Un comienzo con un par de cordones y demasiadas preguntas
A veces, los objetos hablan más de lo que deberían. Unas zapatillas atadas por los cordones, lanzadas con puntería variable y terminando en lo alto de un cable, no necesitan permiso para convertirse en narradoras. Desde abajo, el viandante observa ese par suspendido como si fuera un pequeño oráculo barrial: despierta historias, sugiere mensajes y aviva rumores. Lo que en origen pudo ser una simple broma adolescente terminó evolucionando hacia algo más complejo, un pequeño tótem urbano que acepta todas las interpretaciones posibles. Con nombres anglosajones tan rotundos como shoe tossing, shoe throwing o shoefiti, este hábito presume de tener una biografía tan llena de matices como cualquier barrio en hora punta.
De los cuarteles a los barrios: pistas sobre un origen disperso
No faltan quienes afirman que la moda empezó entre soldados que celebraban el paso de la vida militar a la civil arrojando sus botas a los cables. Esa explicación —tan de película castrense que casi se oye de fondo un silbido épico— se repite en crónicas y artículos que buscan un origen fiable para el fenómeno. Otra teoría sitúa el inicio en ciertos rincones de Nueva York: allí, entre murales, raperos y bloques de ladrillo visto, surgió una mezcla de arte callejero, reivindicación identitaria y juego visual. Con el tiempo, alguien decidió bautizar la práctica con el híbrido shoefiti, un guiño lingüístico que la acerca a la tradición grafitera y subraya su dimensión estética.
Un catálogo de interpretaciones: entre la sospecha y la celebración
Las explicaciones sobre los zapatos colgantes forman un abanico amplio y a veces contradictorio. Abundan las teorías, y cada una tiene su propia legión de defensores:
Señal de territorio o pista de trapicheos
Es la lectura más sombría, la favorita de quienes buscan misterio en cada esquina. Según esta versión, unas zapatillas suspendidas podrían ser un aviso sobre venta de droga o dominio de una pandilla. Pero lo cierto es que la relación no está demostrada de forma consistente: hay barrios donde existe cierta correlación anecdótica y otros donde los pares colgados no significan absolutamente nada.
Homenaje a un fallecido
Otra interpretación, mucho más emotiva, sostiene que los zapatos pueden ser un pequeño altar callejero. En varias zonas de Latinoamérica, decir que alguien “colgó los tenis” se usa como eufemismo de muerte, así que dejar el calzado en un cable actúa como recordatorio, duelo o despedida comunitaria.
Rito de paso o celebración íntima
También existe el uso festivo: graduaciones, cambios vitales, mudanzas, primeras veces anunciadas con descaro o simplemente el gesto de jubilar unas deportivas destrozadas. En esta lectura, los zapatos colgantes son una especie de diario público en clave simbólica, la prueba de que las vidas se transforman.
Arte urbano en suspensión: el shoefiti
Para otros, se trata de creatividad a cielo abierto. Lanzar zapatillas con intención estética convierte el barrio en una especie de galería improvisada. Combinaciones cromáticas, acumulaciones intencionadas o juegos visuales han convertido a ciudades como Berlín en referentes del shoefiti. Allí se mira hacia arriba con la misma curiosidad con la que se inspeccionan murales o intervenciones de artistas callejeros.
Shoefiti: ¿expresión artística o simple gamberrada?
La frontera entre arte y travesura aquí es difusa. Muchos pares colgados responden a un impulso estético, casi poético; otros son producto de una tarde de aburrimiento. Por eso el shoefiti habita en ese territorio intermedio donde conviven intención artística, humor y espontaneidad. No faltan webs y archivos fotográficos que documentan estos pares como si formaran parte de una colección museística desordenada. Y es que, según la esquina y el humor del lanzador, un par de zapatillas puede ser tanto una obra efímera como una broma pesada.
Leyendas urbanas para todos los gustos
Este fenómeno ha alimentado una cantidad formidable de rumores. Hay quien sostiene que los zapatos anuncian una muerte reciente, quien cree que marcan rutas criminales y quien los ve como señales secretas para compradores de sustancias varias. Cada barrio ha ido adaptando su propia mitología, a veces contradictoria, pero siempre imaginativa. Lo curioso es que estas leyendas, verdaderas o no, acaban influyendo en la percepción del entorno: si se cree que un par de zapatillas indica peligro, la zona puede empezar a cargarse de suspicacia, y esa reputación termina afectando a la vida real del vecindario.
Cómo viajaron los zapatos colgantes por Iberoamérica y Europa
En países latinoamericanos, la práctica ha desarrollado matices propios. A veces conserva su carga simbólica asociada a la muerte, otras se adopta como moda juvenil o identidad de barrio. En España, el gesto se popularizó gracias a Internet y la circulación constante de fotos urbanas. Según crónicas recientes, cada ciudad ha reinterpretado el fenómeno a su manera: hay barrios donde se observa como ocurrencia estética y otros donde se mira con recelo. Y Berlín sigue destacando como ejemplo de ciudad que convirtió el shoefiti en parte del paisaje creativo.
Prácticas emparentadas: cuando lanzar zapatos es deporte
Aunque parezca mentira, el lanzamiento de calzado también tiene su vertiente rural y festiva. En ciertos pueblos se organizan competiciones para ver quién lanza una bota más lejos o más alto, actividades que sirven de entretenimiento y excusa para pasar un buen rato entre risas y bebidas. En lugares como Nueva Zelanda, estas pruebas incluso se han institucionalizado como deporte amateur. No se parecen demasiado a los usos urbanos simbólicos, pero comparten algo esencial: la diversión de ver volar un zapato sin un objetivo especialmente trascendente.
Cómo descifrar un par colgado: guía breve para curiosos
Interpretar unos zapatos colgados no es una ciencia exacta, pero observar algunos detalles ayuda a hacerse una idea:
- El contexto es clave. Una calle comercial no comunica lo mismo que un callejón conflictivo. El entorno cuenta la mitad de la historia.
- El estado del calzado. Unas zapatillas nuevas, lanzadas con gracia estética, invitan a pensar en shoefiti. Unas botas viejas podrían hablar de homenaje o simple abandono.
- Los patrones. Si hay muchos pares formando una composición, probablemente se trate de un gesto artístico, no de un aviso criminal.
- Lo que dice el barrio. Las explicaciones locales suelen ser las más ajustadas. El rumor vecinal, aunque variable, suele sumar información que en prensa no aparece.
- Evitar conclusiones teatrales. Atribuir automáticamente el calzado a una actividad delictiva puede generar alarma injustificada. Un poco de prudencia siempre ayuda.

El simbolismo que resiste: identidad, memoria y tránsito
Los zapatos colgantes tienen la capacidad de acumular significados muy distintos: despedida de un soldado que deja la milicia, homenaje improvisado, recuerdo de una etapa que acaba o simple foto instagramera. Esta versatilidad explica por qué la práctica se mantiene viva. En el fondo, la ciudad necesita símbolos flexibles para expresar sus transiciones, y el calzado —tan cotidiano y tan visible— funciona como un recordatorio de que todos cambiamos de caminos, de ritmos y, por supuesto, de suelas.
Lo que opinan las instituciones: entre prevención y pragmatismo
Desde el punto de vista de servicios públicos y ayuntamientos, los zapatos colgantes suelen verse como un estorbo o una señal de alerta. A veces se retiran por seguridad, para evitar daños en cables; otras, por cuestiones estéticas o de mantenimiento. La policía suele abordar la cuestión con cautela: un par suspendido no es prueba de delito. Para investigar, se fijan en hechos contrastables, no en objetos simbólicos. Por eso, lo sensato es no criminalizar un gesto sin base real.
Anécdotas que enriquecen el paseo urbano
— Varias webs recopilan fotografías de shoefiti, convirtiendo esta “exposición” aérea en un álbum global que cambia cada día.
— En algunos barrios, la expresión “colgar los tenis” tiene tanta fuerza metafórica que basta para evocar la ausencia de alguien.
— Las historias sobre soldados pintando y lanzando sus botas al dejar la vida militar continúan apareciendo en investigaciones culturales como parte del origen posible del fenómeno.
Entender el gesto para entender la ciudad
Interpretar un par de zapatillas colgando puede parecer un pasatiempo insignificante, pero influye en cómo se perciben las calles y cómo se cuentan sus historias. Arte, gamberrada, homenaje o aviso: cada lectura genera una reacción. Y comprender este pequeño enigma colgante ayuda, de algún modo, a leer mejor el ritmo, las tensiones y la creatividad que modelan la vida urbana.
Vídeo:
Fuentes consultadas
Wikipedia. (s. f.). Zapatos colgantes. https://es.wikipedia.org/wiki/Zapatos_colgantes
Cahn, L. (2024). Why Do People Toss Shoes Over Power Lines? Mental Floss. https://www.mentalfloss.com/culture/shoe-tossing-power-lines-meaning
Time Out Barcelona. (2021, 28 de diciembre). Los zapatos colgantes en cables: ¿significan que se vende droga? https://www.timeout.es/barcelona/es/noticias/los-zapatos-colgados-en-cablessignifican-que-se-vende-droga-mito-o-realidad-122821
20 Minutos. (2022, 23 de noviembre). Qué significan las zapatillas colgadas en los cables de la luz. https://www.20minutos.es/noticia/5079023/0/que-significan-zapatillas-colgadas-cables-luz/
Business Insider España. (2022, 14 de abril). ¿Cuál es el significado real de las zapatillas colgadas de los cables? https://www.businessinsider.es/archivo/significado-zapatillas-colgadas-cables-1034083
Heraldo de Aragón. (2010, 31 de marzo). La invasión de los zapatos voladores. https://www.heraldo.es/noticias/sociedad/la_invasion_los_zapatos_voladores.html
Escritor, profesor, traductor, divulgador, conferenciante, corrector, periodista, editor.






