Germana de Foix se casó a los diecisiete años con Fernando el Católico, que tenía cincuenta y tres. Quedó viuda a los veintiocho y, al año siguiente, se convirtió en la amante del nieto de su marido, un chico de diecisiete años que pronto sería el emperador Carlos V. De aquella relación nació una niña a la que nadie reconoció oficialmente, salvo la propia Germana en su testamento. Después vinieron dos bodas más, ambas organizadas por Carlos, y el virreinato de Valencia.
¿Quién era Germana de Foix?
Germana nació hacia 1488, probablemente en Mazères, en el condado de Foix. Su padre, Juan de Foix, vizconde de Narbona, se titulaba rey de Navarra; su madre, María de Orleans, era hermana de Luis XII de Francia, y su abuela paterna, Leonor de Navarra, era hermana de Fernando el Católico. Es decir, que la novia era sobrina nieta del novio. Pedigrí, desde luego, no le faltaba.
La boda llegó en 1505, cuando se convirtió en la segunda esposa del ya talludito Fernando el Católico, viudo de Isabel. ¿Amor verdadero? Bueno, las crónicas dicen que la muchacha estaba de muy buen ver. ¿Razón de Estado? No lo duden ni por un momento.
Fernando el Católico y su apresurada viudez
Fernando guardó luto por la difunta Isabel de Castilla el tiempo justo, porque tardó algo menos de un año en volver a casarse, primero por poderes y luego de forma oficial y como Dios manda con Germana.
Tras la muerte de Isabel la Católica en 1504, Fernando quedó como un rey viudo, cansado, pero no jubilado. El trono de Castilla pasó a su hija Juana y a su yerno, el apuesto y flamenco —de Flandes, se entiende— Felipe el Hermoso.
Fernando no tardó en ver las orejas al lobo. Si no se ponía las pilas, su linaje y su trono aragonés se iba a ver fagocitado por el de los Habsburgo. Y por ahí sí que no, que Fernando no podía ni ver al galán de su yerno Felipe. Y ahí entró Germana. Casarse con una sobrina del rey de Francia servía para estrechar lazos con la potencia vecina, y —más importante aún— ofrecer la posibilidad de engendrar un heredero propio que ocupase el trono de Aragón.
Los Reyes Católicos suelen presentarse como los artífices de la unidad de España, pero si Germana le hubiera dado a Fernando un heredero que sobreviviera, Aragón habría seguido su propio camino, separado de Castilla. Es una parte del final de su reinado que los manuales suelen contar de pasada.
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La boda, el heredero que no llegó y la cantárida
Germana, de apenas 17 años, se casó con Fernando, de 53: por poderes en Blois el 19 de octubre de 1505 y en persona en Dueñas (Palencia) el 18 de marzo de 1506, con fiestas en Valladolid. La diferencia de edad no escandalizaba tanto entonces como ahora, pero sí planteaba dudas logísticas. Fernando, sin embargo, se tomó muy en serio sus deberes maritales. Tan en serio que llegó a recurrir a una poción afrodisíaca (una especie de Viagra del siglo XVI, a base de sustancias como la cantárida o “mosca española”) que, según la tradición, no le sentó precisamente bien y acabó agravando su ya delicado estado de salud.

De aquella unión nació un único hijo, Juan, el 3 de mayo de 1509 en Valladolid, que murió a las pocas horas. Sin heredero y con Fernando cada vez más enfermo, la estrategia dinástica se vino abajo. Germana, entretanto, no se quedó mirando: hizo de lugarteniente de su marido en Valencia y en 1512 presidió en su nombre las Cortes de Aragón en Monzón.
Llega el nieto
Antes de morir, Fernando dejó un encargo por escrito. En su última carta a su nieto le pidió que no abandonara a su viuda, «pues no le queda, después de Dios, otro remedio sino sólo vos». Carlos se lo tomó al pie de la letra. Demasiado al pie de la letra.
Tras la muerte de Fernando en 1516, su nieto Carlos —hijo de Juana y Felipe el Hermoso— aterrizó al año siguiente en la Península con un acento francoalemán que hacía rechinar los dientes a los cortesanos castellanos. Llegó en 1517, con 17 años, unas ideas imperiales muy claras y un interés, digamos, curioso en su abuelastra Germana. Le concedió las villas de Olmedo y Madrigal y, después, Arévalo.
Sí, su abuelastra. Porque Germana, viuda de su abuelo, quedaba en una posición… ambigua. ¿Suegra y tía postiza? ¿Reina viuda a la que ignorar respetuosamente? Carlos optó por una imaginativa tercera vía: convertirla en su amante.
El hecho de que fuera su abuela, lógicamente, es una anécdota, porque no lo era de sangre. Germana de Foix era una viuda muy mona de veintinueve años cuando acudió a recibir al nieto de su difunto marido para hacerle más agradables sus primeros días en su nuevo reino. Y vaya si se los hizo.
La relación entre Carlos V y Germana de Foix, aunque oficialmente discreta, fue un secreto a voces. Tan a voces que, en 1519, con Carlos a punto de ser elegido emperador, hubo que ponerle remedio: se decidió casar a Germana con Juan de Brandeburgo-Ansbach, un noble alemán del séquito del propio Carlos. Juan era primo de Joaquín I de Brandeburgo, uno de los príncipes electores, y Carlos necesitaba su voto para ser emperador. Asunto zanjado, imagen lavada.
Poco después, Carlos nombró a Germana virreina de Valencia y a su marido, capitán general del reino. Cuando Juan murió, el emperador le buscó un tercer esposo, Fernando de Aragón, duque de Calabria —otro Fernando de Aragón en la ecuación, para terminar de despistar al personal—, y desde 1526 ambos gobernaron Valencia como virreyes. Carlos, se ve, le tenía cierto cariño… de ese que no se escribe en las cartas familiares.
La «infanta» que nadie reconoció
Del romance entre Carlos y Germana nació, hacia 1518, una niña llamada Isabel (de Castilla, para añadir más lío a la historia). Sí: hija de su amante, exreina de Aragón, abuelastra política y doce años mayor que él.
Carlos nunca la reconoció oficialmente. La prueba de su existencia está en otro sitio: en el testamento de Germana, que dejó «aquel hilo de perlas gruesas de nuestra persona, que es el mejor que tenemos», con 133 perlas, a «doña Ysabel, Ynfanta de Castilla, hija de la Majestad del Emperador, mi señor e hijo». Infanta, un título que no le correspondía. Y «mi señor e hijo» para referirse a Carlos, que ya es rizar el rizo del parentesco.
El misterio de Isabel
¿Y qué fue de la niña? Según Manuel Fernández Álvarez, el gran biógrafo de Carlos V, Isabel se crio en la corte de Castilla. Cuatro días después de la muerte de Germana, el duque de Calabria le escribió a la emperatriz para mandarle una copia del testamento y preguntarle qué hacer con las perlas, señal de que la niña estaba a su cargo. Después se le pierde la pista, que es lo que cabía esperar de una infanta que, oficialmente, nunca existió.
Virreina de Valencia hasta el final
Germana murió en Llíria el 15 de octubre de 1536, siendo todavía virreina de Valencia. Le había tocado reprimir a los últimos agermanados, los rebeldes de la revuelta de las Germanías, y lo hizo sin contemplaciones: persecución feroz y confiscación de bienes. En su testamento lo dejó todo a los jerónimos, y su viudo, el duque de Calabria, mandó levantar para cumplirlo el monasterio de San Miguel de los Reyes, en Valencia, donde está enterrada.

Germana de Foix, en vídeo
El canal Una efeméride con Historia le dedica este vídeo a Germana, «el primer gran amor de Carlos V».
Hay biografías que no caben en un árbol genealógico, y la de Germana de Foix, que acabó siendo a la vez abuela política y amante del emperador, es una de ellas.
En secretos de alcoba, los Borbones tampoco se quedaron cortos, como recuerda el álbum de caricaturas Los Borbones en pelota. La Valencia que gobernó Germana tenía instituciones aún más veteranas que ella, como el Tribunal de las Aguas, que según la tradición lleva desde tiempos del califato resolviendo los pleitos de los regantes. Siglos después, otra española se casaría con un rey extranjero entre regalos de Estado: Fabiola de Mora y Aragón, que en 1960 recibió de Carmen Polo una tiara con una historia de lo más turbia. Y de mujeres que se salieron del guion de su época sabe mucho la historia de la Monja Alférez, que fue monja, soldado y leyenda. Tres siglos después, la intimidad de un rey volvió a ser asunto de Estado con Fernando VII y su célebre almohadilla.
Lee también: Los eructos de Luisa Isabel de Orleans: la princesa que dejó sin palabras al duque de Saint-Simon y La monja negra de Moret: ¿la hija secreta de una reina?
Fuentes consultadas
- Real Academia de la Historia. (s. f.). Germana de Foix. Diccionario Biográfico electrónico. https://historia-hispanica.rah.es/biografias/19028-germana-de-foix
- RTVE. (2015, noviembre 2). Germana de Foix, la reina que enviudó dos veces por culpa del sexo. https://www.rtve.es/play/noticias/20151102/germana-foix-reina-enviudo-dos-veces-por-culpa-del-sexo/1244960.shtml
- Valero de Bernabé, L. (s. f.). Carlos V y Germana de Foix. Academia.edu. https://www.academia.edu/27174818/Carlos_V_y_Germana_de_Foix
- Red de Cooperación de las Rutas del Emperador Carlos V. (2026, marzo 18). La enigmática Isabel de Castilla. https://redderutascarlosv.wordpress.com/2026/03/18/la-enigmatica-isabel-de-castilla/
- Salvador y Montserrat, V. (1888). Noticias y documentos relativos a Doña Germana de Foix, última reina de Aragón de la casa de Cataluña. Biblioteca Valenciana Digital. https://bivaldi.gva.es/es/consulta/registro.do?id=5305
- Wikipedia en español. (s. f.). Germana de Foix.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Germaine of Foix.
- Wikipedia en español. (s. f.). Fernando el Católico.
- Wikipedia en español. (s. f.). Revuelta de las Germanías.
- Wikipedia en español. (s. f.). Juan de Brandeburgo-Ansbach.
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