Un mensaje cifrado que nunca debió abrirse
Enero de 1917. Europa llevaba dos años dejándose la sangre en trincheras húmedas y despachos solemnes cuando Alemania decidió que era una idea brillante redactar uno de los mensajes diplomáticos más temerarios del siglo XX. No fue una arenga encendida ni un discurso para la galería, sino un texto corto, cifrado y, en principio, ilegible para terceros. Lo firmaba Arthur Zimmermann, responsable de Exteriores del Imperio alemán, y tenía como destinatario a Heinrich von Eckardt, embajador en México. El contenido era tan comprometido que, de haber llegado sin miradas indiscretas, hoy sería una anécdota menor y no un episodio decisivo en la historia contemporánea.
El telegrama planteaba a México una alianza poco menos que quimérica: si Estados Unidos entraba en la guerra junto a los Aliados y México se alineaba con Alemania, Berlín apoyaría la recuperación de los territorios perdidos en 1848: Texas, Nuevo México y Arizona. Sobre el papel sonaba seductor, pero estaba mucho más cerca del delirio estratégico que de un plan con pies y cabeza.
Arthur Zimmermann y la fe en el despacho
Zimmermann no era un iluminado ni un conspirador de café. Era un diplomático con experiencia, acostumbrado a la ambigüedad calculada de las cancillerías europeas. Su gran error fue pensar que una guerra mundial podía torcerse con una jugada audaz y un cifrado fiable. Alemania atravesaba un momento delicado: el bloqueo naval británico estrangulaba su economía y la inminente reanudación de la guerra submarina sin restricciones, prevista para febrero de 1917, amenazaba con irritar de forma irreversible a Estados Unidos.
La lógica alemana parecía sencilla, aunque rozaba el optimismo temerario. Si Washington tenía que mirar hacia el sur, distraído por un conflicto con México, tardaría más en enviar soldados a Europa. En Berlín se minusvaloró la capacidad militar estadounidense y se exageró el supuesto interés mexicano por reabrir heridas territoriales que aún escocían.
El telegrama que viajó de más
El mensaje salió de Berlín el 16 de enero de 1917. Como Alemania no podía usar los cables transatlánticos, bajo control británico, optó por una solución arriesgada: hacerlo circular por canales diplomáticos neutrales, entre ellos un cable estadounidense. La paradoja era tan elegante como peligrosa.

El texto viajaba cifrado con el código 0075, considerado seguro por el Ministerio de Exteriores alemán. Nadie contó con que, al otro lado del océano, la inteligencia británica llevaba tiempo entrenando el oído y la paciencia. En una discreta oficina del Almirantazgo, conocida como la Room 40, un grupo de criptógrafos esperaba precisamente tropiezos de ese tipo.
La Room 40 y el oficio de husmear
La Room 40 era una combinación improbable de matemáticos, lingüistas, oficiales navales y eruditos con fama de excéntricos. No hacían milagros, pero sabían detectar patrones, repeticiones y errores humanos. Cuando el telegrama de Zimmermann llegó a sus manos, el desafío era doble: descifrarlo sin que Alemania sospechara que su código estaba comprometido y, después, aprovecharlo sin delatar el origen de la información.
Los británicos obtuvieron primero una versión parcial y más tarde el texto completo gracias a un nuevo descuido: el mensaje fue reenviado de Washington a México usando un cifrado distinto, ya conocido por ellos. El delicado castillo diplomático empezó a tambalearse con una cierta ironía.
México frente a una propuesta irreal
El telegrama acabó llegando a México, donde fue recibido con bastante más cautela que entusiasmo. El presidente Venustiano Carranza ordenó un análisis militar serio de la propuesta alemana. Las conclusiones no dejaban lugar a dudas: México no disponía de medios, armas ni estabilidad interna para enfrentarse a Estados Unidos, ni siquiera con ayuda alemana.
Además, la idea de recuperar Texas, Nuevo México y Arizona no solo era militarmente inviable, sino políticamente explosiva. Carranza entendió que aceptar la oferta equivalía a provocar una guerra segura y a caminar hacia una derrota casi garantizada. El telegrama quedó archivado como una tentación peligrosa.
El cálculo británico y la revelación medida
Con el mensaje descifrado, Londres tenía en sus manos un artefacto político de alto voltaje. Hacerlo público exigía convencer a Estados Unidos de su autenticidad sin confesar que los británicos espiaban cables diplomáticos. El manejo del calendario fue crucial. En febrero de 1917, el gobierno británico entregó el telegrama a la embajada estadounidense, acompañado de una explicación cuidadosamente construida sobre cómo se había obtenido.
La prensa norteamericana publicó el contenido el 1 de marzo de 1917. El impacto fue inmediato. La opinión pública, hasta entonces dividida entre el aislamiento y la simpatía hacia los Aliados, percibió el mensaje como una provocación intolerable.
Estados Unidos y el empujón definitivo
Woodrow Wilson llevaba meses navegando entre una neutralidad cada vez más frágil y la presión creciente de los acontecimientos. La guerra submarina alemana ya había causado víctimas estadounidenses, pero el telegrama Zimmermann aportó algo más concreto: una amenaza directa al territorio nacional.
El mensaje no creó por sí solo el deseo de entrar en la guerra, pero actuó como detonante. Demostraba, con la frialdad de un documento oficial, que Alemania estaba dispuesta a jugar con fuego en el hemisferio occidental. El 6 de abril de 1917, Estados Unidos declaró la guerra a Alemania.
Un error asumido sin rodeos
En un giro casi teatral, Arthur Zimmermann reconoció públicamente la autenticidad del telegrama. No lo negó ni intentó esconderlo tras ambigüedades diplomáticas. Confirmó su autoría con una franqueza que desconcertó a propios y extraños. Quizá pensó que admitirlo reduciría el escándalo; quizá ya sabía que el daño era irreversible.
Su confesión cerró cualquier discusión sobre falsificaciones o manipulaciones británicas. El telegrama existía y el error también.
La huella de un texto mínimo
El telegrama Zimmermann apenas ocupaba unas líneas, pero su efecto fue descomunal. Se convirtió en un ejemplo clásico de cómo la inteligencia, la criptografía y la diplomacia pueden alterar el curso de la historia. También dejó una lección sobre la fragilidad de los planes concebidos en despachos lejanos, donde los mapas parecen más dóciles que los ejércitos.
Más de un siglo después, el episodio sigue resultando fascinante por su mezcla de audacia, ingenuidad y torpeza estratégica. Un mensaje pensado para cambiar el equilibrio mundial acabó provocando justo lo contrario y recordando que, en tiempos de guerra, ningún cifrado es capaz de proteger una mala idea.
Vídeo: “El Telegrama Zimmermann: El Error que Cambió la Historia”
Fuentes consultadas
- National Archives. (2022, 17 de junio). El telegrama Zimmermann. National Archives. https://www.archives.gov/espanol/recursos-para-docentes/zimmermann
- The National Archives. (2017, 16 de enero). The Zimmermann telegram and Room 40. History of Government (The National Archives). https://history.blog.gov.uk/2017/01/16/the-zimmermann-telegram-and-room-40/
- Czak, S. (2019, 19 de febrero). Room 40. 1914-1918-Online. International Encyclopedia of the First World War. https://encyclopedia.1914-1918-online.net/article/room-40-1-1/?format=pdf
- Muñiz, F. (2025, 13 de octubre). Andorra en la Primera Guerra Mundial: diez soldados, cero balas y 25 años de guerra. El Café de la Historia. https://www.elcafedelahistoria.com/andorra-primera-guerra-mundial/
- National Archives. (2022, 22 de agosto). Zimmermann Telegram (1917). National Archives. https://www.archives.gov/milestone-documents/zimmermann-telegram
- National WWI Museum and Memorial. (s. f.). Zimmermann Telegram. National WWI Museum and Memorial. https://www.theworldwar.org/learn/about-wwi/zimmermann-telegram
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