En agosto de 1968, el Evening Standard de Londres presentó a sus lectores a Arfur, una chica de dieciséis años que se pasaba el día en los salones recreativos del Soho y ganaba a cualquiera al pinball. La había descubierto, o medio inventado, el periodista Nik Cohn. La chica existía y se llamaba Pamela Marchant; lo de huérfana de los barrios pobres de Montreal, no tanto. Por las mismas fechas, Pete Townshend escribía «Pinball Wizard» para que Cohn tratara bien a Tommy, la ópera rock de The Who. Las dos historias acabaron mezcladas, y nadie se ha molestado mucho en separarlas.
Pinball, pop y pantomima
Corría el otoño de 1974 y Tommy, la célebre ópera rock de The Who, estaba a punto de dar el salto de los vinilos a la gran pantalla bajo la batuta, excesiva y teatral, de Ken Russell. El álbum, lanzado en 1969, llevaba ya años circulando con notable éxito y cimentando su estatus de obra pionera en el rock conceptual, pero el cine no se conformaba con solos de guitarra heroicos ni con un protagonista sordomudo y ciego que parecía más una metáfora viviente que un ser de carne y hueso.

Cinco años después de su composición, Pinball Wizard, la canción que Pete Townshend había escrito en parte para seducir al crítico Nik Cohn —un apasionado del pinball—, terminó convirtiéndose también en el emblema de la adaptación cinematográfica.
Y con ella, el eco fantasmal de Arfur.

Arfur era una campeona adolescente de pinball que existía, o no, dependiendo de si uno preguntaba a Cohn, a Townshend o a algún redactor de Queen magazine. Como buena criatura del pop, lo mismo servía como musa literaria que como pretexto publicitario. Y como mandan los cánones del culto, tenía su historia trágica, su estilo rompedor y su código vital: «Vive limpio. Piensa limpio. Juega limpio».
De Montreal al Soho, pasando por el espejo
El relato oficial —o, al menos, aquel que se repitió con tanta insistencia que terminó adquiriendo forma de mito urbano— sitúa a Pamela Marchant, más conocida como Arfur, como una adolescente canadiense que, harta de la monotonía de su existencia convencional, decidió cruzar el Atlántico en busca de aventuras y autodescubrimiento en los bulliciosos y algo turbios salones recreativos del Soho londinense.
Aunque aquí conviene frenar la bola. La versión que se vendió a la prensa la presentaba como una huérfana criada en los barrios pobres de Montreal. La que acabó destapando la prensa canadiense era bastante menos novelesca: Pamela Marchant era hija de una familia acomodada de Westmount, el barrio rico de la ciudad. Menos Oliver Twist y más colegio de pago.
Allí se convirtió en una pequeña celebridad del underground, con su sombrero ladeado y una seguridad ante la máquina que, según contaba Cohn, dejaba en evidencia a jugadores mucho mayores que ella.

La leyenda de Arfur venía de lejos: ya en agosto de 1968 el Evening Standard londinense hablaba de ella; después llegaron las páginas de Queen y, con la promoción de la película, el Weekend Magazine del Windsor Star. Incluso Kit Lambert, mánager de The Who, llegó a grabar un disco con ella: The Story of Arfur Pinball Teenage Queen. Todas esas publicaciones mostraron a la joven no como un simple fenómeno mediático, sino como alguien que había elevado el pinball a la categoría de disciplina casi espiritual.
Al menos, así la vendía la prensa: no como una chica que jugaba bien al pinball, sino como una especie de iniciada con su propio código moral, algo que en 1968 vendía muchos periódicos.
El efecto Cohn: entre la inspiración y la manipulación
Nik Cohn sabía reconocer una buena historia, y la de Arfur la exprimió a fondo. Según su versión, la conoció en el Golden Goose, un salón recreativo donde la vio ganarle a un rocker malhablado sin inmutarse. De ahí salió Arfur: Teenage Pinball Queen, su novela de 1970, que todavía aparece de vez en cuando en las librerías de segunda mano y que mezcla rock, ácido lisérgico y literatura pulp a partes iguales.
Mientras Townshend daba forma a Tommy, Arfur empezaba a asomarse a la prensa juvenil británica, y los dos personajes crecieron en paralelo. Según la Wikipedia en inglés, cuando The Who le pusieron a Cohn un primer montaje del disco, a finales de 1968 o principios de 1969, al crítico no le entusiasmó. Townshend, que conocía su pasión por el pinball, decidió que su protagonista fuera un campeón de esas máquinas, y así nació «Pinball Wizard». La canción le quitó solemnidad a una ópera que, por momentos, se ponía muy trascendente.
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¿Tommy o Arfur? Dos caras de una misma moneda
Tommy acabó convertido en una figura casi mesiánica, con su redención a través del ruido. Arfur era más terrenal: estilo callejero y bastante irreverencia. La comparación se ha hecho muchas veces, y no sin motivo, porque los dos eran adolescentes que se salvaban gracias a una máquina de pinball. En la novela de Cohn, además, Arfur atraviesa espejos como Alicia y se cruza con Drácula, Kerouac y otros parroquianos del delirio lisérgico.
Para Cohn, el pinball era una religión menor, un culto de luces y timbres que separaba a los elegidos del resto. Para Pamela, o para Arfur, era una manera de hacerse un sitio en un Soho donde las chicas de dieciséis años no solían mandar en nada.
La última bola: qué fue de Arfur
A partir de mediados de los años setenta, Arfur desapareció prácticamente del radar, como buena estrella fugaz del pop. Según los rumores que aún circulan, volvió a Canadá, tuvo un papel secundario en una película underground de Montreal y acabó mudándose a Nueva York, donde —dicen— se casó con el mismísimo Nik Cohn. Si es cierto, el creador del mito terminó casado con su criatura, que es el remate más pop que cabe imaginar.
Quizá Arfur no fue nunca exactamente lo que contaban los periódicos. En el Londres de Cohn y Townshend daba un poco igual: bastaba una máquina de pinball, una chica con sombrero y un puñado de periodistas con ganas de creérselo. El resto lo hizo la leyenda.
De mitos pop fabricados a medida sabe mucho la historia de Orion, el Elvis que no quiso ser Elvis, y de rockeros inesperados, la de Christopher Lee, el barítono de las tinieblas que aprendió a rugir.
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Vídeo: el tráiler de Tommy (1975)
Para hacerse una idea del delirio visual de Ken Russell, este es el tráiler oficial de la película, en su versión restaurada para IMAX.
Fuentes consultadas
- Townshend, P. (2012). Who I Am. Londres: HarperCollins. https://www.harpercollins.com/products/who-i-am-pete-townshend
- Russell, K. (Director). (1975). Tommy [Película]. Robert Stigwood Organisation. https://www.imdb.com/title/tt0073822/
- Stanfield, P. (2023). Nik Cohn’s Arfur. https://www.peterstanfield.com/nik-cohns-arfur (peterstanfield.com)
- Havers, R. (s. f.). ‘Pinball Wizard’: The Magic Moment Behind The Who’s Tommy. uDiscover Music. https://www.udiscovermusic.com/stories/how-tommy-very-nearly-wasnt-a-wizard/
- Barnes, R. (2004). The Who: Maximum R&B. Londres: Pan Macmillan.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Tommy (The Who album).
- Wikipedia en español. (s. f.). Tommy (álbum).
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Tommy (1975 film).
- Wikipedia en español. (s. f.). Tommy (película).
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Pinball Wizard.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Nik Cohn.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Pete Townshend.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Ken Russell.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Kit Lambert.
- Wikipedia en español. (s. f.). The Who.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Pinball.

Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto.Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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