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El atraco perfecto: cuando Alberto Spaggiari puso en jaque a Société Générale

El año era 1976, el lugar, la idílica ciudad de Niza, en la Riviera Francesa. La trama, sin embargo, no parecía extraída de un típico folleto turístico que invita a disfrutar del Mediterráneo, sino más bien de una película de ladrones de guion algo retorcido. Alberto Spaggiari, un hombre que pasaría a la historia como el cerebro tras uno de los robos más audaces y extravagantes de la historia bancaria, estaba a punto de ejecutar su golpe maestro. Y vaya si lo logró.

El fotógrafo con un plan entre manos

Spaggiari, cuyo currículo incluía un pasado como mercenario para la Organización del Ejército Secreto (OAS) francesa, había cambiado las armas por las cámaras y dirigía un conocido estudio fotográfico en Niza. Pero detrás de esa fachada respetable, un plan digno de un thriller criminal iba tomando forma. Todo comenzó cuando descubrió algo que cualquier ladrón de bancos consideraría un regalo del destino: su oficina estaba estratégicamente ubicada cerca de uno de los conductos de la red de alcantarillado de la ciudad. Y, como si el destino estuviera en su favor, ese conducto llevaba directamente al sótano del banco Société Générale.

atraco Société Générale

Spaggiari no era solo un ladrón con ambiciones, sino un hombre con estilo y paciencia. En lugar de un asalto violento y apresurado, planeó un robo quirúrgico, meticuloso y sin derramamiento de sangre. ¿La herramienta clave para su plan? Un despertador. Sí, un despertador potente que colocó en una caja de seguridad del banco, la cual alquiló para hacerse familiar con el lugar. Su objetivo: utilizarlo para cronometrar y coordinar la operación.

Las entrañas de Niza: un camino al botín

Lo que siguió fue una auténtica epopeya subterránea. Durante nueve semanas de trabajo arduo, Spaggiari y su equipo de cómplices se dedicaron a excavar, literalmente, el camino hacia el botín. Aprovecharon el puente de la fiesta nacional francesa para llevar a cabo el golpe. Mientras la mayoría de los franceses estaba disfrutando de desfiles y fuegos artificiales, este grupo de asaltantes se coló por las entrañas de la ciudad, llegando hasta las paredes del banco.

El espectáculo que se encontraron en el interior de las cámaras acorazadas del banco Société Générale era lo que cualquier ladrón soñaría: cajas de seguridad repletas de dinero, joyas y objetos de valor incalculable. Durante más de tres días, trabajaron sin descanso, saqueando las cajas una por una.

La fiesta de los ladrones: caviar, champagne y un «toque artístico»

Pero no todo fue trabajo. En un giro que roza lo cómico, lo absurdo o incluso lo delirante, los ladrones decidieron tomarse un respiro en medio de su operación y organizaron una auténtica fiesta gastronómica… en pleno corazón de la cámara acorazada. El menú no era cualquier cosa: caviar del bueno, quesos franceses dignos de un banquete real y varias botellas de champagne, probablemente de alguna añada de lujo. Uno se imagina la escena como una mezcla entre un episodio de Lupin y un banquete digno de la corte de Luis XIV, pero bajo tierra y rodeados de cajas de seguridad repletas de dinero y joyas.

La elección de los alimentos no fue casual. El caviar y el champagne no solo son sinónimo de lujo, sino que también tienen un cierto simbolismo de triunfo. Era como si los ladrones quisieran proclamar que no solo habían vencido al sistema, sino que lo estaban celebrando con todo el descaro del mundo. Algunos informes policiales posteriores señalaron que los restos encontrados en el lugar —platos, vasos y hasta botellas vacías— daban la impresión de que aquello no había sido una simple comida, sino una celebración a lo grande, con risas, brindis y probablemente algún chiste sobre los incautos dueños de las cajas de seguridad.

El banquete no solo fue extravagante, sino también un tanto contraproducente. Según se descubrió más tarde, los ladrones dedicaron tantas horas a festejar que dejaron de abrir cajas de seguridad. El botín, que ya era astronómico, podría haber alcanzado los 140 millones de dólares actuales si hubieran mantenido su ritmo de trabajo. Pero claro, ¿quién tiene tiempo para pensar en números cuando estás descorchando botellas y degustando foie gras? En cierto modo, esta peculiar pausa los humaniza: no eran meros ladrones, eran hedonistas con un sentido del humor inusual.

Sin armas…

Por si la historia no fuera lo suficientemente pintoresca, los ladrones se aseguraron de dejar su huella, no solo con los restos del festín, sino también con un mensaje que ha quedado grabado en la historia de los grandes robos: «Ni armes, ni violence et sans haine» («Sin armas, sin violencia y sin odio»). Escrito en las paredes del banco, esta frase no era solo un acto de desafío, sino también una declaración de principios, o al menos así lo quisieron hacer ver. ¿Se puede ser un ladrón ético? Según Spaggiari y su banda, sí. Su intención, al parecer, era marcar la diferencia frente a los criminales violentos que aterrorizaban bancos y empleados. Ellos, en cambio, se consideraban artistas del robo, casi como si su crimen fuera una especie de performance subterránea.

Ni armes, ni violence et sans haine
Ni armes, ni violence et sans haine

Este mensaje dejó perplejas a las autoridades y fascinó a la opinión pública. ¿Cómo no sentir cierta simpatía, aunque sea con una pizca de ironía, por un grupo que se tomó el tiempo de reivindicar su robo como algo casi poético? Con su lema, se distanciaron de la brutalidad común de otros atracos y, en su lugar, se posicionaron como los Robin Hood modernos… aunque, todo sea dicho, no hay registro de que repartieran un solo franco entre los pobres.

atraco Société Générale 1976

El contraste entre la opulencia de su festín y la sobriedad del mensaje en la pared crea una imagen difícil de olvidar. Mientras la policía analizaba las huellas del banquete, el mensaje en la pared parecía casi burlarse de ellos: un recordatorio de que, al menos esta vez, el crimen había triunfado con elegancia, sin violencia y con un estilo que rozaba lo teatral.

El giro inesperado: de la fuga a la leyenda

Sin embargo, como ocurre con toda gran historia, la fortuna no siempre sonríe para siempre. Tres meses después del robo, la policía finalmente detuvo a Spaggiari. Aunque las pruebas eran escasas y el botín seguía sin aparecer, las autoridades decidieron encausarlo. Aquí es donde entra otro giro digno de un guion de Hollywood.

Durante una audiencia con el juez, Spaggiari aprovechó un descuido para ejecutar una de las fugas más audaces jamás registradas. Saltó desde una ventana del Palacio de Justicia de Niza, cayendo varios metros, y huyó en una motocicleta que alguien, misteriosamente, había dejado lista para él.

Spaggiari se desvaneció del radar de las autoridades francesas. Algunos rumores apuntaban a que se refugió en Argentina, un destino clásico para quienes buscan desaparecer de los mapas. Otros sugieren que continuó visitando a su madre en Francia sin que la policía pudiera atraparlo. Como colofón a su vida de película, Spaggiari escribió un libro en el que relataba su hazaña con detalles que rozaban la arrogancia. El botín, sin embargo, jamás fue recuperado, añadiendo una dosis extra de misterio al caso.

¿Héroe o villano? La doble cara del atraco

Lo que hace único este robo no es solo la cantidad de dinero sustraída ni la audacia de la operación, sino la narrativa que lo envuelve. Spaggiari y su banda no solo robaron un banco; construyeron una leyenda. Su lema «sin armas, sin violencia y sin odio» transformó lo que podría haber sido un simple crimen en un relato casi poético, una especie de desafío al sistema con un toque de humor negro.

atraco Société Générale 1976

Por supuesto, el atraco también plantea preguntas sobre los fallos de seguridad de las instituciones bancarias de la época, así como sobre la fascinación del público por las figuras fuera de la ley que desafían las normas con inteligencia y estilo.

Hoy, el caso de Alberto Spaggiari sigue siendo estudiado como uno de los mayores robos de la historia. Su capacidad para planificar y ejecutar un golpe casi perfecto, combinado con su fuga cinematográfica, lo han convertido en un personaje mítico dentro del mundo del crimen.


El robo explicado en vídeo

Fuentes:

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