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Recreación ilustrada de Winnie the Pooh con un tarro de miel en la cabeza junto a una niña en una sala de juicio

En 1980, un jurado de Santa Ana, en California, tuvo que decidir si Winnie the Pooh había pegado a una niña. La familia de Debbie Lopez demandaba a Disney porque, en una visita a Disneylandia en 1974, el actor que llevaba el disfraz del oso le había dado un golpe en la cabeza. Para defenderse, el actor subió al estrado vestido de Pooh, contestó a las preguntas asintiendo con la cabeza y acabó bailando un two-step delante del juez. El jurado tardó veintiún minutos en absolverlo.

Un oso en problemas

El oso del banquillo era Robert Hill, que trabajaba en el departamento de personajes de Disneyland desde 1969. Dentro del traje apenas veía nada: la cabeza era de fibra de vidrio y solo tenía unas rejillas negras para mirar. Lo que de verdad le gustaba era hacer de Igor, el burro.

La acusación era seria: según la familia de Debbie Lopez, una niña de nueve años, aquel Pooh le había dado un golpe en la cabeza durante una visita al parque, en agosto de 1974, según UPI, con moratones y dolores de cabeza incluidos. Seis años después, el asunto llegó al Tribunal Superior del condado de Orange: la familia pedía a Disney 15.000 dólares por negligencia. Hill sostenía que todo había sido un accidente: la niña tiraba de él por detrás y, al girarse para ver quién era, la rozó con una de las orejas del traje.

El pleito pudo haberse quedado en nada. En un arbitraje previo se fijó una compensación de 1.000 dólares; Disney ofrecía 500 y no estaba dispuesta a soltar ni un centavo más. Así que, por quinientos dólares de diferencia, el oso más famoso del mundo acabó sentado en un juzgado.

Disney y sus reglas: más rígidas que los muñecos

Para entender el enredo hay que conocer las reglas de la casa: los actores de los disfraces de cuerpo entero no hablan ni se quitan la cabeza delante del público. Pase lo que pase, Pooh sigue siendo Pooh. No es el primer animal que se las ve con la justicia, pero sí el primero que acudió al juicio bailando.

Recreación ilustrada de Winnie the Pooh sentado ante el juez en una sala de tribunal
Recreación (imagen generada con IA)

Por eso el gran momento del juicio fue un golpe de teatro. Hill declaró primero como cualquier testigo, a cara descubierta: la niña tiraba de él por detrás, él se giró para ver quién era y le dio con una oreja. «Estamos entrenados para no devolver los golpes», dijo. Después, a petición del abogado de Disney, Mike McCray, salió de la sala y volvió… convertido en Winnie the Pooh. Con todo el traje. Incluido el hocico.

Ya en el estrado, Pooh contestaba como manda el reglamento, sin abrir la boca. Según UPI, con la tinaja de miel en la cabeza solo podía asentir para decir que sí; para el no, meneaba la barriga. Nada más jurar, le dio un golpecito cariñoso con el hocico al taquígrafo. Cuando McCray le preguntó qué hacía en Disneylandia, se levantó y se marcó un bailecito por el pasillo. «Que conste en acta que está bailando un two-step», dijo el juez.

Pero la exhibición tenía un propósito muy serio: demostrar lo poco que daban de sí aquellos brazos. Según declaró Hill, las extremidades del disfraz eran poco más que muñones acolchados que no se levantaban más de un metro del suelo, y a la niña la habían golpeado a metro y medio de altura. O Pooh había pegado un estirón aquella tarde, o las cuentas no salían.

La sentencia: veintiún minutos de deliberación y una absolución

El jurado, de siete hombres y cinco mujeres, tardó veintiún minutos en alcanzar un veredicto: Disney no tenía que pagar nada. Todo había sido un accidente con una oreja de peluche.

Recorte de prensa de 1980 con el titular «Winnie The Pooh Vindicated!» y una foto del personaje
La noticia del veredicto, de la agencia UPI, en la prensa de 1980

Nunca se sabrá si convenció más el two-step o la cuenta de los brazos.

Pooh salió del juzgado con la reputación intacta, y Disney, con sus 500 dólares a salvo.

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Un juicio que pedía palomitas

El juez, Jerrold S. Oliver, despidió el caso con un «Winnie the Pooh ha sido reivindicado». Según UPI, también admitió que había sido «un caso presentado de forma inusual» y que aquello era «una locura».

Vídeo: el juicio, en formato corto

Y para quien no se crea que un oso de peluche puede marcarse un baile ante un jurado, aquí va la historia en formato corto:

Winnie the Pooh Went to Court?!

Si te han quedado ganas de juicios raros, en la Edad Media se juzgaba a ratas, cerdos y hasta orugas, y en València el Tribunal de las Aguas sigue resolviendo cada jueves, a la puerta de la catedral, los pleitos de los regantes. Estados Unidos, por su parte, tiene los Stella Awards, los premios a las demandas más absurdas, y un chaval que llegó a demandar a Pepsi para que le diera el avión de combate de uno de sus anuncios. Y el origen de todos los ositos de peluche: Theodore Roosevelt y la cacería que dio nombre al teddy bear. El oso, por cierto, tiene un origen bastante más curioso que este juicio: la osa de Winnipeg y el peluche de Harrods.

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