Una invitación tentadora… pero con letra pequeña
En abril de 1912, la White Star Line tuvo el detalle de invitar a Guglielmo Marconi a subirse al flamante Titanic. El gesto sonaba a glamour marítimo de primera clase, pero el inventor, con su mezcla de pragmatismo y urgencias laborales, optó por el Lusitania. Necesitaba llegar antes a Nueva York, y la eficiencia —esa virtud que rara vez hace titulares— pesó más que la pompa del viaje inaugural.
Varios testimonios de la época y reconstrucciones modernas de listas de pasajeros confirman la oferta. Lo que no siempre se cuenta es que Marconi, más que dejarse seducir por alfombras rojas náuticas, buscaba barcos con condiciones idóneas para trabajar: taquígrafos, espacio para sus documentos y la promesa de un traslado cómodo para sus asuntos pendientes al otro lado del Atlántico.
El desenlace es conocido: él navegó en el Lusitania y no en el Titanic, y mientras el coloso blanco escribía su tragedia, la tecnología marconiana instalada en numerosos buques se convertía en herramienta clave para coordinar mensajes de socorro y rescate.
Un testigo sin asiento reservado: Marconi en la investigación del Titanic
Marconi no pisó la cubierta del Titanic, pero su nombre flotó alrededor del desastre desde el primer minuto. Las autoridades británicas lo llamaron a declarar para explicar, con esa precisión casi quirúrgica que se le atribuía, cómo funcionaba la telegrafía sin hilos en alta mar y hasta dónde podían llegar sus operadores.
Los telegrafistas del Titanic trabajaban para su empresa, de modo que cada pregunta durante la investigación tenía un eco directo en su reputación profesional. Al final, su invento fue señalado como una de las razones por las que se salvaron tantas vidas como se salvaron, y el curioso contraste entre la ausencia física del inventor y la presencia decisiva de su tecnología se convirtió en una especie de nota histórica recurrente.
El Lusitania: segunda tragedia, segundo “ausente”
Tres años después, en mayo de 1915, el drama se repitió con otro gran transatlántico: el RMS Lusitania cayó bajo el ataque de un submarino alemán y desapareció en menos de veinte minutos. De nuevo casi 1.200 vidas se perdieron en un episodio que conmocionó a medio mundo.
Y otra vez apareció el nombre de Marconi en la periferia del suceso. El inventor sí había viajado en el Lusitania unas semanas antes para resolver asuntos profesionales, pero no estaba a bordo el día del torpedeo. El detalle, que podría haber pasado desapercibido, alimentó titulares: parecía que Marconi tenía un extraño talento para desembarcar justo antes de que la tragedia hiciera acto de presencia.
No faltaron versiones extravagantes. Algunas afirmaban que había abandonado la nave a última hora para embarcar “de incógnito” en el St. Paul; otras simplemente apuntaban a que alteró su viaje por cuestiones de agenda. Lo cierto es que las pruebas sólidas sobre ese supuesto viaje encubierto son escasas, y la prudencia invita a no confundir la épica con los datos verificables.
Ni héroe del destino ni fugitivo del mar
La imagen de Marconi como un prodigioso esquivador de catástrofes ha dado para tertulias, cafés prolongados y alguna que otra especulación más novelesca que documentada. La realidad, mucho menos cinematográfica, pinta a un hombre atareado que viajaba por medio mundo ajustándose a demandas técnicas, compromisos judiciales y reuniones estratégicas.
Sus decisiones solían responder a la lógica del trabajo y no a presentimientos de tormenta. Eso no impide que su figura se haya asentado en un curioso equilibrio: lejos del drama físico, pero siempre en el punto neurálgico gracias a su invención, que en ambos naufragios resultó vital para pedir ayuda y organizar la respuesta.
Huellas curiosas de un mundo que empezaba a conectarse
- La estación de Cape Race, gestionada por operadores formados en la órbita marconiana, fue uno de los primeros puntos en recibir los mensajes urgentes del Titanic en la madrugada del 15 de abril de 1912. Una prueba de que, incluso en tiempos en los que el océano parecía infinito, ya existía una red global emergente.
- Algunos relatos antiguos sugieren que Marconi tenía predilección por barcos como el St. Paul, aunque los viajes bien documentados en esa nave pertenecen a finales del siglo XIX. La coincidencia de nombres, fechas y barcos ha generado confusiones que hoy se leen como pequeñas travesuras de la historiografía marítima.
Con datos más modestos y menos novela de lo que suele imaginarse, la historia apunta a un Marconi que evitó dos tragedias más por agenda que por milagro, mientras su telegrafía, silenciosa y metódica, se convertía en una pieza central para entender cómo la comunicación pasó a ser un salvavidas literal en alta mar.
Vídeo:
Fuentes consultadas
- RTVE. (2020). La radio del Titanic. RTVE Play. https://www.rtve.es/play/audios/espanoles-en-la-mar/espanoles-mar-radio-del-titanic-31-01-20/5500468/
- Fundación Titanic. (s.f.). Audioguía español. Fundación Titanic. https://fundaciontitanic.com/audioguia-espanol.html
- Agencia SINC. (2023). Marconi y la primera transmisión por radio. Agencia SINC. https://www.agenciasinc.es/Visual/Ilustraciones/Marconi-y-la-primera-transmision-por-radio
- Dávila, F. J. (s.f.). La radio del Titanic [PDF]. EA4RCH. https://archivo.ea4rch.com/archivo/00033/La_radio_del_Titanic-FcoJoseDavila-EA8EX.pdf
- Antón, J. (2015). ‘Lusitania’: el ‘Titanic’ torpedeado. El País. https://elpais.com/cultura/2015/04/04/actualidad/1428141723_569128.html
- Cienciaes. (2010). La Tierra comunicada. Guglielmo Marconi. https://cienciaes.com/biografias/2010/04/13/marconi/
Escritor, profesor, traductor, divulgador, conferenciante, corrector, periodista, editor.






