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La tía Juana de Oscar Wilde: la fiesta a la que no fue nadie

Cuadro de un baile victoriano en la cubierta de un barco, con damas de vestidos largos y oficiales entre banderas

Los músicos llegaron puntuales, la cena estaba lista y la anfitriona, una anciana de buena familia, había invitado a toda la ciudad. No apareció nadie. Así empieza la historia de la tía Juana, una de las que Oscar Wilde contaba de viva voz en las sobremesas, y su final lo intuye cualquiera que haya organizado una fiesta: las invitaciones seguían en un cajón. Medio siglo después, Evelyn Waugh publicó un cuento con el mismo desenlace, y desde entonces la historia cambia de autor según quién la cuente.

La fiesta de la tía Juana

La versión española más conocida es la de Noel Clarasó en su Antología de anécdotas. La tía Juana, de familia aristocrática y ya muy mayor, decidió despedirse del mundo con una gran fiesta. Vivía en una ciudad pequeña donde todos la conocían, así que invitó hasta al último vecino, pasó semanas encargando manjares y contrató a la mejor orquesta de la comarca.

A los músicos, que fueron los primeros en llegar, les pidió que empezaran a tocar en cuanto entrara el primer invitado. No tocaron. Después de una larga espera, la anciana los invitó a cenar y presidió la mesa en silencio.

Al terminar subió a su cuarto a buscar un pañuelo para las lágrimas, abrió el cajón y allí estaban, todas juntas, las invitaciones del baile. Nunca las había echado al correo.

Un cuentista de sobremesa

Wilde era famoso por su conversación tanto como por sus libros. Contaba historias en las cenas, las pulía con los años y solo algunas acabaron en papel; otras las anotaron amigos, parientes e invitados que las oyeron de su boca. En el año 2000, Thomas Wright reunió muchas de ellas en Table Talk: Oscar Wilde, y entre las anécdotas figura una titulada «Aunt Jane’s Ball», el baile de la tía Juana.

Fotografía de Oscar Wilde joven, sentado, con melena y abrigo con cuello de piel, un bastón en una mano y la cara apoyada en la otra
Oscar Wilde fotografiado por Napoleon Sarony en Nueva York en 1882 (dominio público).

De boca en boca, los detalles cambian: la ciudad, la orquesta, la cena con los músicos. Lo que no cambia es el cajón, que es donde está toda la gracia.

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Bella Fleace dio una fiesta

En 1932, Evelyn Waugh publicó en Harper’s Bazaar un cuento titulado «Bella Fleace Gave a Party». Una anciana aristócrata, en una casa de campo irlandesa que ha visto tiempos mejores, decide dar un gran baile de sociedad. El final, otra vez, es el de las invitaciones que nadie llegó a enviar.

La coincidencia provocó al menos un rifirrafe. En junio de 2002, la columnista Petronella Wyatt atribuyó a Wilde en The Spectator la historia de la anciana que olvida mandar las invitaciones, y una lectora, Margot Nowinska, escribió a la revista para corregirla: el cuento era de Waugh, de 1932. La lectora añadía un detalle con mucha guasa: en el cuento aparece un heredero moderno que convierte su visita a la anciana en un relato para… The Spectator.

Retrato fotográfico de Evelyn Waugh con chaqueta de tweed y corbata, mirando a la cámara
Evelyn Waugh fotografiado por Carl Van Vechten en 1940. Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (dominio público).

¿De quién es, entonces? Wilde murió en 1900, más de treinta años antes del cuento de Waugh, y la anécdota de la tía Juana circulaba entre quienes lo trataron. Puede que Waugh la conociera, o que los dos recogieran una historia que ya rodaba por los salones. Con lo que hay, no se puede saber.

Una lección de logística

La versión de Wilde tiene más melancolía y la de Waugh más malicia, pero las dos se apoyan en la misma idea: una fiesta perfecta en todo salvo en lo único imprescindible.

Antes de culpar a los vecinos por no venir, conviene revisar el cajón. La tía Juana lo hizo al final de la noche, que es el peor momento posible para descubrir que el desaire lo había organizado ella misma.

La vida de Oscar Wilde

La divulgadora Raquel de la Morena repasa en este vídeo la vida de Wilde, del éxito en Londres a la cárcel.

OSCAR WILDE | La HISTORIA REAL del escritor a quien un AMOR PROHIBIDO LLEVÓ A LA CÁRCEL | Biografía

Si les ha gustado, en el blog están también la carta de John Lennon que llegó treinta y cuatro años tarde, las anécdotas de Mark Twain y Víctor Hugo y las mesas parlantes.

Fuentes consultadas

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