En noviembre de 1888, mientras Jack el Destripador tenía en vilo a Londres, un antiguo policía tarraconense abrió en Barcelona, en la esquina de Jovellanos con Pelayo, la primera agencia de detectives privados de España. Se llamaba Daniel Freixa, perforaba los sellos de sus cartas con sus iniciales y escribía libros sobre el crimen moderno. Años después volvió a la policía, y ahí la historia deja de tener gracia: bajo su mando se detuvo a cientos de personas tras el atentado del Corpus de 1896, y la prensa europea denunció torturas.
Freixa nació hacia 1854 en Bráfim, un pueblecito de Tarragona, aunque toda su vida aseguró ser de la vecina Reus, más conocida. El primer detective de España, como se ve, ya sabía retocar su propio expediente. Murió en 1910 en Barcelona, y dejó una costumbre tan peculiar como su oficio: perforaba los sellos de sus cartas con sus iniciales, DF, para que el destinatario supiera de quién venían. Hoy lo llamaríamos marca personal; entonces era excentricidad con estilo.
Hombre de múltiples ocupaciones, fue Subinspector del Cuerpo de Vigilancia, Jefe de Orden Público en varias provincias, agente de la propiedad industrial, periodista, editor y comendador de la Orden de Isabel la Católica. Todo un currículum que eclipsaría al 99,99 % de los actuales perfiles de LinkedIn. Y en medio de ese torbellino de cargos, una idea brillante: aplicar los métodos policiales a la esfera privada, con fines comerciales. Nacía así el detective privado a la española.
“La Vigilancia y Seguridad Mercantil”: nombre poco sexy, pero eficaz
Corría el año 1888. En Barcelona nacía una agencia que cambiaría el panorama de la investigación civil. “La Vigilancia y Seguridad Mercantil” fue el nombre elegido por Freixa para su criatura: un centro general de informes comerciales que además gestionaba el cobro de deudas. Lo que hoy podríamos considerar una mezcla entre despacho de detectives, asesoría financiera y agencia de recobros. No es que el nombre sonara muy cinematográfico, pero vaya si funcionaba.
Situada estratégicamente en la confluencia de las calles Jovellanos y Pelayo, a dos pasos de la Plaza Cataluña, el centro creció como la espuma. Su éxito fue tan notorio que en pocos años la red se expandió por Madrid —donde abrió una delegación en la calle Alcalá dirigida por la saga franco-española de los Cazeneuve— y más tarde por Bilbao, La Coruña, Valencia y Sevilla.
Crimen a la carta: del navajazo patrio al timo internacional
Pero, ¿por qué Freixa tuvo tanto éxito? ¿Qué hizo que sus servicios fueran tan demandados? Porque vio antes que nadie hacia dónde iba el delito. En su libro La policía moderna (1893), observó que el crimen se había globalizado. Si el capitalismo no conocía fronteras, los delincuentes tampoco. Del bandolero de trabuco y mirada torva se pasaba al estafador elegante con acento extranjero y conocimientos de contabilidad.
Freixa lo tenía claro: el crimen español era directo, algo rudo, y de una violencia primitiva casi folclórica. Pero en Europa ya estaban en otra liga. Hablaban de pickpockets en Londres, voleurs en París, mafiosos engominados en Nápoles. Y con ellos llegaban las estafas financieras, el contrabando de arte, los timos internacionales. Era el amanecer del delito de cuello blanco. Freixa no sólo lo denunció, sino que escribió sobre ello con todo detalle. Timos con solera que en España tenían sus propios clásicos, como el tocomocho o la estampita.
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Entre la literatura y la criminología
Freixa no se conformó con actuar. También escribió. Y mucho. Como si ser pionero no fuese suficiente, se lanzó a la narrativa criminal con títulos que hoy harían las delicias de cualquier editorial de novela negra. El mundo del crimen (1888) y La policía moderna (1893) son dos libros difíciles de clasificar, a medio camino entre el ensayo, el tratado policial y el relato costumbrista con tintes lúgubres.

El magistrado Salvador Vázquez de Parga no dudó en comparar estas obras con las Memorias de Eugène Vidocq, aquel delincuente redimido que acabó dirigiendo la Sûreté francesa. Freixa, al igual que Vidocq, no tenía problema en mezclar anécdota, análisis penal y chascarrillo urbano en una misma página. La narración policiaca, en su caso, servía tanto para alertar como para entretener.

Vamos, que Freixa fue de los primeros en España en convertir la crónica de sucesos en lectura de entretenimiento.
Un periodista con porra
Además de inspector y escritor, Freixa fue también director de prensa. Fundó El Proteccionista, periódico que defendía a capa y espada los intereses de la producción nacional. Una especie de «Marca España» avant la lettre, donde se mezclaban análisis económicos, advertencias sobre peligros foráneos y, por supuesto, informes sobre seguridad pública. Periodismo combativo, con tintes de panfleto patriótico, aderezado con cifras y sospechas razonables.
Años más tarde, su paisano Eduard Toda i Güell —diplomático, viajero, y cronista algo extravagante— lo habría incluido, según algunas fuentes, en su Guía de España y Portugal (1892), mencionando su agencia como un referente nacional.
El detective del XIX que anticipó el siglo XXI
Daniel Freixa anticipó cosas que hoy nos parecen de lo más normal. Como el uso de la información comercial para evaluar riesgos empresariales, la detección de fraudes financieros antes de que existiera la CNMV, o la profesionalización del rastreo y vigilancia fuera del ámbito policial. Todo esto, con pluma, tinta y sellos perforados.
No usaba cámaras ocultas ni micrófonos direccionales. Su red era analógica, pero efectiva: observar, preguntar, cruzar datos y sacar conclusiones, como cualquier buen detective… o cualquier buen periodista de investigación.
La sombra de Montjuïc: el capítulo que no sale en la tarjeta de visita
Hasta aquí, el pionero simpático. Pero la biografía de Freixa tiene un capítulo bastante menos amable. A finales de 1893, el capitán general de Cataluña, Arsenio Martínez Campos, exigió su vuelta a la policía para investigar el atentado del Gran Teatro del Liceo, que había dejado una veintena de muertos y una investigación encallada. En abril de 1895 fue nombrado de nuevo jefe del Cuerpo de Vigilancia de Barcelona, y bajo su mando se inauguró el Gabinete Antropométrico, que fichaba a los delincuentes midiéndoles el cuerpo según el método del francés Alphonse Bertillon.
Entonces llegó el atentado contra la procesión del Corpus, en junio de 1896. Bajo sus órdenes se detuvo a más de cuatrocientas personas, entre ellas intelectuales anarquistas contrarios a la violencia, y periódicos españoles y extranjeros denunciaron torturas para arrancar confesiones. Los procesos de Montjuïc que siguieron se convirtieron en un escándalo internacional. Freixa dimitió en octubre de 1896 alegando motivos de salud, y su agencia, salpicada por la mala prensa, perdió clientes importantes.
Reconvertido después en editor y político, fue diputado provincial por Tarragona entre 1903 y 1907, y su agencia acabó rebautizada como La Mutua Urbana y Mercantil. Lo dicho: un personaje de novela, aunque no de las que acaban bien para todo el mundo.
La Barcelona de los pícaros dio para mucho más: unas décadas después, la policía de la ciudad perseguía a Joan Sanxo Farrerons, el sardanista que se hizo editor de novelas eróticas y coleccionaba multas como otros coleccionan sellos. Y la comarca natal de Freixa, el Alt Camp, tuvo también su misterio: en Nulles, una mesa de nogal se puso a andar sola.
Antes de que los detectives de película fumaran en la penumbra, ya existía él: el primer detective privado de España. Con sus luces y, como hemos visto, con alguna sombra bien negra.
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Fuentes consultadas
- Wikipedia contributors. (2025, October 5). Daniel Freixa y Martí. Wikipedia, The Free Encyclopedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Daniel_Freixa_y_Mart%C3%AD
- Archivodeinalbis. (2020, September 21). El primer detective privado español: Daniel Freixa (DF). https://archivodeinalbis.blogspot.com/2020/09/el-primer-detective-privado-espanol.html
- Historiadelosdetectives. (2020, May 3). Un viaje en el tiempo: así era la primera agencia española de detectives privados. https://historiadelosdetectives.com/2020/05/03/asi-era-la-fachada-de-la-primera-agencia-espanola-de-detectives-privados/
- Viquipèdia. (s. f.). Daniel Freixa i Martí. Viquipèdia, l’enciclopèdia lliure. https://ca.wikipedia.org/wiki/Daniel_Freixa_i_Mart%C3%AD
- Wikipedia. (s. f.). Procesos de Montjuïc. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Procesos_de_Montju%C3%AFc
- Wikipedia. (s. f.). Atentado del Liceo. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Atentado_del_Liceo
- Wikipedia. (s. f.). Alphonse Bertillon. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Alphonse_Bertillon
- Wikipedia. (s. f.). Eduard Toda i Güell. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Eduard_Toda_i_G%C3%BCell
- Wikipedia. (s. f.). Bráfim. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Br%C3%A1fim
- Wikipedia. (s. f.). Arsenio Martínez Campos. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Arsenio_Mart%C3%ADnez_Campos

Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto.Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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