El abrazo no nació al calor de una campaña ni apareció en el calendario por obra de ningún despacho creativo. Es mucho más viejo que las efemérides, anterior a la escritura y ajeno a cualquier intento de explicación racional. Dos personas se rodean con los brazos desde antes de saber por qué lo hacen. Sin embargo, el Día Internacional del Abrazo sí tiene acta de nacimiento: se celebra cada 21 de enero y comenzó a observarse en Estados Unidos en 1986, por iniciativa de Kevin Zaborney, un pastor convencido de que su sociedad hablaba mucho de sentimientos, pero los demostraba poco en público.
La propuesta no buscaba teorías profundas ni discursos solemnes. Su intención era directa y, precisamente por eso, algo incómoda: convertir el abrazo en un gesto cotidiano, visible y socialmente aceptado. Un acto físico breve, sin liturgia ni ceremonia, capaz de decir en segundos lo que a veces cuesta articular con palabras.
Kevin Zaborney y la educación sentimental
Zaborney eligió el 21 de enero con cierta astucia práctica. Las Navidades ya quedaban lejos, el optimismo del año nuevo empezaba a desinflarse y el invierno, al menos en el hemisferio norte, invitaba más al recogimiento que a la euforia. En ese punto exacto del calendario, un abrazo podía funcionar como pequeño salvavidas emocional frente a la desgana invernal.
Nunca pensó que su idea acabaría convertida en una celebración internacional, aunque el nombre terminó viajando más de lo previsto. Su objetivo era provocar una reflexión amable sobre la incomodidad cultural ante el contacto físico. En Estados Unidos, donde el espacio personal se defiende con una seriedad casi contractual, el abrazo público podía resultar extraño, innecesario o directamente sospechoso. Ahí estaba, precisamente, el atractivo de la propuesta.
De iniciativa modesta a cita global
Con el paso del tiempo, el Día Internacional del Abrazo fue cruzando fronteras y adaptándose a contextos culturales muy distintos. En países donde el contacto físico forma parte de la vida diaria, la fecha se asumió con naturalidad, casi sin darle demasiada importancia. En otros, sirvió como excusa perfecta para relajar ciertas rigideces sociales sin tener que explicarlas demasiado.
Las redes sociales terminaron de empujar la celebración. El abrazo es un gesto fotogénico, fácil de reconocer y sencillo de compartir. No necesita traducción ni aclaraciones. Dos personas abrazándose cuentan una historia completa en una sola imagen. Así, lo que empezó como una ocurrencia bienintencionada acabó asentándose en el calendario internacional con una rapidez llamativa y una ausencia casi total de polémica.
El abrazo como forma de decir sin hablar
Desde el punto de vista comunicativo, el abrazo pertenece a esa familia de gestos que dicen mucho sin pronunciar una sola palabra. Es una forma de comunicación no verbal que transmite apoyo, consuelo, celebración o simple cercanía. Su ambigüedad es parte de su eficacia: el mismo gesto puede significar cosas muy distintas según el momento, la duración o la relación entre quienes se abrazan.
No todos los abrazos son iguales ni sirven para lo mismo. Está el abrazo breve y algo rígido de compromiso, y el abrazo largo que ignora cualquier noción del tiempo. Existe el abrazo torpe del reencuentro inesperado y el abrazo silencioso que sustituye a una frase imposible de decir. El Día Internacional del Abrazo no establece categorías ni jerarquías: los admite todos sin distinción.
Ciencia, piel y sentido común
La divulgación científica ha relacionado el abrazo con la liberación de oxitocina, una hormona vinculada al apego y la confianza. Sin recurrir a cifras ni promesas grandilocuentes, la idea es sencilla: el contacto físico puede generar sensaciones de bienestar y ayudar a reducir la percepción de estrés en determinadas circunstancias.
Conviene, aun así, mantener los pies en el suelo. El abrazo no es una solución universal ni un remedio inmediato contra la ansiedad contemporánea. Funciona cuando es deseado, consentido y adecuado al contexto. Forzarlo, convertirlo en obligación social o en gesto impostado puede producir justo el efecto contrario al que se pretende.
El consentimiento también se abraza
Uno de los debates más interesantes en torno a esta celebración tiene que ver con el consentimiento. No todo el mundo disfruta del contacto físico, ni todas las culturas lo interpretan de la misma manera. Con el paso de los años, el Día Internacional del Abrazo ha ido incorporando una idea clave: abrazar está bien, pero preguntar antes también.
Este matiz ha enriquecido la celebración, alejándola del entusiasmo ingenuo y acercándola a una comprensión más adulta del gesto. El abrazo se convierte así en una decisión compartida, no en una imposición bienintencionada que incomoda más de lo que reconforta.
Entre lo íntimo y lo público
Hay una diferencia clara entre el abrazo íntimo y el abrazo público. El primero pertenece al terreno de lo personal; el segundo tiene una dimensión casi simbólica. Abrazarse en público desafía normas implícitas sobre el espacio, el decoro y la distancia social. Por eso, esta jornada tiene algo de gesto cívico, incluso de pequeña provocación educada.
No es casual que muchas de las iniciativas asociadas a la fecha se desarrollen en espacios abiertos: plazas, universidades, centros comunitarios. El abrazo sale de casa, se muestra y se normaliza, sin necesidad de pancartas ni consignas.
Anécdotas y curiosidades de una fecha peculiar
Con los años han surgido variantes locales de la celebración. En algunas ciudades se organizan jornadas de “abrazos gratis”, donde voluntarios ofrecen el gesto a desconocidos. En otras, la fecha se integra en campañas de convivencia escolar o bienestar emocional. Tampoco han faltado las reacciones escépticas, las ironías y los chistes sobre la invasión del espacio personal.
Esa mezcla de entusiasmo y reserva forma parte del encanto del día. El abrazo no se impone: se ofrece. Y quien lo acepta lo hace suspendiendo, aunque sea por unos segundos, las normas habituales de distancia y prudencia.
Un recordatorio sin grandes pretensiones
Más allá de la fecha concreta, el Día Internacional del Abrazo actúa como recordatorio anual de algo que suele darse por hecho: el contacto humano importa. No como consigna, sino como experiencia tangible. Un gesto breve que no requiere aprendizaje ni infraestructura, pero sí atención al otro.
En un calendario saturado de conmemoraciones, esta destaca por su modestia. No invita al consumo, no exige compromisos a largo plazo ni promete cambios estructurales. Se limita a señalar que, a veces, un abrazo dice lo que no cabe en una frase bien escrita.
Vídeo: “Día Internacional del Abrazo | Tertulia”
Fuentes consultadas
- de la Fuente, S. (2025, 21 de enero). ¿Por qué el 21 de enero es el Día Internacional del Abrazo? Antena 3 Noticias. https://www.antena3.com/noticias/sociedad/que-21-enero-dia-internacional-abrazo_20250121678f6307691a460001e59b78.html
- National Hugging Day, LLC. (s. f.). National Hugging Day™ – January 21. https://nationalhuggingday.com/
- Murphy, M. L. M., Janicki-Deverts, D., & Cohen, S. (2018). Receiving a hug is associated with the attenuation of negative mood that occurs on days with interpersonal conflict. PLOS ONE, 13(10), e0203522. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0203522
- Muñiz, F. (2025, 25 de noviembre). El caso Gouffé y el «coup du père François»: anatomía de un crimen y de una estafa con abrazo mortal. El café de la Historia. https://www.elcafedelahistoria.com/coup-du-pere-francois-robo-elegante-historia/
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- Light, K. C., Grewen, K. M., & Amico, J. A. (2005). More frequent partner hugs and higher oxytocin levels are linked to lower blood pressure and heart rate in premenopausal women. Biological Psychology, 69(1), 5–21. https://doi.org/10.1016/j.biopsycho.2004.11.002
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