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El día en que un hospital de Las Vegas abrió su propio casino de la muerte

Corría el año 1980, una década recién estrenada en la que el mundo parecía un experimento sociológico a medio gas: los pantalones eran ajustados pero no tanto, los peinados apuntaban a la estratosfera sin despegar del todo y la ética laboral… digamos que atravesaba momentos discutibles en ciertas esquinas del planeta. En una de esas esquinas, brillante por el neón y sombría por lo humano, se alzaba el Sunrise Hospital de Las Vegas, escenario de la inquietante historia que viene a continuación.

En aquel supuesto santuario de la salud, una enfermera decidió combatir la monotonía del turno nocturno con una idea que jamás debió abandonar el terreno de lo impensable. El resultado no fue un bingo improvisado ni una discreta partida de cartas, sino algo mucho más audaz y macabro: un casino de la muerte. Literal.

La génesis del disparate

Según los testimonios posteriores y la investigación abierta tras el escándalo, todo comenzó como una “broma”. Una enfermera, atrapada en la rutina del turno de noche y aburrida como gato sin ventana, propuso a sus compañeras un juego: adivinar la hora exacta en la que un paciente terminal fallecería. Un pasatiempo inofensivo, justificaron algunas, como si ponerle hora a la muerte ajena fuera equiparable a acertar el resultado de un partido.

Como suele ocurrir con las ideas más cuestionables, el contagio fue rápido. No tardaron en sumarse al despropósito enfermeros, técnicos, celadores e incluso —agárrense las batas— médicos. Lo que empezó como una ocurrencia de descanso entre turno y turno terminó convirtiéndose en algo más estructurado, casi tan organizado como una casa de apuestas del Soho londinense, pero con un objeto de juego infinitamente más siniestro.

Funcionamiento del casino: la casa nunca pierde, el paciente sí

El modus operandi era simple y perturbador. Se elegía a un paciente con pronóstico reservado —eufemismo clínico para “está a dos telediarios de hacer el petate”— y se abría la veda. Cada participante anotaba en un papel la hora estimada del fallecimiento y depositaba su apuesta. Las cantidades iniciales eran modestas, apenas unos dólares, quizá porque incluso en el cinismo hay fases de calentamiento. Sin embargo, el juego se fue animando y las apuestas alcanzaron varios cientos de dólares por ronda.

Angel of Death

No faltaban quienes presumían de poseer un “sexto sentido clínico”, como si la experiencia médica pudiera traducirse en un algoritmo predictivo de la muerte. Otros alardeaban de conocer los efectos secundarios de ciertos tratamientos mejor que la propia farmacéutica, y había quien aseguraba tener “buen ojo para los que no pasan de la medianoche”. En conjunto, el panorama combinaba profecía médica, cinismo profesional y un humor más negro que una resonancia sin contraste.

El ambiente: entre el morbo y el hospital de los horrores

En el Sunrise Hospital la situación empezó a desbordarse. El ambiente en algunas salas recordaba más a un club de apuestas clandestinas que a un centro sanitario. No se trataba solo de apostar, sino de comentar jugadas, calcular probabilidades y analizar la “carrera” como si se tratara de una competición con cronómetro invisible.

Aunque nunca se probaron manipulaciones médicas para influir en los resultados, las sospechas y el hedor moral eran intensos. El morbo se instaló en los pasillos como un virus silencioso que se transmitía a base de furtivas miradas cómplices. Mientras las familias velaban a sus seres queridos, ajenas a la farsa que se desarrollaba a pocos metros, alguien podía estar celebrando un acierto horario con sonrisa contenida y un discreto fajo en el bolsillo. La escena, contemplada con perspectiva, resulta tan grotesca que cuesta asumir que no sea ficción.

La caída del castillo de naipes

Todo secreto mal guardado acaba encontrando una grieta, y este no fue la excepción. El detonante llegó cuando el familiar de uno de los pacientes fallecidos escuchó una conversación demasiado distendida entre miembros del personal. Aquello sonaba más a chascarrillo de sobremesa que a confidencia profesional, así que decidió indagar. Lo que destapó fue un entramado de apuestas tan surrealista como indignante.

La dirección del hospital intervino, aunque con el mismo entusiasmo con el que uno se arranca una tirita que lleva días adherida: con cautela y cierto temor. Las evidencias, sin embargo, eran demasiado evidentes. Se abrió una investigación interna —esa expresión que suele anticipar despidos en plural— y decenas de empleados fueron suspendidos o apartados de sus funciones.

caso Ángel de la muerte Las Vegas 1980

Las autoridades sanitarias de Nevada también entraron en escena. Hubo declaraciones oficiales, titulares llamativos y amenazas de demandas que sobrevolaron el caso durante semanas. Se puso en marcha una investigación formal que desembocó en audiencias administrativas y en la revisión de licencias profesionales. No se trató de un gran juicio penal televisado, con jurado y fiscales declamando ante cámaras, sino de procedimientos disciplinarios y eventuales reclamaciones civiles. Se examinó si la conducta del personal vulneraba códigos deontológicos, reglamentos internos y normas estatales relativas al trato digno del paciente.

Jani Adams

Algunos implicados fueron sancionados y se evaluó la posible responsabilidad del hospital por falta de supervisión. No prosperaron acusaciones de homicidio ni se demostró manipulación directa de tratamientos para alterar el momento del fallecimiento, circunstancia que habría transformado radicalmente el proceso. Sin una base penal sólida, el caso quedó encuadrado más en la esfera de la conducta impropia que en la criminalidad tipificada.

Con el paso de los meses, el escándalo perdió fuerza. La atención mediática se desplazó hacia nuevos dramas y la historia fue relegada a la categoría de rarezas locales, archivada en esa estantería invisible de “cosas que solo pueden pasar en Las Vegas”.

Entre el cinismo y la incredulidad: ¿cómo pudo ocurrir algo así?

El llamado «casino de la muerte» funciona hoy como un recordatorio incómodo de hasta qué punto la rutina puede erosionar la ética cuando se combina con cansancio, desensibilización y esa inclinación humana a convertirlo todo en entretenimiento. En un entorno donde la muerte es una presencia cotidiana, registrada en monitores y certificada en formularios, el peligro no es solo lo irreversible del final, sino la progresiva pérdida de referentes morales.

El contexto tampoco fue inocente. Las Vegas no es únicamente una ciudad; es casi una metáfora del riesgo convertido en espectáculo. Allí se apuesta por números, cartas y caballos; durante un tiempo, también por la última hora de un paciente. Que la idea surgiera en ese entorno parece una ironía geográfica. Que prosperara entre camillas y sueros resulta mucho más perturbador.

Porque el hospital, en el imaginario colectivo, es el espacio donde se combate al azar, no donde se le asignan cuotas. Transformarlo, aunque fuera temporalmente, en una ruleta clínica supone una inversión simbólica tan grotesca que cuesta asimilarla. Y, sin embargo, ocurrió.

Jani Adams, la enfermera que inició el juego, probablemente jamás imaginó que su ocurrencia nocturna terminaría convertida en escándalo nacional. Lo que comenzó como una distracción de turno se transformó en una mancha persistente en la historia del centro. No hizo fortuna ni inauguró un casino en el Strip, pero sí logró algo más duradero: entrar, por la puerta grande, en el catálogo de las anécdotas hospitalarias más turbias y desconcertantes del siglo XX.

Fuentes consultadas

  1. Kalisch, P. A., Kalisch, B. J., & Livesay, E. (1980). The “Angel of Death”: The anatomy of 1980’s major news story about nursing. Nursing Forum, 19(3), 212–241. https://www.truthaboutnursing.org/images/kalisch/angel_of_death.pdf
  2. The Washington Post. (1980, March 14). 5 suspended in hospital deaths. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/archive/national/1980/03/15/5-suspended-in-hospital-deaths/6e6c5d91-6285-4413-ba13-fd1de257dbfb/
  3. The Washington Post. (1980, March 13). Betting on patient deaths. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/archive/national/1980/03/14/betting-on-patient-deaths/46f079a6-7e79-42b2-a1a9-a2f30f1be040/
  4. Las Vegas Sun. (1980, May 31). Adams will return to former job. Las Vegas Sun. https://lasvegassun.com/news/1980/may/31/adams-will-return-former-job/
  5. Las Vegas Review-Journal. (2010, July 13). Nurses targeted by police. Las Vegas Review-Journal. https://www.reviewjournal.com/life/health/nurses-targeted-by-police/
  6. Casino.org. (2026, January 9). Hospital nurses bet on patient deaths, murdered them to win — Vegas myth re-busted. Casino.org. https://www.casino.org/news/vegas-myths-re-busted-hospital-nurses-bet-on-patient-deaths-murdered-them-to-win/

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