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Retrato de grupo de Alexander Roslin con el rey Gustavo III de Suecia y sus hermanos, con casacas y bandas de órdenes

Dos gemelos condenados a muerte en Suecia recibieron, según cuenta la historia, una oferta que pocos presos han tenido: cadena perpetua a cambio de beberse cada día, el resto de su vida, tres jarras de café uno y tres de té el otro. Lo había ordenado el rey Gustavo III, convencido de que el café era una amenaza para la salud, y el experimento se ha llamado en broma el primer ensayo clínico sueco. El resultado no fue el que esperaba: los dos médicos que lo vigilaban murieron antes que los presos, el rey también, y el primero de los gemelos en morir fue el que bebía té.

Un pastor, unas cabras y un puerto de Yemen

Del origen del café se cuenta una leyenda muy conocida y muy poco comprobable: la de Kaldi, un pastor de Etiopía que vio a sus cabras ponerse nerviosas después de comer los frutos rojos de cierto arbusto, los probó y le pasó lo mismo. La leyenda la sitúa en el siglo IX, según la Wikipedia (en el siglo VI, según la Asociación Española del Café), pero no aparece por escrito hasta 1671, así que probablemente es apócrifa.

Lo que sí está documentado es que en el siglo XV ya se bebía café en Yemen, entre los sufíes, que lo usaban para aguantar despiertos los rezos nocturnos. Desde allí se extendió por el mundo islámico, y el puerto yemení de Moca fue, hasta finales del siglo XVII, la única puerta de salida del café hacia el resto del mundo. El médico y botánico alemán Leonhard Rauwolf, el primer europeo que lo mencionó, lo vio beber en Alepo en 1573 y lo describió en un libro publicado en 1582, y fueron los mercaderes venecianos quienes lo introdujeron en la Europa continental. La palabra viene del árabe qahwa, que pasó al turco otomano como kahve.

Retrato del papa Clemente VIII con barba blanca, muceta roja y solideo blanco
El papa Clemente VIII, al que la leyenda atribuye la bendición del café, en un retrato de Jacopo Ligozzi (Museo J. Paul Getty, dominio público).

Cuenta otra historia, muy repetida, que algunos en la Iglesia pidieron al papa Clemente VIII que prohibiera aquella «bebida de Satanás», asociada a los musulmanes, y que él la probó, le gustó y la bendijo. Lo que dijo depende de quién lo cuente: según la Wikipedia en inglés, que sería una lástima dejar su uso exclusivo a los infieles; según Aleteia, que había que engañar al diablo bautizándola.

Suecia contra el café

Pintura de una mujer sentada que muele café con un molinillo en un interior sueco del siglo XVIII
Mujer moliendo café, de Pehr Hilleström el Viejo, hacia 1775: el café ya había entrado en las casas suecas pese a impuestos y prohibiciones (dominio público).

Al café le costó más entrar en el norte. En Suecia se empezó a tomar hacia 1674, pero no se puso de moda entre las clases acomodadas hasta bien entrado el siglo XVIII, y en cuanto se puso de moda, las autoridades empezaron a preocuparse. En 1746, un edicto real arremetió contra el «consumo excesivo del té y del café». Se gravaron con impuestos muy altos, y a quien no pagaba se le multaba y se le confiscaban las tazas y los platillos. Después llegó la prohibición total, y los suecos siguieron bebiendo café. No todos estaban en contra: el botánico Carlos Linneo lo consideraba saludable y creía que aliviaba el dolor de cabeza, según la Biblioteca de la Universidad de Upsala.

El experimento del café de Gustavo III

Gustavo III, rey de Suecia desde 1771, estaba convencido de que el café era una amenaza para la salud pública. Para demostrarlo, ordenó un experimento con dos gemelos idénticos condenados a muerte. Se les conmutó la pena por cadena perpetua con una condición: uno se bebería tres jarras de café al día y el otro, tres de té, durante el resto de su vida. Dos médicos se encargarían de vigilarlos e informar al rey.

El experimento no salió como estaba previsto. Primero murieron los dos médicos, se supone que de muerte natural. Luego el rey: el 16 de marzo de 1792, en un baile de máscaras en la Ópera de Estocolmo, Jacob Johan Anckarström le disparó por la espalda, y Gustavo III murió el 29 de marzo. De los gemelos, el primero en morir fue el que bebía té, a los 83 años. Cuándo murió el del café no se sabe.

La autenticidad de todo esto, en todo caso, está en duda. La Biblioteca de la Universidad de Upsala lo cuenta como algo que «se dice» y lo llama «un cuento exquisito». En 2017, un artículo del Avicenna Journal of Phytomedicine llegó a presentarlo como el primer «ensayo clínico aleatorizado» documentado de la historia de la medicina.

Un baile de máscaras que acabó en ópera

El asesinato del rey inspiró a Giuseppe Verdi Un ballo in maschera, estrenada en Roma el 17 de febrero de 1859, aunque la censura no le dejó matar a un rey en escena: tuvo que convertir a Gustavo en Riccardo, conde de Warwick y gobernador de Boston, y trasladar la acción a la Norteamérica de finales del siglo XVII.

La divulgadora Raquel de la Morena repasa en su canal, en un documental de casi una hora, la historia del café desde Etiopía hasta hoy.

La increíble historia de cómo el café conquistó el mundo

De la prohibición a la fika

En 1794 el Gobierno sueco volvió a prohibir el café, y la prohibición se renovó varias veces hasta la década de 1820 sin que llegara a acabar con su consumo. Cuando por fin se levantó, el café se convirtió en la bebida dominante del país, y desde entonces Suecia está entre los mayores consumidores del mundo por habitante. Hoy tiene hasta un nombre para la pausa del café con colegas, amigos o familia: la fika, toda una institución social en Suecia.

Otras historias del blog: la de Voltaire y la lotería con la que se hizo rico, la del año en que febrero tuvo 30 días en Suecia y la de Sancho el Craso, al que pusieron a dieta en Córdoba.

Lee también: Bernadotte, el republicano francés que fue rey de Suecia y Flogsta scream: el grito nocturno de los estudiantes suecos

Fuentes consultadas

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