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Perihelio 2026: por qué estamos más cerca del Sol y pasamos frío

Cada año, durante un instante casi teatral, la Tierra adopta el papel de alumna aplicada que se sienta en primera fila frente al Sol. Ese momento solemne tiene un nombre de resonancias clásicas: perihelio. En astronomía, se utiliza para describir el punto de la órbita de un planeta, cometa o asteroide en el que se encuentra más cerca de nuestra estrella.

En el caso terrestre, esta cita anual siempre llega a principios de enero, apenas un par de semanas después del solsticio de invierno. Es una fecha que pasa desapercibida en la mayoría de calendarios, pero que marca una aproximación de varios millones de kilómetros al Sol. Y aun así, por muy cerca que esté el planeta del astro, los habitantes del hemisferio norte continúan encogidos dentro del abrigo con una mezcla de dignidad y resignación.

Desde el punto de vista técnico, el perihelio se calcula midiendo la distancia entre el centro del Sol y el centro de la Tierra. Nada de atajos poéticos, nada de fronteras atmosféricas: los astrónomos, fieles a su precisión quirúrgica, trabajan siempre de centro a centro, con números exactos y sin concesiones.

El perihelio de 2026: fecha, hora y cifras que marean un poco

En 2025, este acercamiento máximo se produjo el 4 de enero. Las distintas publicaciones especializadas discrepan por minutos sobre la hora exacta, debido a pequeños matices como el movimiento del conjunto Tierra-Luna alrededor de su propio centro de masas. Aun así, todas coinciden en lo esencial: el momento clave se registró en torno al ecuador de la jornada en tiempo universal.

Este perihelio dejó al planeta a unos 147 millones de kilómetros del Sol, una distancia que equivale a unas 0,983 unidades astronómicas. Para hacerse una idea más tangible: una unidad astronómica, definida con rigor milimétrico, corresponde a la distancia media entre la Tierra y el Sol. Dicho así suena abstracto, pero el número real impresiona.

Traducido al lenguaje cotidiano, significa que en perihelio la Tierra está algo más de cuatro millones de kilómetros más cerca del Sol que en el apogeo de su órbita, el aphelio, que en 2026 tendrá lugar a principios de julio. Esta variación del 3 % en la distancia provoca que el Sol parezca mínimamente mayor en el cielo y que la energía solar que recibe la atmósfera aumente alrededor de un 6 % respecto a esos días de julio. No es un incremento que invite a dejar el abrigo en casa, pero sobre el papel tiene su encanto.

Si estamos más cerca del Sol, ¿por qué pasamos frío?

La pregunta surge todos los años y la respuesta rara vez satisface a la intuición humana. El frío invernal del hemisferio norte no se debe a la distancia respecto al Sol, sino a la inclinación del eje terrestre.

La Tierra mantiene una inclinación de unos 23,4 grados que provoca que, durante el invierno boreal, el hemisferio norte mire ligeramente hacia otro lado. Eso implica que los rayos solares llegan más inclinados, reparten menos energía por superficie y, además, los días se encogen. Por el contrario, el famoso sol de verano brilla con mayor intensidad no porque estemos más cerca del astro, sino porque la inclinación del eje permite que los rayos incidan casi de frente.

Mientras tanto, el hemisferio sur vive su verano cuando se produce el perihelio. Sí: Australia, Argentina o Sudáfrica reciben al Sol más próximo mientras disfrutan de calor estival. Y aun así, tampoco se carbonizan. Incluso en nuestro punto de mayor acercamiento seguimos a una distancia inconcebible, esos 147 millones de kilómetros que permiten bromear sin temor a combustiones espontáneas.

Una órbita elíptica, pero menos dramática de lo que se cree

En los libros del colegio la órbita terrestre suele representarse como una elipse exagerada, casi una pista de atletismo. La realidad es bastante más discreta: la excentricidad de la órbita terrestre ronda 0,0167, lo que la aproxima muchísimo a un círculo perfecto.

Aun así, esa ligera elipse basta para definir dos puntos de referencia:

  • Perihelio: unos 147,1 millones de kilómetros.
  • Aphelio: alrededor de 152,1 millones de kilómetros.

Esta diferencia, aunque modesta, implica que la Tierra se desplaza más rápido cuanto más cerca está del Sol. Así lo dicta la segunda ley de Kepler, que indica que el planeta barre áreas iguales en tiempos iguales. La consecuencia práctica es que los veranos del hemisferio norte duran unos días más que sus inviernos, mientras que en el hemisferio sur ocurre lo contrario.

perihelio

Otro detalle interesante es que el instante exacto del perihelio varía ligeramente cada año. El sistema Tierra-Luna no se comporta como una pieza sólida, sino que gira alrededor de un baricentro común que modifica el momento preciso en el que alcanzamos la máxima aproximación al Sol.

De Grecia a Kepler: una palabra con mucha historia

El término “perihelio” combina tradición lingüística y afán por la exactitud. Procede del griego “peri”, que significa “cerca”, y “helios”, que quiere decir “Sol”. Posteriormente se latinizó en perihelium antes de llegar a su forma moderna.

Johannes Kepler, en pleno siglo XVII, fue uno de los responsables de popularizar este vocabulario. Necesitaba nuevos términos para explicar que las órbitas planetarias no eran círculos caprichosos, sino elipses con matices.

Su pareja natural es “aphelio”, también de origen griego, que designa el punto más alejado del Sol en la órbita. Ambos conceptos resumen el movimiento anual de la Tierra como si fuera el vaivén de una cinta de correr cósmica.

Como curiosidad lingüística, la raíz indoeuropea del concepto de “Sol” se relaciona con el latín “sol” y derivaciones como “solar”, mientras que el griego prefirió “helios”, que ha dado lugar a términos tan comunes como “helio”, “heliocéntrico” o la propia palabra “perihelio”.

¿Afecta el perihelio a la vida cotidiana?

La respuesta breve es no. Pero siempre es posible matizar. Durante el perihelio el Sol aparece un pequeño porcentaje más grande en el cielo, aunque el ojo humano no puede notarlo sin caer en la temeridad de mirarlo directamente. Quien busque una consecuencia práctica en el día a día tendrá que quedarse con una ganancia ligera en producción si tiene paneles solares instalados.

En cuanto al clima, ese aumento de energía no compensa la influencia de la distribución de continentes y océanos, ni la inclinación del eje. El hemisferio norte, más cargado de masas continentales, responde al calor de manera muy distinta que el hemisferio sur, dominado por grandes extensiones oceánicas. De ahí que las estaciones no dependan únicamente de la distancia al Sol.

Para el público general, el perihelio se convierte más bien en una excusa pedagógica para recordar que las estaciones no son una cuestión de alejamiento o cercanía, sino de geometría terrestre. Y también para alimentar un día de comentarios sobre lo “poco” que calienta el Sol en enero pese a estar más cerca que nunca.

Perihelios por el sistema solar: cometas temerarios y planetas extremos

La Tierra es una aficionada moderada del perihelio si se compara con otros cuerpos del sistema solar. Mercurio, por ejemplo, se acerca a poco más de 46 millones de kilómetros del Sol en su perihelio y su excentricidad orbital es mucho mayor, lo que provoca cambios dramáticos en la distancia a la estrella.

Más espectaculares aún son los cometas. Pasan la mayor parte de su existencia en regiones heladas y lejanas, pero en cada perihelio se precipitan hacia el Sol. El calor extremo vaporiza sus hielos y crea esas colas luminosas que maravillan a los observadores terrestres.

En los últimos años ha aumentado el interés por cometas que, tras un único perihelio llamativo, desaparecen para siempre hacia los confines del sistema solar. Su paso por las cercanías del Sol es un episodio efímero en viajes que duran millones de años, mientras la Tierra repite ciclo con disciplina anual.

El perihelio como referencia del calendario astronómico

El perihelio actúa también como una marca temporal en la mecánica celeste. Su fecha varía cada año debido a la gravedad de otros planetas, la precesión de la órbita y el movimiento con la Luna. Este desplazamiento, casi imperceptible de un año a otro, acumula efectos notables en escalas de miles de años.

A largo plazo, el perihelio dejará de ocurrir en enero y se desplazará a otras estaciones, modificando la relación entre distancia al Sol y clima terrestre. Estas variaciones forman parte de los ciclos de Milanković, responsables de cambios climáticos de enorme alcance a lo largo de la historia geológica.

En 2025 se ha señalado, como detalle curioso, que la combinación de perihelio y aphelio de este año hace que el verano boreal sea unos minutos más largo que en épocas recientes. Una minucia para la vida cotidiana, pero suficiente para figurar en los registros más escrupulosos.

Cómo “celebrar” el perihelio sin arriesgar la vista

A quien le tiente mirar el Sol para “saludarlo” en su día de mayor cercanía conviene recordarle que observar el astro directamente es un billete seguro a una visita urgente al oftalmólogo. El perihelio no suaviza ese peligro.

Las recomendaciones son las de siempre:

  • Emplear únicamente filtros solares certificados.
  • No utilizar instrumentos ópticos sin los filtros adecuados en la apertura.
  • Optar por métodos indirectos, como proyectar la imagen del Sol sobre una superficie.

Para el público general, la forma más sensata de disfrutar del perihelio es a través de las imágenes captadas por observatorios y satélites. En 2025 se difundieron fotografías del Sol en luz H-alfa con un nivel de detalle que habría dejado boquiabierto a cualquier astrónomo del pasado.

Perihelio 2026: una efeméride discreta cargada de matices

El perihelio de 2026 no trae consigo cambios climáticos abruptos ni fenómenos extraordinarios, pero resume siglos de avances científicos: las leyes de Kepler, la mecánica de Newton, la precisión obsesiva de las efemérides y la capacidad humana de dar nombre a eventos que ocurren a distancias casi inconcebibles.

Para el lector, saber que la Tierra ha pasado por su punto más cercano al Sol añade un toque de ironía al paisaje invernal: el planeta roza el radiador cósmico y, aun así, seguimos buscando el calefactor. Entretanto, ya se aproxima la siguiente cita astronómica: el aphelio recordará, dentro de unos meses, que la órbita terrestre no es un círculo perfecto, sino una elipse elegante que el planeta recorre año tras año con silenciosa precisión.

Vídeo: “Afelio y Perihelio de la Tierra – ¿Por qué las Estaciones del Año?”

Fuentes consultadas

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