La llamada esvástica del bosque fue, durante décadas, una de esas postales que nadie quiere enmarcar. Un símbolo nazi de unos sesenta metros por lado, compuesto no con piedra ni hormigón, sino con alerces cuidadosamente plantados en mitad de un pinar cercano a Zernikow, en Brandeburgo. Desde el suelo, aquello no pasaba de ser un bosque corriente y algo tedioso; desde el aire, durante un puñado concreto de semanas al año, emergía una cruz gamada amarilla que destacaba con descaro sobre el verde oscuro del resto de las coníferas. Una especie de propaganda botánica, un recordatorio de hasta qué punto el régimen hitleriano pretendió ocupar no solo mentes y espacios, sino incluso el propio paisaje.
Regalo, capricho forestal o vendetta de aldea
La fecha parece bastante firme: 1938. Ese año se plantaron más de cien alerces en una zona repoblada sobre todo con pinos, formando un diseño perfectamente reconocible. El motivo, en cambio, es un terreno mucho más resbaladizo, y sobre él circula una colección de versiones que podrían convivir en una novela coral.
Se dice que un empresario local, entusiasta del régimen, quiso tener un detalle de aniversario con Hitler y pensó que un símbolo gigantesco, visible desde el cielo, era un gesto más solemne que un ramo de flores. Otros relatos apuntan directamente al propietario del terreno, Hans von Wedel, o a su guardabosques, Walter Schmidt, quizá empeñados en caer en gracia al partido. También hay testimonios de vecinos que recuerdan haber plantado aquellos alerces siendo niños, cobrando unas monedas sin imaginar que estaban participando en una obra que sobreviviría al dictador, a la guerra y al régimen siguiente.
Otras hipótesis, menos grandilocuentes y más de pueblo pequeño, hablan de una revancha contra un terrateniente crítico con el nazismo o de una especie de gesto de obediencia tras la detención de un vecino por escuchar emisoras prohibidas. Incluso se mencionan agradecimientos al servicio de trabajo del Reich por la construcción de una carretera. El resultado, en cualquier caso, es una biografía inconclusa: como suele ocurrir con las grandes exhibiciones del poder, cuando el poder cae, nadie quiere llevarse el mérito.
El juego del color: un símbolo que solo despertaba dos veces al año
La clave de la figura residía en la especie elegida. Los alerces son unas coníferas que, por capricho evolutivo, se comportan como árboles de hoja caduca: verde vivo en verano, amarillo intenso en otoño, y un verde casi luminoso en primavera. En contraste, el resto del bosque, compuesto sobre todo por pinos, mantenía un verde oscuro constante. Esta diferencia creaba, durante unas semanas de otoño y otras tantas de primavera, un efecto visual muy nítido. La esvástica se dibujaba como si alguien hubiera extendido un foco amarillo sobre el entramado de copas.
A pie de tierra no se veía nada. El bosque era el típico mosaico de troncos rectos, ramas secas y alfombras de agujas. El símbolo dormía ahí dentro, invisible, esperando el ángulo adecuado. Su destinatario no eran los paseantes ni los vecinos, sino quienes sobrevolaran la zona. Era un mensaje vertical, casi arrogante, una declaración de permanencia que aspiraba a sobrevivir generaciones enteras.
El tiempo, sin embargo, se encargó de contradecir esa pretensión. Lo que sí logró el diseño fue pasar desapercibido durante décadas. En la Alemania de posguerra, y más aún en la RDA, los vuelos civiles eran escasos y el acceso a fotografías aéreas, muy limitado. Así, la esvástica quedó escondida a plena vista.
El símbolo que sobrevivió a Hitler, a la guerra y a la RDA
Tras 1945, el bosque quedó dentro del territorio de la República Democrática Alemana. El nuevo gobierno, que no estaba precisamente para celebraciones nazis, tampoco mostró interés en desmontar el símbolo. Quizá pesaban más las prioridades del momento, quizá la simple comodidad administrativa. El caso es que la esvástica siguió ahí década tras década, apareciendo de forma intermitente sin que nadie actuara.
Algunos relatos afirman que las autoridades comunistas conocían perfectamente su existencia, pero preferían no armar ruido. El símbolo no se veía desde carreteras ni desde puntos de paso habituales y, con el férreo control del espacio aéreo y la ausencia de vuelos privados, la figura era un secreto difícil de propagar. Solo los pocos encargados de tareas forestales o vuelos técnicos podían verla, y nadie pareció decidir qué hacer con ella. De ese silencio nació su leyenda: un secreto incómodo, pero tolerado.
1992: un becario curioso y una imagen que lo cambió todo
La situación dio un giro inesperado en 1992. Tras la reunificación, el nuevo gobierno federal puso en marcha una revisión aérea de tierras públicas. Las fotos terminaron en manos de estudiantes y técnicos forestales. Uno de ellos —siempre hay un becario en estas historias— se encontró con una imagen que le hizo fruncir el ceño. Allí, en mitad del pinar de la Kutzerower Heide, la esvástica brillaba con toda su nitidez estacional.
Lo que vino después fue una reacción en cadena. La prensa alemana recogió el hallazgo, seguida por medios internacionales. Equipos franceses viajaron a fotografiar el símbolo; las imágenes llegaron a un diario de gran tirada y el asunto escaló hasta provocar incomodidad diplomática. El presidente francés François Mitterrand instó al gobierno alemán a eliminar de una vez por todas aquel resto del pasado que, desde el aire, parecía revivir.
En cuestión de semanas, un bosque hasta entonces ignorado se convirtió en un asunto de reputación estatal.
Talas, papeleo y un rompecabezas legal: borrar un símbolo no es tan sencillo
La respuesta de Brandeburgo combinó prisas, cautela y una buena dosis de burocracia. La ley alemana prohíbe la exhibición de símbolos nazis, salvo en contextos pedagógicos o artísticos muy restringidos. A esto se sumaba un problema más terrenal: la propiedad del bosque estaba fragmentada entre terrenos públicos y privados, lo que complicaba cualquier decisión.
En 1995 se recurrió a un plan aparentemente eficaz: talar una parte de los alerces para desfigurar el diseño. Cayeron más de cuarenta árboles y, sobre el papel, el problema quedaría resuelto. Pero las fotos posteriores demostraron que la figura seguía intuyéndose con claridad. Bastaban unos pocos árboles colocados en posiciones estratégicas para que, desde el aire, la esvástica volviera a asomar, aunque fuese con bordes deshilachados.
Cinco años después, ante el temor de que la zona se transformara en lugar de peregrinación para simpatizantes neonazis, se aprobó una tala mucho más contundente. A finales del año 2000 se cortaron veinticinco alerces adicionales y se eliminaron los tocones para evitar cualquier rastro desde arriba. Fue una operación delicada, con protestas de algunos propietarios que alegaban pérdidas económicas y un debate sobre cuánto debía compensarse a quienes nada habían tenido que ver con el diseño original.
El suceso dejó una enseñanza incómoda: borrar una ideología cuando esta se ha incrustado en la naturaleza exige no solo motosierras, sino interminables discusiones.
Otros bosques marcados: una moda tan absurda como inquietante
El caso de Zernikow no fue un hecho aislado. Se han documentado otras plantaciones con símbolos nazis en diferentes regiones de Alemania durante los años treinta. Se habla incluso de una tendencia entre ciertos guardabosques afines al régimen, encantados con la idea de decorar colinas y laderas con figuras visibles desde el cielo.
En Hesse se descubrió una combinación de esvástica y la fecha 1933 formada con árboles de hoja caduca en medio de una ladera de abetos. Algunos de estos diseños salieron a la luz ya en los setenta gracias a vuelos estadounidenses y a la extensión de la fotografía aérea. Más lejos, en Kirguistán, existe otro bosque con forma de esvástica cuya autoría sigue siendo motivo de debate, entre teorías que señalan a prisioneros de guerra alemanes o a ingenieros soviéticos con un humor demasiado oscuro.
Todos estos casos comparten una idea inquietante: la naturaleza convertida en soporte ideológico y el paisaje empleado como herramienta de propaganda a largo plazo.
La esvástica, del símbolo ancestral al estigma paisajístico
La figura del bosque de Zernikow conecta con la historia más amplia de la esvástica, un símbolo antiquísimo utilizado en tradiciones religiosas y decorativas de medio mundo. El nazismo lo convirtió en emblema del horror y lo cargó de un significado que eclipsó sus usos anteriores. En el contexto alemán, cualquier representación del signo es motivo de escrutinio severo, aunque tenga un origen ajeno al régimen. Y, cuando el símbolo proviene directamente del aparato nazi, el margen de tolerancia se evapora.
Por eso la esvástica del bosque se percibe como una cicatriz: una marca impuesta al paisaje con vocación de eternidad. Un mensaje que pretendía sobrevivir a los hombres y que, sin embargo, ha terminado necesitando que los hombres intervengan para borrarlo.
Un bosque que fingió ser normal durante medio siglo
La historia de la esvástica del bosque no añade nuevas tragedias a la ya extensa lista del siglo XX, pero sí ilumina una dimensión menos evidente. Muestra cómo un régimen puede infiltrarse en lo cotidiano hasta el punto de colonizar incluso los árboles. Y recuerda, además, que ciertos símbolos no desaparecen por inercia. A veces obligan a revisar planos, convocar reuniones interminables, medir troncos y decidir quién paga la tala. Esa mezcla de memoria, vergüenza y trámite burocrático resume la huella incómoda que puede dejar un régimen incluso en lo que debería ser un simple paseo entre pinos.
Vídeo: “Mysterious Nazi Tree Found After 60 years!”
Fuentes consultadas
- Esvástica del bosque. (s. f.). Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Esv%C3%A1stica_del_bosque
- Esvástica del bosque. (s. f.). EcuRed. https://www.ecured.cu/Esv%C3%A1stica_del_bosque
- Gómez, M. J. (2023, 21 abril). La historia de la esvástica del bosque, el símbolo nazi que estuvo oculto por medio siglo. La Tercera. https://www.latercera.com/tendencias/noticia/la-historia-de-la-esvastica-del-bosque-el-simbolo-nazi-que-estuvo-oculto-por-medio-siglo/VXXFBY7DHNFM3GA4QXQDK2E274
- Muñiz, F. (2025, 9 noviembre). Las películas en 3D de los nazis: cuando el cine y la propaganda se pusieron gafas. El café de la Historia. https://www.elcafedelahistoria.com/peliculas-3d-nazis/
- Redacción. (2023, 20 abril). El misterio de la esvástica del bosque: la cruz nazi formada por 150 árboles y oculta medio siglo. Los Andes. https://www.losandes.com.ar/por-las-redes/el-misterio-de-la-esvastica-del-bosque-la-cruz-nazi-formada-por-150-arboles-y-oculta-medio-siglo
- Forest swastika. (s. f.). Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Forest_swastika
Escritor, profesor, traductor, divulgador, conferenciante, corrector, periodista, editor.
