El 7 de enero de 1970 un chaval de apenas 18 años decidió que la mejor manera de inaugurar el año era secuestrar un avión de Iberia armado con una pistola de juguete.
Se llamaba Mariano Ventura Rodríguez y acabaría convertido en protagonista del primer secuestro aéreo ocurrido en territorio español.
El episodio, visto desde hoy, bordea lo esperpéntico: un estudiante de informática, cuatro whiskies, un Convair Metropolitan 440 de Iberia en plena ruta Madrid-Zaragoza y un plan que oscilaba entre la huida revolucionaria y un improvisado recorrido turístico por Marsella, Roma y Tirana.
Era la edad dorada de la llamada piratería aérea, un concepto que la prensa utilizaba con cierto exceso de glamour para referirse al creciente número de aviones desviados por motivos políticos, personales o meramente delirantes.
Piratería aérea, Guerra Fría y un país que miraba de perfil
A finales de los sesenta, los secuestros aéreos se habían convertido en una especie de subgénero periodístico. Hubo vuelos obligados a aterrizar en Cuba, otros que intentaban llegar a capitales del bloque socialista e incluso pasajeros que trataban de escapar de él por la vía aérea. La aviación civil, todavía joven y romántica, se transformó de pronto en escenario de desafíos ideológicos, escapadas desesperadas y mucha fantasía revolucionaria de bar.
España seguía bajo el paraguas del franquismo y observaba aquella tendencia como un fenómeno lejano, casi folclórico. Hasta que dejó de serlo. Aquella tarde de enero, el vuelo IB 032 despegó de Barajas a las ocho y cuarto rumbo a Zaragoza con 43 pasajeros y cuatro tripulantes.
Entre ellos, tan discreto que parecía invisible, iba un madrileño que había anunciado en casa que salía “al cine”.
Un estudiante, cuatro whiskies y una pistola de juguete
Mariano Ventura, de familia sin antecedentes de aventuras temerarias, era descrito por su padre como “un muchacho bueno, más de cabeza que de acción”. Sin embargo, ese día decidió dar un giro drástico a su biografía. Pasó por una juguetería madrileña y compró una pistola de plástico que imitaba a un arma calibre 22. Luego se tomó varios whiskies para templar los nervios antes de embarcar.
La fórmula ya se adivinaba desastrosa a la altura del suelo y resultó aún peor cuando el avión ya volaba.
Como complemento, guardaba un cuchillo de punta roma. No era un arsenal digno de un asalto, pero bastaba para imponer respeto en una cabina donde todavía no existían los controles estrictos de seguridad. Cuando la travesía ya llevaba un trecho avanzado, mientras una azafata avanzaba con dos vasos de agua, el joven se levantó, la encañonó con su pistola de plástico y exigió entrar en la cabina del comandante.
Con una solemnidad un tanto teatral, anunció: “Esto es un secuestro”.
“Quiero ir a Cuba… bueno, a Tirana… o quizá a Marsella”
Una vez dentro de la cabina y con la azafata como rehén, Mariano desgranó su peculiar plan de viaje. Lo primero, llegar a Cuba “sin rechistar”. El comandante, con una calma admirable, le explicó que aquel aparato no tenía autonomía para cruzar el Atlántico. El secuestrador, lejos de desanimarse, improvisó un nuevo destino: Albania. Concretamente Tirana, donde imaginaba pedir asilo político al régimen de Enver Hoxha.

La realidad técnica tampoco acompañaba aquella idea. El Convair no podía volar hasta allí sin escalas. Según contaron después los pasajeros, Mariano aceptó las escalas con sorprendente entusiasmo. Zaragoza, Marsella, Roma… Todo valía mientras sonara mínimamente exótico. Incluso llegó a proclamar que deberían agradecerle el privilegio de conocer “tan bellas ciudades”, como si los llevara de excursión.
Zaragoza a oscuras: la llamada “operación bloqueo”
A medida que el avión se aproximaba a Zaragoza, el comandante comunicó discretamente lo sucedido. Las autoridades, enfrentándose a algo inédito, optaron por un despliegue tan rudimentario como eficaz. La orden fue tajante: impedir que el avión volviera a despegar. Para ello apagaron las luces de la pista, rodearon el aparato con camiones y vehículos militares e incluso desinflaron dos neumáticos para asegurarse de que no se moviera ni un metro.

La temperatura dentro del avión subió tanto como la tensión. El aire acondicionado fue desconectado desde el exterior para dificultar cualquier intento de reinicio del vuelo. En medio del calor y la confusión, desde tierra comenzaron a negociar con Mariano mediante megafonía. El mensaje, muy propio de la época, alternaba advertencias suaves con amenazas directas: unos pocos años de cárcel si se rendía, un amanecer muy distinto si dañaba a alguien.

Finalmente, visiblemente mareado y oliendo a whisky, el joven se rindió. Bajó por la escalerilla y fue detenido sin que nadie resultara herido.
Consejo de guerra, condena y la factura del disparate
Lejos de interpretarse como una travesura, el caso se llevó ante un consejo de guerra. La pena: seis años y un día. En la práctica, Mariano cumplió tres, parte de ellos en Carabanchel. También tuvo que abonar una indemnización a Iberia de algo más de diecisiete mil pesetas, aunque la aerolínea cargó con un coste mucho mayor en forma de primas de seguro.

El episodio llamó la atención internacional. Al día siguiente, responsables de seguridad aérea destacaron que solo en los tres años previos se habían registrado más de un centenar de secuestros en el mundo. España inauguraba así su entrada en una estadística global que mezclaba tensiones políticas, ambiciones personales y no pocos arrebatos irracionales.

Desde entonces, el nombre de Mariano Ventura Rodríguez quedó fosilizado en una frase de manual: “primer secuestro aéreo en España”. Sin embargo, tras esa etiqueta aséptica late una imagen mucho más humana y absurda: un avión cercado en la oscuridad del aeropuerto de Zaragoza, camiones formando un cordón improvisado y un chaval desorientado que quiso jugar a revolucionario armado con una pistola de plástico y el coraje inestable que solo conceden unos cuantos whiskies de más.
Fuentes consultadas
- Amiguet, T. (2025, 6 enero). El primer secuestro aéreo ‘made in Spain’. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20250106/10256275/primer-secuestro-aereo-espana-mariano-ventura-rodriguez-iberia-made-in-spain.html
- Santamarina, M. Á. (2023, 7 enero). Primer secuestro aéreo en España. Zenda. https://www.zendalibros.com/primer-secuestro-aereo-en-espana/
- Montañés, É. (2011, 7 enero). El primer «pirata del aire» en España: «Quiero ir a Cuba, Tirana o Marsella. Esto es un secuestro». ABC. https://www.abc.es/espana/abci-primer-secuestro-aereo-201101070000_noticia.html
- Muñiz, F. (2025, 19 septiembre). El increíble Vuelo 514 Alrosa: de la catástrofe anunciada al milagro en la pista fantasma. El Café de la Historia. https://www.elcafedelahistoria.com/vuelo-514-alrosa/
- P. Z. (2018, 8 enero). El primer secuestro aéreo en España fue en Zaragoza y a punta de pistola de plástico. Heraldo de Aragón. https://www.heraldo.es/noticias/aragon/2018/01/08/un-secuestro-aereo-zaragoza-punta-pistola-plastico-1217864-300.html
- Tomico, M. (2020, 7 enero). Secuestro a punta de pistola de plástico. Newtral. https://www.newtral.es/secuestro-a-punta-de-pistola-de-plastico/20200107/
Escritor, profesor, traductor, divulgador, conferenciante, corrector, periodista, editor.






