La Frikipedia no fue simplemente una web extravagante donde un puñado de frikis con tiempo libre y mucho descaro se dedicaban a reírse de todo. Durante más de una década se convirtió en uno de los experimentos más curiosos de la internet hispanohablante: una parodia enciclopédica que caricaturizaba a la mismísima enciclopedia libre, un chiste coral que acabó delante de un juez y un sorprendente termómetro del choque entre cultura libre, humor sin filtros y los defensores más estrictos de los derechos de autor.
Nacida en 2005 como un divertimento casi inocente, La Frikipedia acumuló con los años más de once mil artículos, una comunidad entregada y una lista de líos legales que quitaban las ganas de bromear. Su trayectoria mezcla entusiasmo juvenil, sátira afilada, enfrentamientos jurídicos con la SGAE y un final en 2016 que algunos recuerdan con una mueca entre la nostalgia y la carcajada.
Hoy, quien intenta visitar su dominio encuentra un proyecto muerto, aunque repartido con sorprendente habilidad: buena parte de los textos sobrevivieron gracias a la recuperación desde cachés y su traslado a otras enciclopedias humorísticas, especialmente a Inciclopedia, heredera espiritual del invento original.
Origen de La Frikipedia: de travesura friki a “enciclopedia extremadamente seria”
El 3 de octubre de 2005 salta a la red La Frikipedia, en pleno auge del formato wiki y con Wikipedia ya convertida en símbolo global del conocimiento colaborativo. El planteamiento era tan simple como malicioso: coger la solemne estructura de una enciclopedia y llevarla al campo del disparate, la sátira y el humor macarra. La propia página se definía con ironía como una “enciclopedia extremadamente seria”, la clase de solemnidad que se desmontaba a la primera línea de cualquier entrada.
La apariencia imitaba sin pudor a Wikipedia: portadas, categorías, historiales… pero el contenido era una bofetada a cualquier ilusión de rigor académico. La licencia, sin embargo, era la misma que la de la enciclopedia seria: la GFDL, que permitía copiar y modificar el material siempre que se cumplieran unas condiciones mínimas.
El crecimiento inicial fue fulgurante. A comienzos de 2006 la web ya reunía alrededor de mil cien artículos, un número notable si se tiene en cuenta que la mayoría eran chascarrillos elaborados sobre personajes públicos, series olvidadas o países enteros. Con el paso de los años la cifra se disparó: más de once mil textos cuando alcanzó su madurez, lo que la convirtió en un referente indiscutible del humor enciclopédico en español.
Cómo funcionaba La Frikipedia: normas serias para disparates muy tontos
Aunque desde fuera pareciera un caos absoluto, por dentro existía cierto orden. La edición era abierta, pero exigía registro para evitar que la web se llenara de improperios sin dueño. El estilo del contenido tenía su propio código: se fomentaban las definiciones absurdas, los retratos satíricos y las exageraciones disparatadas, y se desaconsejaban los textos serios, los chistes sin gracia o las cataratas de insultos que no aportaban inventiva ni ritmo.
La propia página insistía en una autoparodia constante, presentándose como un compendio del saber humano —y parte del saber delfínico— redactado por gente “inducida por aburrimiento, locura o THC”. Algo así como un aviso al lector para que no esperase moderación alguna.
Más allá de los artículos, la web ofrecía chat público, encuestas improvisadas por los usuarios, foros y hasta una tienda donde se vendían tazas, camisetas y demás recuerdos del universo frikipédico. Un humor que se jugaba desde la seriedad impostada y que permitía comprar, por ejemplo, una alfombrilla del Monstruo de Espagueti Volador.
En cuanto a la moderación, el modelo era curioso: era permisivo, pero no anárquico. Se borraban textos demasiado vulgares, se ajustaban artículos que se desviaban del tono y se bloqueaba a quienes se dedicaban a destruir por destruir.
Vandalismo, trolls y tachones: la trastienda del proyecto
Como toda wiki abierta, La Frikipedia era un imán para el vandalismo. El problema residía en que la frontera entre la gracia aceptable y el destrozo puro era difusa. Se blanqueaban páginas enteras, se colaba publicidad descarada, se redactaban listas de insultos que no tenían ni media vuelta de humor. Una de las soluciones habituales consistía en tachar ofensas con un trazo horizontal en vez de borrarlas, lo que permitía leerlas igualmente pero daba cierta sensación de orden.
Aun así, bajo esa mezcla de caos y chiste fácil existía un núcleo estable de colaboradores que cuidaban del tono, alimentaban el repertorio de referencias internas y mantenían vivo un ecosistema de bromas recurrentes. Entre esas ramificaciones nació la “Guarripedia”, un proyecto paralelo centrado en contenidos sexuales que, pese a su tono más explícito, seguía el espíritu satírico del original.
Desde la distancia, muchos veían La Frikipedia como un refugio de inadaptados encantadores que habían encontrado un sitio donde escribir sin miedo a la reprimenda. Para sus detractores era un vertedero de mal gusto; para sus defensores, la cima del humor friki de mediados de los dos mil.
La SGAE contra La Frikipedia: cuando la broma termina en los tribunales
El capítulo más sonado de la historia de La Frikipedia estalla a comienzos de 2006, cuando la SGAE denuncia al responsable del portal, Vicente Herrera, por un artículo satírico que ridiculizaba abiertamente a la entidad. El texto jugaba con las siglas de la institución, retrataba a uno de sus directivos como un pirata de carnaval y la describía como una organización con vocación de “mafia internacional”. Un cocktail que no hizo ninguna gracia a los aludidos.
La SGAE calificó el artículo de ataque al honor y reclamó una indemnización que podía rondar los doce mil euros, además del cierre del sitio. El proveedor de alojamiento, ante la presión legal, desactivó temporalmente la página el 3 de febrero de ese año.

La reacción de los internautas fue inmediata: blogs y foros replicaron el artículo en señal de apoyo, se organizaron campañas de donativos y la web se convirtió, durante semanas, en símbolo de la defensa del humor irreverente. Poco después se reabrió tras llegar a un acuerdo, aunque con la absurda condición de no mencionar nunca más a la SGAE. Este veto indignó a la comunidad, que decidió cerrar de nuevo la página en protesta.
El proceso judicial siguió su curso y, en noviembre de 2007, la Audiencia Provincial de Madrid ratificó la condena: Herrera debía pagar seiscientos euros y asumir las costas. La sentencia se apoyaba en la idea de que el administrador, al tener control técnico del sitio, era responsable de lo que otros publicaban. Una decisión que marcó un precedente incómodo para plataformas colaborativas.
De Frikipedia a Inciclopedia: rescates, copias y herencias
El cierre de 2006 no significó la desaparición de los textos frikipédicos. Muchos se recuperaron gracias a las copias almacenadas por buscadores y acabaron migrando a Uncyclopedia, la enciclopedia humorística anglosajona. Desde ahí se impulsó Inciclopedia, un proyecto en español que acogió buena parte del material rescatado.
Las categorías internas de Inciclopedia conservan aún los llamados “frikiedit”, artículos nacidos en La Frikipedia y adaptados al nuevo entorno. Es, en cierto modo, la arqueología oficial de aquel experimento que se resistía a morir.

A pesar de sus altibajos, La Frikipedia siguió funcionando de forma intermitente hasta el 1 de enero de 2016. Ese día publicó su despedida: más de una década de ingeniosas ocurrencias habían desembocado en un nivel de amenazas, demandas y problemas legales casi semanal, imposible de sostener.
El espíritu, sin embargo, sobrevivió gracias a esa “evacuación de emergencia” hacia Inciclopedia y otros proyectos similares, donde muchos artículos continúan vivos, perfectamente reconocibles para quienes los leyeron en su día.
Qué podía encontrarse en La Frikipedia: Lucifer, submarinos amarillos y gallego imperial
Bastaba un vistazo rápido para captar el tono de la página. El artículo sobre Lucifer lo describía como una criatura rojiza culpable de todas las desgracias conocidas, mientras que otro aseguraba que la Pepsi estaba compuesta por deuterio y advertía, con fingida seriedad, del peligro de mojar submarinos amarillos.
El estilo era inconfundible: definiciones alargadas, juegos de palabras, exageraciones delirantes y una habilidad particular para deformar la realidad hasta que resultara ridícula. El ejemplo más célebre fue quizá el artículo sobre Galicia, donde se enumeraban ocho lenguas romances supuestamente habladas en la región, desde un gallego elevado a idioma imperial del que derivaban el latín y el griego, hasta inventos como el “vigués” o el “portuxés”.
Las bromas no se limitaban a lo geográfico: había artículos sobre humanos descritos como primates sin pelo y sin vergüenza, y textos que mezclaban ciencia infantil, cultura popular y mala leche con sorprendente fluidez.
La Frikipedia como símbolo de la internet hispana de los dos mil
Más allá del contenido humorístico, La Frikipedia reflejó una manera muy concreta de entender internet: abierta, caótica y profundamente participativa. Era un lugar donde cualquiera podía escribir sin currículum ni filtros, donde lo importante no era la relevancia académica sino el ingenio.
También ilustraba los límites del modelo colaborativo cuando chocaba con intereses bien protegidos. Sus enfrentamientos con entidades como la SGAE —y otros casos similares de presiones judiciales a páginas satíricas— la convirtieron en referencia obligada en debates sobre libertad de expresión y responsabilidad en la red.
Durante una década funcionó como la versión española de otras enciclopedias satíricas internacionales: igual de deslenguada, igual de excesiva, igual de propensa a convertir cualquier fenómeno —desde grupos musicales remotos hasta personajes televisivos olvidados— en material para la burla.
Para muchos internautas, La Frikipedia fue una escuela involuntaria de escritura: un espacio para experimentar, exagerar, improvisar y construir un universo propio mediante artículos encadenados, categorías inventadas y guerras de edición que hoy se recuerdan con una sonrisa entre incrédula y nostálgica.
Cierre definitivo y agotamiento legal: cuando la broma deja de compensar
El comunicado de despedida del 1 de enero de 2016 no dejaba lugar a dudas. Tras más de diez años de actividad, el equipo confesaba estar agotado por un sinfín de amenazas y reclamaciones legales, especialmente en los últimos años. Mantener el proyecto suponía un desgaste económico y emocional que ya no compensaba.
El contenido, sin embargo, encontró refugio en proyectos como Inciclopedia, donde aún hoy pueden rastrearse las huellas de aquel fenómeno que demostró, con brillante torpeza, que una enciclopedia también podía ser un gigantesco chiste compartido.
Vídeo: “La Frikipedia – Hilos del Pasado”
Fuentes consultadas
- Wikipedia. (2025, 22 noviembre). La Frikipedia. En Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/La_Frikipedia
- Asociación Informática Amigus. (2006, 7 febrero). La SGAE cierra la Frikipedia. Amigus. https://www.amigus.org/la_sgae_cierra/
- Sabrina. (2008, 20 abril). La Frikipedia, un chiste a la enciclopedia libre. Rosario3. https://www.rosario3.com/noticias/La-Frikipedia-un-chiste-a-la-enciclopedia-libre–20080420-0018.html
- Muñiz, F. (2025, 7 enero). La rueda de la SGAE, la gran estafa de las madrugadas. El Café de la Historia. https://www.elcafedelahistoria.com/rueda-de-la-sgae/
- Salvatierra, B. (2007, 11 noviembre). Responsable de lo que dicen otros. Público. https://www.publico.es/ciencias/responsable-dicen-otros.html
- Europa Press PortalTIC. (2016, 13 enero). La Frikipedia echa el cierre y explica los motivos. Europa Press. https://www.europapress.es/portaltic/internet/noticia-frikipedia-echa-cierre-explica-motivos-20160113141430.html
Escritor, profesor, traductor, divulgador, conferenciante, corrector, periodista, editor.






