatuas y escalinatas
El Monumento Nacional a Lincoln en el cementerio de Oak Ridge, en una litografía de Strobridge & Co. de 1876, el año del intento de robo. Biblioteca del Congreso, dominio público, vía Wikimedia Commons.

Eligieron la noche de las elecciones presidenciales, con el país pendiente del recuento entre Rutherford B. Hayes y Samuel J. Tilden, y mandaron a dos hombres: Jack Hughes, un pasador de billetes falsos en libertad bajo fianza, y Terrence Mullen, el camarero de The Hub. Con ellos iba Lewis Swegles, que en realidad trabajaba para el Servicio Secreto.

Tiros en el cementerio

Patrick Tyrrell, jefe del Servicio Secreto en Chicago, avisó a Robert Todd Lincoln, el único hijo vivo del presidente, y sumó al operativo a dos detectives de la agencia Pinkerton. La tarde del día 7, el custodio del monumento, John Carroll Power, les hizo a los ladrones una visita guiada. Por la noche, él mismo, la policía local y los agentes se escondieron en el edificio.

Hughes y Mullen limaron el candado, después de romper una sierra, quitaron la tapa de mármol del sarcófago y sacaron a medias el ataúd de cedro. Swegles tenía que avisar encendiendo un puro, pero le tocó sostener la linterna, y los agentes esperaron unos veinte minutos de más. Cuando por fin entraron, la tumba estaba abierta y sin ladrones: los dos esperaban junto a un árbol a que Swegles volviera con el carro.

Entonces a uno de los detectives se le disparó la pistola. En la oscuridad, los agentes acabaron tiroteándose entre ellos hasta que alguien reconoció la voz de un compañero, y Mullen y Hughes salieron corriendo. Tyrrell lo resumiría así: fue una de las noches más desafortunadas de su vida.

Un juicio por un ataúd de 75 dólares

Los detuvieron diez días después en Chicago, en la misma taberna donde se había fraguado el plan. Quedaba un detalle incómodo: en Illinois no había ninguna ley contra el robo de cadáveres. Así que se les acusó de intentar robar un ataúd valorado en 75 dólares, propiedad de la Asociación Nacional del Monumento a Lincoln. En mayo de 1877 los condenaron a un año de cárcel. Big Jim tampoco se libró: en 1880 lo pillaron en San Luis con billetes falsos de diez dólares y acabó en la misma penitenciaría que Boyd.

Fotografía estereoscópica en sepia del sarcófago de mármol blanco de Lincoln, con jarrones de flores encima
El sarcófago de mármol de Lincoln en el monumento de Springfield, en una fotografía estereoscópica de la colección Robert N. Dennis. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Lincoln, de escondite en escondite

El susto dejó claro que el cuerpo más famoso del país estaba protegido por un candado. Poco después, Power y los miembros de la asociación sacaron el ataúd y lo escondieron dentro del propio monumento, primero bajo maderas y escombros y, en 1878, en una fosa poco profunda; el sarcófago se quedó vacío. En febrero de 1880 se fundó la Guardia de Honor de Lincoln para vigilarlo, con Power de secretario.

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Lincoln aún cambió varias veces de sitio. En 1887 lo enterraron en una bóveda de ladrillo, y durante la reconstrucción del monumento, entre 1899 y 1901, pasó por otra provisional. Su hijo Robert pidió entonces una solución definitiva. El 26 de septiembre de 1901 abrieron el ataúd por última vez para comprobar que era él, lo bajaron a una jaula de barras de acero tres metros bajo el suelo y lo cubrieron de hormigón.

Entre los dieciocho testigos había un chaval de catorce años, Fleetwood Lindley, hijo de un miembro de la Guardia de Honor. La cara de Lincoln, contaron, estaba blanca como el alabastro. Cuando Lindley murió, en 1963, era la última persona viva que había visto el rostro del presidente.

Los falsificadores querían esconderlo bajo la arena. Al final lo enterraron sus propios guardianes, bajo tres metros de acero y hormigón, para que a nadie más se le ocurriera lo mismo.

Los ataúdes del siglo XIX dieron más disgustos. En 1890, en Misuri, uno reventó en pleno velatorio y acabó hecho pedazos en la fosa.

El robo del cadáver de Lincoln, en vídeo

El canal History & Hearsay cuenta el intento de robo en este vídeo de 2023.

The Bizarre Plot to Steal Abraham Lincoln’s Body

Dura unos seis minutos y está en inglés.

Fuentes consultadas

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