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El tiktoker que finge su muerte y aparece en su propio funeral

En 2023, Bélgica ofreció al resto del planeta una historia digna de sobremesa dominical: un hombre que fingió su muerte, alquiló un helicóptero y apareció en su propio funeral como si nada. El responsable de semejante función fue David Baerten, un belga de 45 años conocido en TikTok como @ragnar_le_fou, seguido por cientos de miles de personas que celebraban sus ocurrencias y sus vídeos siempre bien calculados para provocar emoción.

Baerten no irrumpió de pronto en el territorio de las ideas descabelladas. Llevaba tiempo cultivando un estilo sensacionalista en redes, con gestos grandilocuentes como regalar un coche a su hermana para celebrar que había encontrado trabajo. Todo muy cinematográfico, muy lacrimógeno y muy pensado para sumar aplausos virtuales.

Pero detrás de esa fachada colorida latía algo menos vistoso: según contó en varias entrevistas y en un conocido programa francés, se sentía apartado de su propia familia. Decía que no le invitaban a nada, que cada vez estaba más solo y que, en general, su presencia parecía importar poco. En ese estado de desánimo, mezclado con un ego herido y una tendencia natural al espectáculo, se le ocurrió una maniobra tan llamativa como cuestionable: fingir su muerte para dar a los suyos lo que él llamó una “lección de vida”. Lo que para otros sería una conversación seria alrededor de una mesa, para él se convirtió en un proyecto con guion, logística y atrezzo.

El funeral que empezó en TikTok y acabó con un helicóptero

El plan contó con la complicidad de su esposa y de sus hijos desde el primer momento. Y, como no podía ser de otra manera tratándose de Baerten, el arranque de la farsa se cocinó en redes sociales. Una de sus hijas publicó un mensaje desgarrador lamentando la muerte de su padre, un texto que llevaba todas las trazas del dolor auténtico y que fulminó cualquier sospecha entre amigos y familiares.

La noticia corrió y pronto se organizó un funeral cerca de Lieja. Los asistentes acudieron vestidos de negro, se colocaron flores y se creó el ambiente solemne que acompaña a los entierros verdaderos. Nadie imaginaba que la ceremonia iba a torcerse en cuestión de segundos.

tiktoker finge su muerte

Porque, justo cuando parecía que todo iba a comenzar, un helicóptero aterrizó en un campo cercano. De él bajó Baerten, tan vivo como siempre, seguido de un pequeño equipo de grabación que capturaba cada segundo. Las reacciones fueron una montaña rusa emocional: abrazos entre lágrimas, rostros petrificados, confusión total y algún que otro gesto de indignación apenas contenido. Había quien lloraba de alivio y quien tenía la expresión del que comprende, demasiado tarde, que acaba de formar parte de un espectáculo no consensuado.

Baerten, sin perder el aplomo, proclamó que su intención era recordar a todos que no hace falta esperar a una tragedia para demostrar cariño. Era, según él, una sacudida emocional necesaria, una suerte de entrenamiento vital con ataúd simbólico incluido.

La lección de vida que salió regular

Tras el revuelo inicial, Baerten explicó que su objetivo era saber quién se preocupaba realmente por él. Contó que solo la mitad de su familia acudió al funeral, un dato que él interpretó como prueba irrefutable de afecto. También aseguró que algunos de los que no aparecieron le escribieron después, argumento que empleó para defender que el experimento había cumplido su función.

El planteamiento podía sonar inspirador sobre el papel, pero la reacción pública fue más bien tibia tirando a hostil. Muchas personas, especialmente quienes habían perdido a seres queridos de verdad, consideraron la broma una crueldad innecesaria. Señalaban que jugar con la muerte no es una dinámica divertida ni un sencillo juego social, sino un golpe emocional duro, sobre todo para quien ha tenido que despedirse de alguien de forma real.

Con el paso de los días, el propio Baerten empezó a mostrar dudas. En el mismo programa francés donde había explicado sus motivos reconoció que quizá había ido demasiado lejos. Confesó que, cuando comenzaron a llegar los vídeos de familiares llorando por su supuesto fallecimiento, le habría gustado detener el experimento, pero ya no había marcha atrás. Incluso comentó que su esposa intentó frenar la idea desde el principio.

Se supo además que, durante un tiempo, sus hijos creyeron parcialmente que la muerte era real. Al parecer, el equipo de rodaje solo aceptó participar si los menores estaban al tanto, al menos en parte, de que todo era una representación pactada. Aun así, el malestar interno quedó al descubierto.

El resultado fue, cuanto menos, ambiguo: obtuvo atención, comentarios, audiencia y debate, pero también cruzó sin pudor la línea que separa la performance de la manipulación emocional. Y dejó grabado en la memoria colectiva un concepto difícil de mejorar: un “funeral de prueba” con llegada triunfal en helicóptero.

Qué dice este caso sobre el duelo en la era de las redes

La historia de Baerten refleja como pocas la tendencia actual a convertir cualquier emoción intensa en material compartible. Buena parte del impacto se debió a la difusión del vídeo del helicóptero y a las reacciones de quienes asistieron, reproducidas una y otra vez en redes y medios, casi como si se tratara de un episodio extra de una serie documental permanente.

A la vez, puso de manifiesto algo muy contemporáneo: en un momento en que existen más formas que nunca de comunicarse, resulta sorprendente que tantas personas se sientan aisladas dentro de su propia familia. Baerten señaló precisamente eso: decía sentirse invisible y desplazado.

En lugar de buscar soluciones más convencionales —conversar, reconducir relaciones, pedir ayuda profesional— optó por una escenificación extrema que contó con iluminación, helicóptero y cámaras. Una decisión que encaja de lleno con un ecosistema digital que premia el impacto inmediato por encima de la prudencia.

No es el primer caso extravagante relacionado con el duelo, pero sí uno de los más ilustrativos sobre cómo se entrecruzan la fama, la necesidad de atención y la gestión pública de las emociones. Y deja una imagen que cuesta olvidar: un helicóptero descendiendo en mitad de un funeral fingido mientras los asistentes intentan procesar si aquello es una revelación, una llamada de auxilio o simplemente una broma que se fue demasiado lejos.

Vídeo: “Critican a tiktoker que fingió su muerte y llegó a su funeral en helicóptero”

Fuentes consultadas

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