Un quirófano en Ciudad del Cabo que puso el mundo patas arriba
La escena podría confundirse con la introducción de un documental de suspense médico: madrugada del 3 de diciembre de 1967, en el Hospital Groote Schuur de Ciudad del Cabo. Un grupo de cirujanos se prepara para algo que ninguno ha hecho jamás. Si fracasan, serán imprudentes; si triunfan, pasarán a la historia, con aplausos y críticas a partes iguales.
A la cabeza del equipo está Christiaan Barnard, un cirujano sudafricano que está a punto de intentar lo que nadie ha logrado: trasplantar un corazón humano plenamente funcional. El receptor, Louis Washkansky, tiene 54 años, arrastra una cardiopatía terminal y hace tiempo que vive con la sensación de que el reloj se ha quedado sin arena. La donante es Denise Darvall, una joven de 25 años que ha muerto en un accidente horas antes.
Aquel gesto quirúrgico no será el primero con un órgano vital —el riñón tenía el honor desde los años cincuenta—, pero sí el que cautiva al mundo entero. Tiene lógica: el corazón no es un órgano cualquiera, es una poderosa metáfora viviente. Es el símbolo universal del amor, el epicentro emocional de canciones, novelas y tarjetas cursis. Que alguien decida arrancarlo de un cuerpo para llevarlo a otro, en 1967, roza lo fantástico.
Antes de 1967: el viaje desde el riñón hasta el corazón
El primer trasplante de corazón no surge de la nada. Desde principios del siglo XX ya se experimentaba con injertos de piel y se soñaba con trasplantes imposibles. Pero el verdadero salto de gigante llega con el riñón.
En 1954, el equipo del cirujano Joseph Murray consigue trasplantar con éxito un riñón entre dos gemelos idénticos. El receptor acepta el órgano sin rechazarlo, demostrando por primera vez que un trasplante de órgano vital no solo es posible, sino viable. Poco después empiezan los trasplantes de riñón procedentes de donantes fallecidos. La aparición de los primeros fármacos inmunosupresores ayuda a que la práctica gane terreno. En 1962, Murray logra un trasplante renal entre personas no idénticas, y aquella hazaña terminará valiéndole el Premio Nobel décadas más tarde.

En paralelo, la cirugía cardíaca avanza sin descanso. La circulación extracorpórea, las válvulas artificiales y la cirugía abierta ya forman parte del arsenal médico. El corazón deja de ser territorio sagrado para convertirse en un reto técnico extraordinariamente delicado, pero no imposible.
La pregunta que flota en el ambiente en los años sesenta es sencilla: si puede cambiarse un riñón, ¿por qué no un corazón? Y la duda no es si ocurrirá, sino quién será el primero en atreverse.
Christiaan Barnard: ambición, técnica y un instinto casi periodístico
Christiaan Barnard, nacido en 1922, se cría y se forma en Sudáfrica, pero perfecciona sus habilidades en Estados Unidos, donde se empapa de la cirugía cardíaca más avanzada de la época. Al regresar a Ciudad del Cabo, impulsa un servicio quirúrgico ambicioso, moderno y dispuesto a innovar. Para 1967 ya ha practicado todo tipo de operaciones complejas y acumulado experiencia experimental con trasplantes en animales.
El contexto, sin embargo, no es sencillo. Sudáfrica vive bajo el régimen del apartheid y está aislada internacionalmente, aunque la medicina mantiene cierto margen de maniobra. Barnard sabe que lograr el primer trasplante de corazón humano situaría a su hospital —y a su propia figura— en el epicentro mundial de la ciencia. No es únicamente una carrera médica: es un salto directo a la portada de los periódicos.
Mientras tanto, en Estados Unidos y Europa, otros equipos trabajan en la misma dirección. Todos andan ajustando técnicas, discutiendo ética y analizando legislación. Pero Barnard posee algo esencial en momentos pioneros: la determinación de actuar cuando la oportunidad aparece.
Y, en noviembre de 1967, aparece.
Louis Washkansky y Denise Darvall: dos vidas que se cruzan en un quirófano
Louis Washkansky no encarna el papel de héroe épico. Es un comerciante lituano afincado en Sudáfrica, con un historial de diabetes, una cardiopatía isquémica avanzada y un corazón literalmente exhausto. Cada paso le cuesta aire y los tratamientos disponibles ya no le ofrecen nada más.
Acepta la intervención porque, básicamente, no tiene nada que perder. Para él, el riesgo extremo no es una temeridad, sino su única vía.
La donante, Denise Darvall, sufre un accidente de tráfico que la deja en estado irreversible. La muerte cerebral se confirma y su padre acepta donar los órganos. En aquellos años, este gesto no se encuadra en protocolos afinados ni equipos especializados: es una conversación durísima, íntima y casi improvisada, en un mundo donde donar un corazón suena a argumento de novela futurista.
Cuando Denise exhala su último latido, los cirujanos se apresuran. Extraen el órgano y lo preparan para la carrera contrarreloj que se despliega al otro lado del hospital.
La operación del 3 de diciembre de 1967: una coreografía de bisturís y nervios
Barnard reúne a unas veinte personas entre cirujanos, anestesistas y personal de apoyo. Cada uno conoce su papel, aunque ninguno haya participado antes en algo semejante.
Las versiones sobre la duración exacta de la intervención varían, pero todas coinciden en que fue una operación maratoniana, entre cinco y nueve horas en total.
El procedimiento se desarrolla en varias etapas perfectamente definidas:
- Preparación del receptor
Washkansky es anestesiado, conectado a la máquina de circulación extracorpórea y abierto en canal para exponer el corazón dañado. - Retirada del corazón enfermo
Se pinzan los grandes vasos, se extrae el órgano agotado y queda un pecho vacío, sostenido solo por la máquina. Barnard recordaría aquella visión como uno de los momentos más sobrecogedores de su carrera. - Implantación del corazón de Denise
El nuevo órgano, frío y perfundido, se acomoda en su nuevo hogar. La sutura de aurículas y vasos exige un trabajo tan meticuloso como agotador. - Puesta en marcha
Se retiran los pinzamientos, la sangre irrumpa en el nuevo corazón y, tras unos tensos minutos, el órgano late con fuerza. Con ayuda de un pequeño impulso eléctrico, empieza a bombear como si perteneciera al cuerpo de Louis desde siempre.
En términos técnicos, el resultado es impecable: un corazón humano latiendo dentro de otro ser humano. El resto es territorio desconocido.
Los 18 días que pusieron a Barnard en los titulares y a la medicina ante el espejo
Tras la operación, Washkansky pasa a cuidados intensivos. Los médicos lo someten a una combinación de inmunosupresores agresivos, porque en esa época controlar el rechazo es casi un acto de fe. El problema es que su sistema defensivo queda tan debilitado que cualquier infección puede colarse sin esfuerzo.
Los primeros días son un desfile de partes médicos, fotografías y declaraciones. El mundo sigue el caso como si fuera un serial radiofónico. Washkansky aparece en imágenes leyendo, charlando, incluso sentado. El corazón late, y eso basta para desatar el entusiasmo global.
Pero el cuerpo humano tiene sus propias prioridades. A los 18 días, una neumonía causada por una bacteria especialmente oportunista acaba con la vida del paciente. El corazón, según revelaría la autopsia, seguía funcionando sin problemas; fue la infección la que lo derrotó.
Aunque suene a poco tiempo, casi tres semanas con un corazón nuevo en 1967 constituyen un triunfo monumental para la ciencia.
Polémica, ética y espectáculo: las críticas que acompañaron al hito
El éxito no vino sin controversia. En el ámbito médico, algunos criticaron a Barnard por precipitarse, por “hacer teatro” antes de que existieran inmunosupresores suficientemente finos. Otros defendieron que alguien tenía que dar el primer paso, aunque fuera imperfecto.
La muerte cerebral, concepto clave para la donación, todavía estaba consolidándose legalmente. La intervención de Barnard contribuyó a acelerar debates sobre cuándo se considera fallecida una persona y en qué punto es ético extraer órganos vitales.
A todo esto se sumó la vertiente mediática. Barnard disfrutaba de las cámaras, respondía con soltura y posaba sin tapujos. Esta relación natural con la prensa alimentó suspicacias, pero también ayudó a que el trasplante se convirtiera en un fenómeno social.
Con el tiempo, las luces de los focos se diluyeron y quedó el hecho clínico: aquel primer trasplante abrió una puerta que ya no se cerraría.
De experimento arriesgado a tratamiento consolidado
Tras la intervención pionera, los trasplantes de corazón se multiplicaron en distintos países. Los resultados iniciales fueron irregulares y llenos de obstáculos, lo que llevó a una fase de dudas. La técnica funcionaba, sí, pero el precio en complicaciones era alto.
La auténtica revolución llegará con la aparición de la ciclosporina a finales de los años setenta. Este inmunosupresor cambia las reglas del juego, permite controlar el rechazo con mayor precisión y reduce dramáticamente el riesgo de infecciones letales. De pronto, los trasplantes cardíacos empiezan a ofrecer supervivencias prolongadas.
A ello se suman innovaciones técnicas: mejores máquinas de circulación extracorpórea, cirugía más refinada, mejores sistemas de conservación del órgano. Lo que en 1967 parecía un acto casi de magia quirúrgica se transforma en un procedimiento complejo, pero estandarizado y, dentro de su gravedad, previsible.
España y el legado del primer trasplante de corazón de 1967
Años después del hito sudafricano, España escribe su propia historia. En 1984, el cirujano Josep María Caralps realiza el primer trasplante cardíaco con éxito en nuestro país, en la Ciudad Sanitaria de Bellvitge. A partir de ahí se construye un programa que pronto será referente internacional.
La Organización Nacional de Trasplantes impulsa un modelo de coordinación y donación que terminará por convertir a España en líder mundial durante décadas. A día de hoy, el país mantiene cifras de trasplantes por millón de habitantes que superan holgadamente a las de la mayoría de países desarrollados.
El trasplante de corazón es una de las intervenciones más emblemáticas. España también destaca en técnicas complejas, como el trasplante cardiopulmonar o la extracción en asistolia controlada con sistemas de soporte que mantienen el órgano perfundido.
Con los quirófanos actuales, los protocolos detallados y la maquinaria perfectamente engrasada, resulta tentador olvidar que todo este camino se apoya en la madrugada en que Barnard se atrevió a coser un corazón ajeno dentro de un pecho extraño.
El primer trasplante de corazón de 1967 como punto de inflexión cultural
No solo cambió la medicina. Cambió la forma de ver el cuerpo humano. Hasta aquel diciembre, el corazón era casi intocable en el imaginario colectivo. Tras el trasplante, el corazón dejó de ser un símbolo y pasó a reconocerse, sobre todo, como un órgano sustituible si se cuenta con los conocimientos adecuados.
La donación de órganos también adquirió una nueva dimensión. El gesto del padre de Denise Darvall, al permitir que el corazón de su hija siguiera latiendo en otro cuerpo, se convirtió, sin pretenderlo, en una poderosa representación de la solidaridad más allá de la muerte.
También se generaron debates que siguen vigentes:
- ¿Hasta dónde debe llegar la experimentación con pacientes sin alternativas?
- ¿Cómo se debe definir legalmente la muerte?
- ¿Qué influencia tienen los medios cuando convierten la medicina en espectáculo?
Con sus dudas, sus riesgos y su audacia, aquel primer trasplante de 1967 marcó un punto de no retorno. A partir de entonces, la medicina dejó claro que estaba dispuesta a negociar con la propia esencia de la vida humana.
Vídeo “The First Human Heart Transplant”
Fuentes consultadas
- Zalaquett, R. (2017). 50 años de trasplante de corazón. La operación que enmudeció al mundo y cambió para siempre el concepto de muerte. Revista Chilena de Cardiología, 36(3), 275–282. https://www.scielo.cl/article_plus.php?lng=es&pid=S0718-85602017000300275
- Pulido, S. (2017, 7 de diciembre). Se cumplen 50 años del primer trasplante de corazón del mundo. Gaceta Médica. https://gacetamedica.com/con-rayos-x/se-cumplen-50-anos-del-primer-trasplante-de-corazon-del-mundo-ce1273163
- Navia, J. A. (2024, 3 de diciembre). El trasplante cardíaco. Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires. https://anm.edu.ar/el-trasplante-cardiaco/
- Muñiz, F. (2020, 19 de junio). El Dr Voronoff y los trasplantes de testículos. El café de la historia. https://www.elcafedelahistoria.com/voronoff-trasplante-testiculos/
- Bonnin, O. (2019). Inicio del trasplante cardíaco en España. Cirugía Cardiovascular, 26, 183–185. https://www.elsevier.es/es-revista-cirugia-cardiovascular-358-articulo-inicio-del-trasplante-cardiaco-espana-S1134009619301895
- EFE. (2025, 16 de enero). España, 33 años líder mundial en trasplantes, rompe otra vez su récord con 6.464 en 2024. Cadena SER. https://cadenaser.com/nacional/2025/01/16/espana-33-anos-lider-mundial-en-trasplantes-rompe-otra-vez-su-record-con-6464-en-2024-cadena-ser/
Escritor, profesor, traductor, divulgador, conferenciante, corrector, periodista, editor.






