En septiembre de 1898, en el bullicioso Electrical Exhibition del Madison Square Garden, apareció un ingenio que dejó al público entre boquiabierto y desconfiado: una pequeña barca metálica, de poco más de un metro, avanzando por el estanque sin que nadie la tocase. La escena tenía un tono casi de cuento científico: los espectadores gritaban órdenes —«¡a la derecha!», «¡quieta!»— y la barca, como si hubiera hecho un pacto con algún espíritu acuático, obedecía con sorprendente exactitud. Para muchos aquello tenía un aire de truco de feria; para Nikola Tesla, era la primera ocasión para mostrar al mundo una idea que llevaba tiempo preparando: dirigir máquinas a distancia mediante señales eléctricas.
Tecnología y espectáculo: lo que realmente había bajo el capó
No era magia mental ni trampa con operarios escondidos. Tesla había ideado un sistema que combinaba un emisor en tierra y un receptor dentro del barco, ambos ajustados con precisión. Con una antena transmisora, un conjunto de circuitos resonantes y varios dispositivos de conmutación, las señales eléctricas se transformaban en movimientos: giros del timón, arranque o parada de la hélice y maniobras varias. El oscilador del escenario enviaba impulsos de una frecuencia determinada y, a bordo, los relés se activaban obedeciendo fielmente. No era improvisación; estaba todo descrito en su patente “Method of and Apparatus for Controlling Mechanism of Moving Vessels or Vehicles” (US 613,809), donde detallaba cómo un vehículo podía responder a órdenes invisibles sin un solo cable de por medio. La supuesta «magia» era, en realidad, ingeniería pura envuelta en humo de espectáculo.
Ciencia con aroma a teatro: la respuesta del respetable
Tesla no se limitó a colocar una maqueta en un estanque y esperar aplausos. Levantó un espectáculo digno de un mago con bata de laboratorio. Luces vibrantes, música industrial y un murmullo creciente de curiosos formaban el marco perfecto para que la barca se convirtiera en protagonista de un prodigio técnico. Algunos asistentes, descolocados ante las órdenes lanzadas al aire sin cables visibles, bromeaban con la posibilidad de poderes mentales. Otros, más dados al cálculo práctico, visualizaron enseguida el uso militar: barcos sin tripulación navegando hacia zonas peligrosas. Tesla jugó con ello, dejando caer comentarios sobre aplicaciones civiles y bélicas con su habitual mezcla de ingenio y grandilocuencia.
El mito que conviene: por qué se dice que Tesla “seguía las órdenes del público en secreto”
La famosa teoría de que Tesla “ejecutaba en secreto las instrucciones de los asistentes” distorsiona lo que ocurrió en realidad. Sí, había técnicos en el montaje —como en cualquier demostración compleja—, encargados de que nada explotara ni se hundiera fuera de tiempo. Pero no existe prueba alguna de que las respuestas de la barca fuesen un teatro coordinado desde bambalinas. Las crónicas y análisis posteriores indican que el aparato respondió a señales electromagnéticas emitidas directamente por el inventor. La confusión nació del choque entre una actuación que rozaba lo teatral y un público que, en su mayoría, desconocía los principios de la radiofrecuencia. Y, cuando la ciencia suena a magia, el rumor se propaga sin pedir permiso.
Curiosidades y herencias compartidas
- A pesar de su tamaño modesto, aquel barquito fue un símbolo: uno de los primeros robots prácticos de la historia, precursor de drones, torpedos teledirigidos y de cualquier aparato que hoy responda a un mando remoto.
- La patente de Tesla, fechada en noviembre de 1898, utiliza expresiones como «mecanismos de control» y «ausencia de conexión física», un lenguaje que al público de la época le debía sonar tan futurista como un cuento marciano.
- El asunto no quedó solo en manos de Tesla. A inicios del siglo XX, figuras como Leonardo Torres Quevedo llevaron el concepto más lejos con su Telekino, demostrando sistemas similares en Europa y consolidando una auténtica genealogía de inventores que se empujaban unos a otros en una carrera por dominar la comunicación inalámbrica.
Anatomía de la ilusión: por qué el público vio más de lo que había
La fascinación colectiva tiene sus leyes. Cuando un inventor con fama de excéntrico aparece en un escenario y consigue que una máquina responda a órdenes sin cables aparentes, el público deja que pase por su cabeza cualquier hipótesis, por improbable que sea. Tesla sabía jugar con esa predisposición: su puesta en escena, entre científico visionario y mago de feria ilustrada, facilitaba que la historia fantástica —“control mental”, “energías ocultas”— circulase mejor que la explicación real, mucho más técnica y menos narrativa. La fábula, como siempre, encontró terreno fértil.
Un legado navegable: de aquel estanque a los drones actuales
El experimento de Tesla fue más que una curiosidad para entretener al público neoyorquino. Señaló, con una claridad casi profética, que las máquinas podían obedecer señales invisibles sin presencia humana directa. Lo que en 1898 parecía un pasatiempo tecnológico se convirtió, con el paso del siglo, en la base de los mandos a distancia, los vehículos autónomos y los drones que hoy sobrevuelan ciudades, campos y mares. Esa barca que avanzaba sola no hacía trucos: seguía el rastro de una idea que acabaría cambiando la manera de relacionarse con la tecnología.
Vídeo:
Fuentes consultadas
- El País. (2016, 11 de septiembre). El barco robot que soñó Nikola Tesla. El País. https://elpais.com/tecnologia/2016/08/19/actualidad/1471600506_126552.html
- Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación, UPM. (s.f.). Telekino. ETSIST-UPM. https://www.etsist.upm.es/estaticos/ingeniatic/index.php/tecnologias/item/624-telekino.html
- Exponav. (2021, 23 de noviembre). Buques autónomos: del Teleautomaton y el Telekino hasta los nuevos MASS. Exponav. https://exponav.org/blog/puertos-y-buques/buques-autonomos-del-teleautomaton-y-el-telekino-hasta-los-nuevos-mass/
- Generalitat Valenciana — Museu de les Ciències. (2016, 23 de marzo). Una réplica del Teleautomaton de Nikola Tesla se exhibe en la nueva exposición dedicada al científico. comunica.gva.es. https://comunica.gva.es/es/detalle?id=359938220&site=174860102
Escritor, profesor, traductor, divulgador, conferenciante, corrector, periodista, editor.






