Anécdota de Vicente Blasco Ibáñez
Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) tenía mucha facilidad de palabra y sus conferencias y discursos eran recibidos con entusiasmo.
Su vida es rica en curiosidades y anécdotas, vamos con una de ellas….
Dio una serie de conferencias en tierras de América.
Después de una de ellas, le pareció ver, entre el público, un rostro conocido, pero que no había visto desde hacía mucho tiempo. Se le acercó, vio que, en efecto, era él y le gritó:
- ¡Hombre! ¿Pero no te maté?
A lo que su interlocutor le contestó:
- Pues parece que no, gracias a Dios.

Un corto diálogo que chocó a los pocos que lo oyeron. Y el caso es que Blasco Ibáñez había estado años atrás en la Patagonia, había tenido negocios allí y aquel hombre había trabajado a sus órdenes. Discutieron un día violentamente y el otro había sacado una pistola. Pero Blasco Ibáñez se le anticipó y disparó primero. Y lo había dejado, creyéndole muerto. Pero el otro se había recuperado, pasaron años y… allí estaba, dispuesto a estrechar la mano y dar un abrazo a su antiguo enemigo.
Fuente: Antología de Anécdotas: 3100 anécdotas de personajes extranjeros, de personajes españoles y anónimas. Noel Clarasó

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Fuentes consultadas
- Wikipedia. (s. f.). Vicente Blasco Ibáñez. https://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Blasco_Ib%C3%A1%C3%B1ez
- Fundación Blasco Ibáñez. (s. f.). Biografía — Vicente Blasco Ibáñez. https://www.fundacionblascoibanez.com/biografia
- Clarasó, N. (s. f.). Antología de anécdotas: 3100 anécdotas de personajes extranjeros, de personajes españoles y anónimas. https://www.amazon.com/-/es/Antologia-Anecdotas-anecdotas-personajes-extranjeros/dp/847002003X
- Real Academia de la Historia. (s. f.). Vicente Blasco Ibáñez — Diccionario biográfico. https://historia-hispanica.rah.es/biografias/6426-vicente-blasco-ibanez

Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto.
Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.






