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Los hermanos Bécquer y Los Borbones en pelota: sátira, pinceles y desvergüenza en pleno siglo XIX

Entre rimas, pinceles y secretos incómodos

A Gustavo Adolfo Bécquer se le suele imaginar con la pluma cargada de suspiros románticos, escribiendo versos que aún hoy se recitan en bodas, funerales, aniversarios sentimentales y, cómo no, en las clases de literatura de bachillerato. A su hermano Valeriano, más discreto en el canon escolar pero igualmente notable, se le recuerda por escenas costumbristas donde la España decimonónica se despliega con mantillas, tabernas, mercados, procesiones y esa luz sevillana que parece haberse quedado atrapada en sus lienzos. Dos talentos de manual, cada uno en lo suyo, con el aura de artistas serios y consagrados. Y, sin embargo, tras esa fachada de arte melancólico, academicismo romántico y respetabilidad burguesa, había espacio para un proyecto mucho más travieso y temerario: un álbum clandestino de caricaturas que ridiculizaba, sin miramientos ni sutilezas, a la familia real. El título ya lo dice todo: Los Borbones en pelota.

Los Borbones en pelota

España, monarquía y escándalo al por mayor

La década de 1860 en España fue un envenenado cóctel político servido sin hielo: corrupción generalizada, inestabilidad crónica, revueltas constantes y una monarquía tambaleante bajo Isabel II, que parecía acumular más enemigos que aliados. Los rumores sobre su vida privada circulaban con la misma rapidez que los panfletos revolucionarios, mezclando datos ciertos con exageraciones sabrosas que prendían en el imaginario popular. La reina, convertida en protagonista involuntaria de chascarrillos tabernarios, sainetes improvisados y comidilla en las tertulias más cultas de los cafés madrileños, se transformó en el blanco perfecto para la sátira y la crítica. Y allí estaban los Bécquer, aparentemente intachables, cultivando una imagen de artistas respetables, pero al mismo tiempo dispuestos a desnudar —literal y figuradamente— las miserias de la corte con un ingenio que bordeaba el escándalo.

Los Borbones en pelota

La Gloriosa Revolución de 1868, que enviaría a Isabel II a París con más equipaje de lo previsto y con la promesa de un exilio prolongado, no hizo sino dar contexto al clima de crítica feroz que respiraba el país y que los caricaturistas supieron aprovechar como combustible. Los Borbones en pelota apareció justo en ese momento de ebullición, entre conspiraciones políticas, corrillos populares y un hartazgo ciudadano creciente, con un objetivo tan claro como directo: quitarle de un plumazo el poco prestigio que le quedaba a la monarquía borbónica.

Un título sin metáforas: la sátira a cuerpo descubierto

Lo de “en pelota” no es un giro poético. Ni siquiera una metáfora sutil. Las ilustraciones muestran a los Borbones desnudos, entregados a escenas que rozan lo grotesco y lo cómico. La desnudez, más que un guiño erótico, era un acto político: dejar expuesta la corrupción y las debilidades de quienes deberían ser intachables. Isabel II aparece representada como una figura excesiva, rodeada de amantes, clérigos serviles y ministros tan inútiles como caricaturescos.

Los Borbones en pelota
Isabel II fornicando con un asno

El mensaje era tan claro como provocador: el poder real estaba en cueros, sin el más mínimo barniz de dignidad. Y si la imagen no bastaba, los versos satíricos que acompañaban cada viñeta ponían la puntilla con ironía afilada.

Arte, clandestinidad y riesgo personal

El álbum fue una obra coral, aunque la atribución a los hermanos Bécquer resulta difícil de esquivar. Valeriano habría aportado su pulso artístico para las caricaturas, que a pesar de su tono burlesco tienen una calidad técnica innegable. Gustavo Adolfo, maestro de la rima, habría dado forma a los versos mordaces que acompañan las láminas.

Los Borbones en pelota

El problema era evidente: publicar aquello en la España del XIX no era precisamente un pasatiempo inocente. La censura vigilaba, y un trabajo así podía costar algo más que un rapapolvo literario. No es de extrañar que la obra circulara de forma clandestina, de mano en mano, en salones donde lo prohibido sabía mejor que el más delicioso vino.

Una obra moderna disfrazada de panfleto

Mirada desde el presente, Los Borbones en pelota se adelanta, con sorprendente descaro, a lo que hoy serían memes políticos virales compartidos a golpe de clic en redes sociales. Ilustraciones acompañadas de frases ingeniosas y versos mordaces, capaces de condensar en un solo golpe de vista lo que en un editorial ocuparía varias columnas. La mezcla de humor, crítica y descaro convierte el álbum en un documento histórico insólito, un espejo deformante que refleja mejor que muchos tratados académicos a una España más dada al chiste subido de tono, al guiño picante y a la risa cómplice que al respeto institucional solemne que se le suponía a la realeza.

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Los Borbones en pelota

El escándalo fue tal que, durante décadas, la obra quedó en un incómodo limbo: se sabía de su existencia, se susurraba sobre su autoría, pero nadie con pretensiones de seriedad académica ni con poder institucional se atrevía a airearla demasiado. Ni bibliotecas ni coleccionistas querían exponerse, como si todavía pudiera acarrear consecuencias el simple hecho de enseñarla. Fue necesario esperar al siglo XX, en un clima cultural más permisivo y con una historiografía menos temerosa, para que los estudiosos recuperaran su auténtico valor cultural y entendieran que no se trataba de una gamberrada aislada ni de un simple pasatiempo de artistas ociosos, sino de un testimonio satírico de primer orden, una pieza clave para comprender la crítica política y el humor corrosivo de toda una época.

El enigma de la autoría

La sombra de la duda planea todavía: ¿fueron realmente los Bécquer los únicos responsables? Hay quienes sostienen que participaron otros revolucionarios, caricaturistas anónimos e incluso plumas clandestinas que aprovecharon el anonimato para afilar sus sátiras sin temor a represalias. La discreción fue la mejor arma para sortear la censura, y el silencio de los protagonistas —más obligado que voluntario— dejó la incógnita abierta y alimentó durante décadas las especulaciones. Pero lo cierto es que, se reconozca o no oficialmente, el estilo poético y gráfico de los hermanos late con demasiada fuerza en cada página como para pasar desapercibido.

Tal vez ahí radique parte de la magia de Los Borbones en pelota: en ese misterio irresuelto que lo envuelve, en la ironía de que dos artistas consagrados por la historia como guardianes de la belleza romántica y el costumbrismo sevillano escondieran también una faceta irreverente, mordaz y peligrosamente divertida. Un secreto compartido entre pocos en su tiempo que hoy, siglo y medio después, sigue recordando que el humor y la sátira no solo desnudan al poder, sino que lo dejan congelado para siempre en una viñeta imposible de borrar.



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  • Guinda Casales, Ángel(Autor)

Los Borbones en pelota es un conjunto de ilustraciones satíricas del siglo XIX, en las que se caricaturizaba y ridiculizaba a personajes de la realeza, el gobierno y la aristocracia de la época. Están firmadas por SEM, un seudónimo que, pese a que aún hay mucha controversia, la mayor parte de la crítica atribuye a los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer. En esta edición, coordinada por Manuel Martínez Forega y con introducción de Jesús Rubio Jiménez, Olifante reedita las láminas originales, en un álbum de gran formato y a todo color, y acompaña cada ilustración con un texto de un autor contemporáneo, contrastando la situación política de entonces con la actual.

Fuentes:

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