«Estamos desarmando a la Unión Soviética más deprisa que vosotros». Se lo soltó en 1989 Donald Kendall, el patriarca de Pepsi, a Brent Scowcroft, consejero de Seguridad Nacional de George Bush padre, y la frase ha alimentado una de las leyendas empresariales más repetidas de internet: que Pepsi llegó a tener la sexta flota de guerra del mundo. La realidad es menos épica y bastante más curiosa. Los soviéticos, que no tenían dólares para pagar la cola, le dieron a la empresa diecisiete submarinos viejos, un crucero, una fragata y un destructor, que acabaron derechos en el desguace. Pepsi no mandó nunca un barco, pero hizo de chatarrero de la Guerra Fría.
El debate de la cocina y un vaso de Pepsi
La historia empieza en julio de 1959, en la Exposición Nacional Estadounidense de Moscú, un escaparate del modo de vida americano montado gracias a un acuerdo de intercambio cultural entre los dos países. Había coches, arte, moda, una casa modelo completa y puestos de marcas como Disney, IBM o Pepsi. El 24 de julio, el vicepresidente Richard Nixon le enseñó la exposición a Nikita Jruschov, y en la cocina de aquella casa modelo los dos se enzarzaron, delante de las cámaras, en una discusión sobre capitalismo y comunismo que pasó a la historia como el debate de la cocina.

Lo que no salió en los libros de historia fue lo que vino después. Donald Kendall, entonces jefe de la división internacional de Pepsi, había llevado la contraria a sus jefes para montar un puesto en la feria, y la noche anterior le había dicho a Nixon, en la embajada estadounidense, que tenía que conseguir que Jruschov acabara con una Pepsi en la mano. Nixon cumplió. El puesto ofrecía dos versiones, una hecha con agua estadounidense y otra con agua rusa, y un fotógrafo captó al líder soviético bebiendo con cierta desconfianza mientras Kendall servía otro vaso. Según recordaría el hijo de Jruschov, a muchos rusos aquello les olió a betún de zapatos, pero nadie lo olvidó. Seis años después, Kendall era el consejero delegado de Pepsi.
Cola a cambio de vodka
En 1972, Kendall consiguió lo que perseguía: el monopolio de los refrescos de cola en la Unión Soviética, con Coca-Cola fuera del mercado hasta 1985. El jarabe llegaba desde Estados Unidos y se embotellaba allí, y el New York Times lo describió como el primer producto capitalista a la venta en la URSS. Quedaba un pequeño detalle: cómo cobrar. El rublo no valía nada fuera del país y los soviéticos no estaban dispuestos a gastar divisas en un capricho como un refresco, así que se recurrió al trueque. Pepsi recibiría a cambio vodka Stolichnaya para venderlo en Estados Unidos.
1989: diecisiete submarinos y tres barcos de guerra
El negocio funcionó tan bien que, a finales de los ochenta, el vodka ya no bastaba para pagar tanta cola. En 1989 los soviéticos ofrecieron otra cosa que les sobraba: barcos de guerra. Pepsi se quedó con diecisiete submarinos, un crucero, una fragata y un destructor, todos viejos y fuera de servicio, que pasaron directamente a un astillero noruego para ser desguazados. La empresa hizo de intermediaria y cobró por la chatarra. Además compró petroleros soviéticos nuevos para alquilarlos o venderlos con una compañía noruega, y a cambio pudo planear más del doble de fábricas en el país. Fue entonces cuando Kendall le soltó a Scowcroft lo de desarmar a la Unión Soviética más deprisa que el gobierno.
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Aquel verano, por cierto, la Pepsi ya formaba parte del paisaje soviético hasta en las visitas oficiales. Cuando dos buques de la Marina estadounidense hicieron escala en Sebastopol, en agosto de 1989, las fotos del Departamento de Defensa muestran a mujeres del lugar brindando con Pepsi y perritos calientes junto a los marinos americanos.

Lo gordo llegó el 9 de abril de 1990, cuando los periódicos estadounidenses anunciaron un acuerdo de 3.000 millones de dólares entre Pepsi y la Unión Soviética, el mayor firmado nunca entre una empresa americana y Moscú: vodka y diez barcos soviéticos a cambio de cola, y de paso la llegada de Pizza Hut. No dio tiempo a mucho. En 1991 la Unión Soviética se desintegró y el negocio del siglo se convirtió en una carrera por salvar lo que se pudiera entre fronteras nuevas, inflación y privatizaciones.
¿La sexta flota del mundo?
La leyenda dice que, durante unos días, Pepsi tuvo la sexta armada más grande del planeta. El politólogo Paul Musgrave hizo la cuenta en Foreign Policy con el anuario Jane’s Fighting Ships de 1989-1990: un país con diecisiete submarinos habría empatado con la India en el séptimo puesto de las flotas de submarinos de ataque. Pero, en cualquier sentido real, la historia es falsa: aquellos barcos eran pequeños, viejos y no estaban en condiciones de navegar, y Pepsi fue más una intermediaria que una potencia marítima.
Hay quien va todavía más lejos. El blog especializado Naval Gazing no consiguió identificar ni uno solo de los barcos y rastreó la historia de los buques de guerra hasta un artículo de opinión del New York Times de mayo de 1989; su autor reconoce que no sabe si el trato llegó a hacerse. Lo que nadie discute es que Pepsi nunca tuvo un barco de guerra operativo. La guerra de las colas, por suerte, nunca pasó a mayores.
Vídeo: ¿tuvo Pepsi la sexta armada del mundo?
El canal de divulgación History Matters responde a la pregunta en un cortometraje animado de menos de tres minutos, en inglés.
Kendall, en cualquier caso, se salió con la suya: consiguió poner una Pepsi en la mano de Jruschov, venderla durante décadas en la Unión Soviética y dejar una frase para la posteridad. Que el mundo la haya convertido en una flota es ya cosa nuestra.
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Pepsi es vieja conocida de esta página. Aquí tienes el desastre del número 349 en Filipinas, que le valió un Ig Nobel de la Paz, y el cliente que le reclamó un caza Harrier por un anuncio. Y si te van los cruces improbables entre el bloque del Este y la cultura de masas, no te pierdas el Yu-Mex, los mariachis de la Yugoslavia de Tito.
Fuentes consultadas
Fuentes consultadas
- Atlas Obscura. (2018, 12 de enero). When the Soviet Union paid Pepsi in warships. Atlas Obscura. https://www.atlasobscura.com/articles/soviet-union-pepsi-ships
- Musgrave, P. (2021, 27 de noviembre). The doomed voyage of Pepsi’s Soviet navy. Foreign Policy. https://foreignpolicy.com/2021/11/27/pepsi-navy-soviet-ussr/
- Naval Gazing. (2019, 12 de julio). The Pepsi fleet? NavalGazing.net. https://www.navalgazing.net/The-Pepsi-Fleet
- IFLScience. (s. f.). Did Pepsi own a fleet of Soviet warships during the 1980s? IFLScience. https://www.iflscience.com/editors-blog/did-pepsi-own-a-fleet-of-soviet-warships-during-the-1980s/
- Wikipedia. (s. f.). Kitchen Debate. Wikipedia, The Free Encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Kitchen_Debate
- Wikipedia. (s. f.). Donald M. Kendall. Wikipedia, The Free Encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Donald_M._Kendall
- Wikipedia. (s. f.). American National Exhibition. Wikipedia, The Free Encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/American_National_Exhibition
- La Vanguardia. (2024, 17 de noviembre). Cuando Pepsi tuvo la sexta flota militar más grande del mundo. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/cribeo/cultura/20241117/10100550/pepsi-tuvo-sexta-flota-militar-mas-grande-mundo-mmn.html
- Xataka. (2020, 15 de octubre). Así se ingenió Pepsi para tener la sexta mayor flota naval del mundo. Xataka. https://www.xataka.com/otros/asi-se-ingenio-pepsi-para-tener-sexta-mayor-flota-naval-mundo-1
- El Español. (2019, 11 de marzo). El extraño intercambio de la URSS con Pepsi. El Español. https://www.elespanol.com/cultura/historia/20190311/extrano-intercambio-urss-pepsi-submarinos-refrescos/382462033_0.html
- Burke, K. (1989, 4 de agosto). Soviet women enjoy Pepsi and hot dogs with a sailor and the captain of the USS Thomas S. Gates [Fotografía]. Departamento de Defensa de EE. UU., vía Wikimedia Commons. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Soviet_women_enjoy_Pepsi_and_hot_dogs_with_a_sailor_and_the_captain_of_the_Aegis_guided_missile_cruiser_USS_THOMAS_S._GATES_(CG_51)._GATES_and_the_guided_missile_frigate_USS_KAUFFMA_-_DPLA_-_96aeefa955cfe90dedee65fabc63c2b9.jpeg

Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto.Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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