El partido más largo de la historia del tenis
Hay historias que no se anuncian con fanfarria y aun así acaban convertidas en piezas de museo. En la modesta Pista 18 del All England Club, entre césped recién cepillado y espectadores que no imaginaban lo que se venía, John Isner y Nicolas Mahut disputaron un partido que parecía empeñado en desafiar cualquier manual de tenis. Lo que empezó como una anodina primera ronda terminó siendo una batalla de resistencia, paciencia y números insólitos que aún hoy se recitan casi con incredulidad.
Dos sacadores sin prisa y con ganas de complicar la tarde
Isner, estadounidense, entró en Wimbledon 2010 como cabeza de serie número 23, con su saque como principal argumento. Mahut, francés, llegó desde la previa, después de superar sus propias pruebas de fondo. Nadie en la grada intuía que iban a protagonizar una de esas historias que exigen detener el reloj. Pero el formato del torneo —sin desempate en el quinto set— invita, a veces, a exagerar. Y ambos aceptaron la invitación sin pestañear.

El marcador final, que podría pasar por una broma de mal gusto si no hubiera ocurrido, quedó en 6–4, 3–6, 6–7, 7–6 y un eterno 70–68. Once horas y cinco minutos de juego repartidos en tres días. Ciento ochenta y tres juegos. Más de doscientos aces entre los dos. Y un público que empezó viendo un partido normal y acabó asistiendo a un fenómeno estadístico difícil de descifrar sin calculadora.
Tres días, dos noches sin luz y un final a plena vista de la realeza
El primer día, aquel martes 22 de junio, el encuentro se desarrolló con la normalidad propia de un duelo largo pero no estrafalario. A las 21:07, con dos sets por bando, la luz dijo basta. Al día siguiente, retomaron el juego como quien reabre un capítulo pendiente. Y a eso de las cinco menos cuarto de la tarde, cuando andaban por el 32–32 en el quinto set, ya habían pulverizado el récord del partido más largo de la historia. Pero aún quedaba mucha hierba por pisar.
La segunda suspensión llegó, otra vez, por culpa del sol que se escondía. El marcador reflejaba 59–59 cuando los jueces decidieron que ya era suficiente por ese día. El jueves, con el ambiente cargado de expectación y la Reina de Inglaterra tomando asiento para ver cómo se resolvía la epopeya, Isner remató el partido a las 16:48. Luego vinieron los premios simbólicos, las fotos con el marcador —que ya era casi un personaje más— y esa mezcla de euforia y agotamiento que quedará para siempre en la memoria de Wimbledon.
Cuando el tenis se convierte en un ejercicio de repetición casi hipnótica
El secreto de semejante duración es menos misterioso de lo que parece: ninguno de los dos conseguía romper el saque del otro. El césped, la potencia de ambos y la ausencia de tie-break generaron un círculo vicioso que se repitió 168 veces de manera consecutiva. Una secuencia de saque, devolución y punto que rozaba la coreografía y que solo se rompió cuando los cuerpos empezaron a insinuar que quizá era el momento de dar el brazo a torcer.
A esa monotonía técnica se añadió el cansancio mental. Mantener la cabeza fría durante horas, calcular cada saque como si fuera el primero y repetir rutinas sin desfallecer es un esfuerzo que no se percibe desde la grada, pero que devora energía. Muchos deportistas describen ese estado como una especie de trance, y, visto lo visto, parece que los dos entraron en él sin darse cuenta.
Récords para aburrir: una lista que todavía impresiona
La lista de récords del encuentro es casi un catálogo completo de lo que puede romperse en un partido. El más largo. El set más largo. El mayor número de juegos disputados. La mayor suma de aces. El mayor número de puntos ganados por un solo jugador. Y, para añadir un toque irónico, Mahut ganó más puntos que Isner, pero perdió el partido. El tenis tiene esas paradojas: puedes dominar el tanteo global y aun así quedarte a un juego del triunfo.
Aquella exageración estadística no pasó desapercibida. Con el tiempo, los organizadores revisaron normas y comenzaron a aplicar tie-breaks en situaciones que antes dependían únicamente de la paciencia de los jugadores y su capacidad de sufrimiento. Una manera elegante de decir que el espectáculo está muy bien, pero que obligar a un tenista a jugar once horas quizá era pasarse.
Pista 18: la secundaria que se volvió protagonista
Dado que la Pista 18 no estaba pensada para semejante despliegue, el torneo tuvo que improvisar. Jueces de línea rotando en turnos casi militares, recogepelotas desfilando como si participaran en una coreografía estudiada y cámaras que, por fin, decidieron prestar atención a un partido que —en teoría— no iba a ser relevante.
La BBC lo terminó emitiendo en directo. La Reina acudió. Y el público pasó del bostezo a la devoción. Cada gesto, cada rutina, cada toquecito de raqueta era observado con una mezcla de fascinación y sudor frío. La historia se estaba escribiendo en una pista secundaria que, por tres días, se convirtió en el centro del universo tenístico.
El resacón posterior: cuando el cuerpo recuerda lo que ha sufrido
Isner pasó a segunda ronda, sí, pero su cuerpo dijo basta. Cayó en 74 minutos contra Thiemo de Bakker, sin un solo ace que llevarse a la estadística. Había pasado de la maratón a la carrera de 100 metros sin transición posible. Mahut también pagó el desgaste: su agenda de dobles quedó hecha añicos y su físico pidió tregua.
Ambos recibieron un homenaje del club por la gesta. Nada exagerado: una ceremonia sencilla, un par de palabras cálidas y la foto con el marcador que ya forma parte del imaginario colectivo. Ese pequeño panel electrónico se convirtió en la prueba visible de lo invisible: lo que cuesta sostener un partido que se niega a morir.
Tres detalles que hacen aún más pintoresco el relato del partido más largo de la historia del tenis
- Mahut llegó a Wimbledon tras ganar un partido de la previa que acabó 24–22. Ya venía entrenado para resistir absurdidades.
- El árbitro, Mohamed Lahyani, aguantó las tres jornadas sin perder los nervios ni un instante, casi tan heroico como los jugadores.
- Isner alcanzó velocidades de saque que rondaban los 230 km/h, razón suficiente para entender por qué quebrar su servicio era casi ciencia ficción.
Lo que cambió a partir de dos jugadores empeñados en no fallar
El Isner–Mahut no solo reventó estadísticas: también empujó a los torneos a reflexionar sobre sus reglas. Al final, la épica está muy bien cuando se queda en anécdota, pero no cuando pone en jaque la salud de los deportistas y el calendario completo de un torneo. Hoy, la mayoría de Grand Slams tienen mecanismos de desempate que evitan repetir un encuentro así —aunque siempre dejando una rendija para la emoción—.
Aquellos tres días mostraron los límites del cuerpo humano, pero también la necesidad de que el deporte cuide a quienes lo hacen posible. Y, por supuesto, dejaron una de las historias más extravagantes, divertidas y humanas que ha dado el tenis moderno.
Vídeo del partido más largo de la historia del tenis:
Fuentes consultadas
Wikipedia contributors. (2010). Partido Isner–Mahut de Wimbledon 2010. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Isner-Mahut_de_Wimbledon_2010
The All England Lawn Tennis Club. (2015, 24 de junio). The longest match in history. Wimbledon. https://www.wimbledon.com/en_gb/news/articles/2015-06-24/the_longest_match_in_history.html
El País. (2010, 23 de junio). El partido de nunca acabar. https://elpais.com/deportes/2010/06/23/actualidad/1277277732_850215.html
ESPN Deportes. (2020, 22 de junio). Todos los récords del Mahut-Isner de 2010. https://espndeportes.espn.com/tenis/nota/_/id/7049575/todos-los-records-del-mahut-isner-de-2010
AS. (2010, 25 de junio). Isner ganó tras 11 horas, 5 minutos y 183 juegos. https://as.com/tenis/2010/06/25/mas_tenis/1277492255_850215.html
International Tennis Federation. (2025). Grand Slam Rule Book 2025. https://www.itftennis.com/media/5986/grand-slam-rulebook-2025-f.pdf
Escritor, profesor, traductor, divulgador, conferenciante, corrector, periodista, editor.






