La adoración a la voz de Churchill

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Autor: El café de la Historia


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La asombrosa historia del culto a la voz de Churchill

Aunque posiblemente el nombre de Ryszard Kapuscinski hoy en día no diga gran cosa a la mayoría, este periodista polaco está considerado uno de los mejores reporteros del siglo XX.

Ryszard Kapuscinski

Ejerció de corresponsal por todo el mundo, compaginando sus colaboraciones en los medios oficiales comunistas de su Polonia natal con artículos en medios occidentales a la vez que daba clases como profesor en varias universidades, y aún le sobraba tiempo para ejercer la actividad literaria que se tradujo en numerosos e interesantes libros en los que narraba sus experiencias viajeras en todos los continentes.

Ryszard Kapuscinski
Ryszard Kapuscinski

De la guerra del fútbol a Ébano

Suyo es «La guerra del fútbol», libro en el que narra, entre otros asuntos, la recordada como «Guerra del fútbol» que enfrentó a Honduras y El Salvador en 1.969 y cuyo detonante fue una eliminatoria entre ambas selecciones nacionales en busca de una plaza para el Mundial de México-70 y a la que ya le dedicamos en su día un artículo que pueden leer aquí.

La guerra del fútbol

Incansable viajero e intrépido periodista, se embarcó en un viaje a lo largo de la convulsa África de la segunda mitad del siglo XX que se iba escapando del colonialismo europeo a la vez que estallaban conflictos y guerras civiles que Kapuscinski relató en el libro que está considerado su obra cumbre: «Ébano».

En «Ébano» relata en primera persona todo este proceso descolonizador a través de los diferentes países que visitó en su periplo y en el que vivió de primera mano conflictos bélicos, genocidios, golpes de estado y hambrunas.

Kapuscinski , Ébano

Kapuscinski es testigo de algo asombroso

De todos estos episodios nos vamos a fijar en un delirante hecho que nos explica Kapuscinski que presenció durante su estancia en Zambia. Vamos allá…

En su visita a Zambia, Kapuscinski conoció a una mujer de aproximadamente cuarenta años llamada Leshina en la ciudad de Serenje, situada a unos doscientos kilómetros al noreste de la capital Lusaka y muy cercana a la frontera con la actual República Democrática del Congo.

Pues bien, esta mujer que, recalca Kapuscinski, no destacaba por nada especial, ni física ni intelectualmente, poseía dos cosas que la diferenciaban del resto de sus vecinos: un gramófono y un antiguo y desgastado disco.

Serenje - el cafe de la historia
Serenje en la actualidad

El disco en concreto contenía la grabación de un discurso de Winston Churchill de 1940 en el que arengaba a la población inglesa a resistir el embate nazi. Habían pasado muchos años desde que ese disco había sido publicado y se encontraba en bastante mal estado, deteriorado y con un sonido muy deficiente en el que entre sonidos infernales, zumbidos, gruñidos incomprensibles y chasquidos, de vez en cuando se distinguía intermitentemente alguna palabra del discurso de Churchill.

Winston Churchill
La «Voz»

En definitiva, cada vez que Leshina reproducía el disco aquello parecía una salmodia recitada por un maléfico coro de súcubos venido directamente del mismísimo infierno.

Nace el culto a la voz de Churchill

Por alguna razón, a Leshina le encantaba oír esos sonidos del inframundo y pronto algunos de sus vecinos se empezaron a congregar en su patio alrededor del gramófono para escuchar con ella aquella grabación.

Al principio eran unos pocos, más tarde se fueron sumando más personas y llegó un momento en el que cuando Leshina hacía girar la manivela y el sonido emergía de la gramola, se producía una especie de comunión mística alrededor de esos gruñidos crípticos que hacían entrar en trance a una concurrencia que día a día crecía en número.

Los asistentes se preguntaban qué tenía ése disco que tanto les hipnotizaba y Leshina les comunicó la buena nueva: era la voz de Dios.

Y ella, claro, su intérprete y representante en la Tierra.

Sea como fuere, sus vecinos la creyeron a pies juntillas y empezó a crecer un culto alrededor de ese viejo disco de Churchill que se tradujo en un aumento exponencial de feligreses que acudían en masa a escuchar la voz de Dios y la correspondiente interpretación por parte de Leshina.

Como en todo culto que se precie se empezaron a instaurar sus propios rituales, una jerarquía religiosa que culminaba, cómo no, en Leshina, y se procedió a erigir un templo para honrar al nuevo Dios.

Dicho templo se construyó con arcilla en medio de la selva y en los oficios religiosos se reproducía aquel discurso de 1940 que hacía entrar en trance a gran parte de los fieles.

Fin abrupto de la nueva religión

Y así fue durante un tiempo hasta que llegó a los oídos del presidente Kenneth Kaunda el estrafalario culto y decidió cortar de raíz con todo este sinsentido.

Kenneth Kaunda
Kenneth Kaunda

Y Kaunda debió pensar que para qué negociaciones o diálogo con esa gente del norte pudiendo enviar directamente al ejército.

Kapuscinski narra que la represión fue brutal, los muertos se contaron por centenas y el templo a mayor gloria de la voz del nuevo Dios fue reducido a escombros por los tanques de Kaunda, dando por finiquitado uno de los cultos religiosos más locos y excéntricos de los que hay noticia: El culto a la voz de Winston Churchill.

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