La justicia estadounidense, ese ecosistema trufado de momentos que rozan lo surrealista como ya hemos tratado profusamente en este blog, siempre nos reserva alguna sorpresa oculta como la que traemos hoy. Y es que es difícil competir con el juicio de 1980 en el que un señor vestido de Winnie the Pooh fue acusado de agredir a una niña en Disneylandia.
Lo que sigue no es un capítulo de Los Simpson ni una comedia judicial ochentera. Es América en estado puro.
Un oso en problemas
El protagonista de esta tierna y desconcertante epopeya fue Robert Hill, un actor que interpretaba al entrañable Winnie the Pooh en el parque Disneyland de California. Hill era uno de esos empleados que, enfundados en disfraces de veinticinco kilos y bajo temperaturas que harían sudar a un cactus, debían repartir abrazos, sonrisas (invisibles) y hacer reverencias como si cada niño fuese la reencarnación de Walt Disney.
Hill fue acusado de nada menos que agredir a una niña mientras estaba «on duty«, es decir, embutido en su disfraz y supuestamente haciendo lo que mejor sabe hacer un oso con camiseta roja: mover la barriga con alegría y regalar caricias con el hocico. La versión del actor —contada por terceros, ya que él se abstuvo de usar la voz humana durante el proceso— sostenía que todo había sido un accidente. Nada de ataques ni malas intenciones. Un roce, un giro mal calculado del hocico acolchado, un momento desafortunado que acabó en demanda.
Disney y sus reglas: más rígidas que los muñecos
Para entender el enredo, hay que abrir una ventanita al delirante universo de reglas internas de Disney. Los actores que interpretan a los personajes no solo deben mantener la compostura: deben ser el personaje. No pueden hablar como humanos, ni quitarse la cabeza (del disfraz, se entiende), ni abandonar el rol, ni siquiera ante situaciones límite. Un resbalón, una insolación, un niño psicótico mordiendo el traje… da igual. Winnie sigue siendo Winnie. Siempre.

Así, en una muestra de coherencia extrema —o de burla judicial refinada— Hill decidió que si iba a defender su inocencia, lo haría sin romper el personaje. Compareció ante el tribunal disfrazado de Winnie the Pooh. Con todo el traje. Incluido el hocico.
Tras jurar solemnemente (un juramento no verbal, se sobreentiende), se giró hacia el taquígrafo del tribunal y le dio una caricia con el hocico. Como si estuviese en Fantasyland en horario laboral. Y durante todo el juicio, se comunicó exclusivamente con pisotones, gestos de cabeza y movimientos circulares de barriga. Una pantomima legal que dejaba a los presentes con la difícil disyuntiva entre risa y desconcierto.
La sentencia: veintiún minutos de deliberación y una absolución
El jurado, compuesto por personas que muy probablemente jamás volverían a mirar igual a un oso de peluche, tardó apenas veintiún minutos en alcanzar un veredicto. Inocente. Ni agresión, ni malas artes, ni premeditación peluchil. Sólo un desafortunado accidente con hocico y una demanda que acabó cayéndose por su propio peso.

Cabe preguntarse cómo influyó la puesta en escena en la decisión del jurado. ¿Fue la ternura del personaje? ¿La guasa teatral de ver a un acusado mudo, moviéndose como si estuviera en un desfile infantil? ¿O simplemente la falta de pruebas sólidas?
Sea como fuere, Hill salió absuelto y Disney quizá se replanteó algunas de sus políticas internas… aunque no mucho.
Detalles del juicio que el tiempo no ha logrado despojar de su comicidad.
Uno de los abogados presentes describió el juicio como «el único proceso en el que he tenido que dirigirme al acusado diciendo ‘Señor Pooh…’ sin echarme a reír«. Algunos miembros del jurado aseguraron más tarde que hubo momentos en los que no sabían si estaban en una corte de justicia o en una versión experimental del Club Disney. El juez, por su parte, soportó la situación con estoica dignidad, aunque su expresión durante el testimonio gestual del oso denotaba cierto deseo de teletransportarse a otro plano de la existencia.
La prensa, por supuesto, se dio un festín. Los titulares hablaron de “el juicio más adorable del año” y “Winnie the Pooh en busca del juicio justo”. No faltaron quienes sugirieron que la defensa de Hill debería haber sido nominada a un Emmy.
Y es que en Estados Unidos, donde la justicia convive sin rubor con el espectáculo, incluso un juicio puede transformarse en una función con aroma a estreno, focos imaginarios y público conteniendo la respiración. Como en Broadway, pero con toga en lugar de telón y veredicto como aplauso final.
Fuentes:
- A California jury has pooh-poohed the plastic paw theory and acquitted Disneyland’s Winnie the Pooh of charges against him. (1980, 17 de abril). The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/archive/style/1980/04/18/74fb9e0c-a073-49b5-85ff-7e59879de3cc/
- Dowd, K. (2023, 2 de enero). They said a Disneyland actor hit their kid, so Pooh went to court. SFGATE. https://www.sfgate.com/disneyland/article/disneyland-winnie-the-pooh-case-17683471.php
- Koenig, D. (2022, 4 de septiembre). David Koenig: The Day the Pooh Hit the Stand. MiceChat. https://www.micechat.com/331625-disneyland-winnie-the-pooh-lawsuit/
- Snopes. (1996, 11 de agosto). Have Disney Character Actors Molested Park Guests? Snopes. https://www.snopes.com/fact-check/the-three-little-molesters/
Escritor, profesor, traductor, divulgador, conferenciante, corrector, periodista, editor.






