El café de la historia - Fábulas de Esopo

Las 301 mejores fábulas de Esopo

Contenidos

¡Compartir es de sabios!

Fábulas de Esopo

El trompetista tomado prisionero

Un trompetista, que dirigía con valentía a los soldados, fue capturado por el enemigo. Él gritó a sus captores:

Les ruego que me escuchen, y no tomen mi vida sin causa o sin preguntar. No he matado a un solo hombre de su tropa. No tengo ninguna arma, y solamente llevo esta trompeta de cobre.

Es la justa razón por la cual usted debe ser sentenciado, dijeron ellos; porque mientras usted no participa directamente en la lucha, su trompeta mueve a todos los demás para luchar.

Tan responsable es quien ejecuta como quien promueve.

El águila y la flecha


Estaba asentada un águila en el pico de un peñasco esperando por la llegada de las liebres.
Mas la vio un cazador, y lanzándole una flecha le atravesó su cuerpo.
Viendo el águila entonces que la flecha estaba construida con plumas de su propia especie exclamó:
-¡Qué tristeza, terminar mis días por causa
de las plumas de mi especie!
Más profundo es nuestro dolor cuando nos vencen con nuestras propias armas.

La zorra y la pantera


Disputaban otro día la zorra y la pantera acerca de su belleza.
La pantera alababa muy especialmente los
especiales pintados de su piel.
Replicó entonces la zorra diciendo:
— ¡Mucho más hermosa me considero yo, no por las
apariencias de mi cuerpo, sino más bien por mi espíritu!
Las cualidades del espíritu son preferibles a las del cuerpo.

La zorra y el mono coronado rey


En una junta de animales, bailó tan bonito el mono,
que ganándose la simpatía de los espectadores,
fue elegido rey.
Celosa la zorra por no haber sido ella la elegida, vio un trozo de comida en un cepo y llevó allí al mono, diciéndole que había encontrado un tesoro digno de reyes, pero que en lugar de tomarlo para llevárselo a él, lo había guardado para que fuera él personalmente quien lo cogiera, ya que era una prerrogativa real.
El mono se acercó sin más reflexión,
y quedó prensado en el cepo.
Entonces la zorra, a quien el mono acusaba de
tenderle aquella trampa, repuso:
— ¡Eres muy tonto, mono, y todavía pretendes reinar
entre todos los animales!
No te lances a una empresa, si antes no has reflexionado sobre sus posibles éxitos o peligros.

Fábulas de Esopo

El asno y su comprador

Un hombre quiso comprar un asno, y acordó con su dueño que él debería probar al animal antes de comprarlo. Entonces llevó al asno a su casa y lo puso en donde guarda la paja junto con sus otros asnos.

El nuevo animal se separó de todos los demás e inmediatamente se fue junto al que era el más ocioso y el mayor comedor de todos ellos.

Viendo esto, el hombre puso un cabestro sobre él y lo condujo de regreso a su dueño.

Siendo preguntado cómo, en un tiempo tan corto, él podría haber hecho un proceso de calificación, él contestó:

No necesito mayor tiempo; sé que él será exactamente igual a aquel que él eligió para su compañía.

Según con quién te relaciones, así te juzgarán.


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La zorra y el perro


Penetró una zorra en un rebaño de corderos, y arrimando a su pecho a un pequeño corderillo, fingió acariciarle.
Llegó un perro de los que cuidaban el rebaño y le preguntó:
— ¿Qué estás haciendo?
— Le acaricio y juego con él — contestó con cara de inocencia.
— ¡ Pues suéltalo enseguida, si no quieres
conocer mis mejores caricias!
Al impreparado lo delatan sus actos.
Estudia y aprende con gusto y tendrás éxito en tu vida.

La zorra y el mono discuten sobre su nobleza


Viajaban juntos por esta tierra una zorra y un mono, comentando a la vez cada uno sobre su nobleza.
Mientras cada cual detallaba ampliamente sus títulos,
llegaron a cierto lugar. Volvió el mono su mirada hacia un cementerio y rompió a llorar.
Preguntó la zorra que le ocurría, y el mono, mostrándoles unas tumbas le dijo:
— ¡ Oh, cómo no voy a llorar cuando veo las lápidas
funerarias de esos grandes héroes, mis antepasados!
— ¡Puedes mentir cuanto quieras — contestó la zorra –; pues ninguno de ellos se levantará para contradecirte!
Sé siempre honesto en tu vida. Nunca sabrás si el vecino que te escucha sabe la verdad y corroborará o desmentirá tus palabras.

La zorra y el chivo en el pozo


Cayó una zorra en un profundo pozo, viéndose obligada
a quedar adentro por no poder alcanzar la orilla.
Llegó más tarde al mismo pozo un chivo sediento, y viendo a la zorra le preguntó si el agua era buena. Ella, ocultando su verdadero problema, se deshizo en elogios para el agua, afirmando que era excelente, e invitó al chivo a descender y probarla donde ella estaba.
Sin más pensarlo saltó el chivo al pozo, y después de saciar su sed, le preguntó a la zorra cómo harían para salir allí
Dijo entonces la zorra:
— Hay un modo, que sin duda es nuestra mutua salvación.
Apoya tus patas delanteras contra la pared y alza bien arriba tus cuernos; luego yo subiré por tu cuerpo y una vez afuera, tiraré de ti.
Le creyó el chivo y así lo hizo con buen gusto, y la zorra trepando hábilmente por la espalda y los cuernos de su compañero, alcanzó a salir del pozo, alejándose de la orilla al instante, sin cumplir con lo prometido.
Cuando el chivo le reclamó la violación de su convenio,
se volvió la zorra y le dijo:
— ¡ Oye socio, si tuvieras tanta inteligencia como pelos en tu barba, no hubieras bajado sin pensar antes en cómo salir después!
Antes de comprometerte en algo, piensa primero si podrías salir de aquello, sin tomar en cuenta lo que te ofrezcan tus vecinos.

El águila de ala cortada y la zorra


Cierto día un hombre capturó a un águila,
le cortó sus alas y la soltó en el corral junto
con todas sus gallinas. Apenada, el águila,
quien fuera poderosa, bajaba la
cabeza y pasaba sin comer: se sentía
como una reina encarcelada.
Pasó otro hombre que la vio, le gustó y decidió comprarla.
Le arrancó las plumas cortadas y se las hizo crecer de nuevo. Repuesta el águila de sus alas, alzó vuelo, apresó
a una liebre para llevársela en agradecimiento a su liberador.
La vio una zorra y maliciosamente la mal
aconsejaba diciéndole:
–No le lleves la liebre al que te liberó,
sino al que te capturó; pues el que te liberó
ya es bueno sin más estímulo.
Procura más bien ablandar al otro,
no vaya a atraparte de nuevo y te
arranque completamente las alas.
Siempre corresponde generosamente con tus bienhechores, y por prudencia mantente alejado de los malvados que insinúan hacer lo incorrecto.

La zorra con el rabo cortado


Una zorra a la cual un cepo le había cortado la cola, estaba tan avergonzada, que consideraba su vida horrorosa y humillante, por lo cual decidió que la solución sería aconsejar a las demás hermanas cortarse también la cola, para así disimular con la igualdad general, su defecto personal.
Reunió entonces a todas sus compañeras, diciéndoles
que la cola no sólo era un feo agregado, sino
además una carga sin razón.
Pero una de ellas tomó la palabra y dijo:
— Oye hermana, si no fuera por tu conveniencia de ahora,
¿ nos darías en realidad este consejo?
Cuídate de los que dan consejo en busca de su propio beneficio, y no por hacer realmente un bien.

La zorra que nunca había visto un león


Había una zorra que nunca había visto un león.
La puso el destino un día delante de la real fiera. Y como era la primera vez que le veía, sintió un miedo espantoso y se alejó
tan rápido como pudo.
Al encontrar al león por segunda vez, aún sintió miedo, pero menos que antes, y lo observó con calma por un rato.
En fin, al verlo por tercera vez, se envalentonó lo suficiente
hasta llegar a acercarse a él para entablar conversación.
En la medida que vayas conociendo algo, así le irás perdiendo el temor. Pero mantén siempre la distancia y prudencia adecuada.

La zorra y la careta vacía


Entró un día una zorra en la casa de un actor, y después de revisar sus utensilios, encontró entre muchas otras cosas una máscara artísticamente trabajada.
La tomó entre sus patas, la observó y se dijo:
— ¡ Hermosa cabeza! Pero qué lástima que no tiene sesos.
No te llenes de apariencias vacías;
llénate mejor siempre de buen juicio.

La zorra y el hombre labrador


Había un hombre que odiaba a una zorra porque le ocasionaba algunos daños ocasionalmente.
Después de mucho intentarlo, pudo al fin cogerla, y buscando vengarse de ella, le ató a la cola una mecha empapada en aceite y le prendió fuego.
Pero un dios llevó a la zorra a los campos que cultivaba aquel hombre.
Era la época en que ya se estaba listo para la recolección del producto y el labrador siguiendo a la raposa, contempló llorando, cómo al pasar ella por sus campos, se quemaba toda su producción.
Procura ser comprensivo e indulgente, pues siempre sucede que el mal que generamos, tarde o temprano se regresa en contra nuestra.

El águila y la zorra


Un águila y una zorra que eran muy amigas decidieron
vivir juntas con la idea de que eso afianzaría su amistad.
El águila escogió un árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra al pie del mismo árbol.
Un día que la zorra salió a buscar su comida, el águila, que estaba hambrienta cayó sobre las zarzas, se llevó a los zorruelos, y entonces ella y sus crías se regocijaron con un banquete.
Regresó la zorra y más le dolió el no poder vengarse, que saber de la muerte de sus pequeños; ¿Cómo podría ella, siendo un animal terrestre, sin poder volar, perseguir a uno que vuela? Tuvo que conformarse con el usual consuelo de los débiles e impotentes: maldecir desde lo lejos a su enemigo.
Mas no pasó mucho tiempo para que el águila recibiera el pago de su traición contra la amistad. Se encontraban en el campo unos pastores sacrificando una cabra; cayó el águila sobre ella y se llevó una víscera que aún conservaba fuego, colocándola en su nido.
Vino un fuerte viento y transmitió el fuego a las pajas, ardiendo también sus pequeños aguiluchos, que por pequeños
aún no sabían volar, los cuales se vinieron al suelo.
Corrió entonces la zorra, y tranquilamente devoró a todos los aguiluchos ante los ojos de su enemiga.
Nunca traiciones la amistad sincera, pues si lo hicieras, tarde o temprano del cielo llegará el castigo.

La zorra y el cangrejo de mar


Queriendo mantener su vida solitaria, pero un poco diferente a la ya acostumbrada, salió un cangrejo del mar y se fue a vivir a la playa.
Lo vio una zorra hambrienta, y como no encontraba
nada mejor para comer, corrió hacia él y lo capturó.
Entonces el cangrejo, ya listo para ser devorado exclamó:
— ¡Merezco todo esto, porque siendo yo animal del mar,
he querido comportarme como si fuera de la tierra!
Si intentas entrar a terrenos desconocidos, toma primero las precauciones debidas, no vayas a ser derrotado por lo que no conoces.

La zorra y el cuervo hambriento


Un flaco y hambriento cuervo se posó en una higuera,
y viendo que los higos aún estaban verdes, se
quedó en el sitio a esperar a que maduraran.
Vio una zorra al hambriento cuervo eternizado en la higuera, y le preguntó qué hacía. Una vez que lo supo, le dijo:
— Haces muy mal perdiendo el tiempo confiado a
una lejana esperanza; la esperanza se llena de bellas
ilusiones, mas no de comida.
Si tienes una necesidad inmediata, de nada te servirá pensar satisfacerla con cosas inalcanzables.

La zorra y el cuervo gritón


Un cuervo robó a unos pastores un pedazo de carne
y se retiró a un árbol.
Lo vio una zorra, y deseando apoderarse de aquella carne empezó a halagar al cuervo, elogiando sus elegantes proporciones y su gran belleza, agregando además que no había encontrado a nadie mejor dotado que él para ser el rey de las aves, pero que lo afectaba el hecho de que no tuviera voz.
El cuervo, para demostrarle a la zorra que no
le faltaba la voz, soltó la carne para lanzar
con orgullo fuertes gritos.
La zorra, sin perder tiempo, rápidamente cogió la carne y le dijo:
— Amigo cuervo, si además de vanidad tuvieras entendimiento, nada más te faltaría realmente para ser el rey de las aves.
Cuando te adulen, es cuando con más razón debes cuidar de tus bienes.

Las zorras, las águilas y las liebres


Cierto día las águilas se declararon en guerra contra las liebres.
Fueron entonces éstas a pedirle ayuda a las zorras.
Pero ellas les contestaron:
— Las hubiéramos ayudado si no supiéramos
quienes son ustedes y si tampoco
supiéramos contra quienes luchan.
Antes de decidir unirte a una campaña, mide primero la capacidad de los posibles adversarios.

La zorra y la liebre


Dijo un día una liebre a una zorra:
— ¿Podrías decirme si realmente es cierto que tienes muchas ganancias, y por qué te llaman la “ganadora”?
— Si quieres saberlo — contestó la zorra –,
te invito a cenar conmigo.
Aceptó la liebre y la siguió; pero al llegar a
casa de doña zorra vio que no había
más cena que la misma liebre.
Entonces dijo la liebre:
— ¡Al fin comprendo para mi desgracia de donde viene tu nombre:
no es de tus trabajos, sino de tus engaños!
Nunca le pidas lecciones a los tramposos, pues tú mismo serás el tema de la lección.

El águila, la liebre y el escarabajo


Estaba una liebre siendo perseguida por un águila,
y viéndose perdida pidió ayuda a un escarabajo,
suplicándole que le ayudara.
Le pidió el escarabajo al águila que perdonara
a su amiga. Pero el águila, despreciando
la insignificancia del escarabajo,
devoró a la liebre en su presencia.
Desde entonces, buscando vengarse, el escarabajo observaba los lugares donde el águila ponía sus huevos, y haciéndolos rodar, los tiraba a tierra. Viéndose el águila echada del lugar a donde quiera que fuera, recurrió a Zeus pidiéndole un lugar seguro para depositar sus huevos.
Le ofreció Zeus colocarlos en su regazo, pero el escarabajo,
viendo la táctica escapatoria, hizo una bolita de estiércol,
voló y la dejó caer sobre el regazo de Zeus.
Se levantó entonces Zeus para sacudirse aquella suciedad, y tiró por tierra los huevos sin darse cuenta. Por eso desde entonces, las águilas no ponen huevos en la época en que salen a volar los escarabajos.
Nunca desprecies lo que parece insignificante,
pues no hay ser tan débil que no pueda alcanzarte.

La zorra y el león anciano


Un anciano león, incapaz ya de obtener por su propia fuerza la comida, decidió hacerlo usando la astucia. Para ello se dirigió a una cueva y se tendió en el suelo, gimiendo y fingiendo que estaba enfermo. De este modo, cuando los otros animales pasaban para visitarle, los atrapaba inmediatamente para su comida.
Habían llegado y perecido ya bastantes animales,
cuando la zorra, adivinando cuál era su ardid, se
presentó también, y deteniéndose a prudente distancia de la caverna, preguntó al león cómo le iba con su salud.
— Claro que hubiera entrado — le dijo la zorra —
si no viera que todas las huellas entran,
pero no hay ninguna que llegara a salir.
Siempre advierte a tiempo los indicios del peligro, y así evitarás que te dañe.

La zorra, el oso y el león


Habiendo encontrado un león y un oso al mismo tiempo a un cervatillo, se retaron en combate a ver cual de los dos se quedaba con la presa.
Una zorra que por allí pasaba, viéndolos extenuados por la lucha y con el cervatillo al medio, se apoderó de éste y corrió pasando tranquilamente entre ellos.
Y tanto el oso como el león, agotados y
sin fuerzas para levantarse, murmuraron:
— ¡Desdichados nosotros! ¡Tanto esfuerzo y tanta lucha hicimos para que todo quedara para la zorra!
Por empeñarnos en no querer compartir, podemos perderlo todo.

Las ranas y el pantano seco


Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el verano y se secó, por lo cual lo abandonaron para buscar otro con agua. Hallaron en su camino un profundo pozo repleto de agua, y al verlo, dijo una rana a la otra:
— Amiga, bajemos las dos a este pozo.
— Pero, y si también se secara el agua de este pozo, — repuso la compañera –, ¿Cómo crees que subiremos entonces?
Al tratar de emprender una acción, analiza primero las consecuencias de ella.

La rana del pantano y la rana del camino


Vivía una rana felizmente en un pantano profundo,
alejado del camino, mientras su vecina vivía muy orgullosa
en una charca al centro del camino.
La del pantano le insistía a su amiga que se fuera
a vivir al lado de ella, alejada del camino; que allí
estaría mejor y más segura.
Pero no se dejó convencer, diciendo que
le era muy difícil abandonar una morada donde
ya estaba establecida y satisfecha.
Y sucedió que un día pasó por el camino, sobre la charca, un carretón, y aplastó a la pobre rana que no quiso aceptar el mudarse.
Si tienes la oportunidad de mejorar tu posición, no la rechaces.

Las ranas pidiendo rey


Cansadas las ranas del propio desorden y anarquía en que vivían, mandaron una delegación a Zeus para que les enviara un rey.
Zeus, atendiendo su petición,
les envió un grueso leño a su charca.
Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se escondieron donde mejor pudieron. Por fin, viendo que el leño no se movía más, fueron saliendo a la superficie y dada la quietud que predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por el nuevo rey, que brincaban sobre él y se le sentaban encima, burlándose sin descanso.
Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca
a un simple madero, volvieron donde Zeus,
pidiéndole que les cambiara al rey,
pues éste era demasiado tranquilo.
Indignado Zeus, les mandó una activa serpiente de agua que, una a una, las atrapó y devoró a todas sin compasión.
A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger a uno sencillo y honesto, en vez de a uno muy emprendedor pero malvado o corrupto.

La rana que decía ser médico y la zorra


Gritaba un día una rana desde su pantano a los demás animales:
— ¡Soy médico y conozco muy bien todos
los remedios para todos los males!
La oyó una zorra y le reclamó:
— ¿Cómo te atreves a anunciar ayudar a los demás, cuando tú misma cojeas y no te sabes curar?
Nunca proclames ser lo que no puedes demostrar con el ejemplo.

La rana gritona y el león


Oyó una vez un león el croar de una rana,
y se volvió hacia donde venía el sonido,
pensando que era de algún animal muy importante.
Esperó y observó con atención un tiempo, y cuando vio a la rana que salía del pantano, se le acercó y la aplastó diciendo:
— ¡Tú, tan pequeña y lanzando esos tremendos gritos!
Quien mucho habla, poco es lo que dice.

El león y el boyero


Un boyero que apacentaba un hato de bueyes perdió un ternero. Lo buscó, recorriendo los alrededores sin encontrarlo. Entonces prometió a Zeus sacrificarle un cabrito si descubría quien se lo había robado.
Entró de inmediato al bosque y vio a un león
comiéndose al ternero.
Levantó aterrado las manos al cielo gritando:
— ¡Oh grandioso Zeus, antes te prometí inmolarte
un cabrito si encontraba al ladrón; pero
ahora te prometo sacrificar un toro si
consigo no caer en las garras del ladrón!
Cuando busques una solución, ten presente que al encontrarla, ésta a su vez puede convertirse en el siguiente problema.

El león y los tres bueyes


Pastaban juntos siempre tres bueyes.
Un león quería devorarlos, pero el estar juntos los tres bueyes le impedía hacerlo, pues el luchar contra los tres a la vez lo ponía en desventaja.
Entonces con astucia recurrió a enojarlos entre sí con pérfidas patrañas, separándolos a unos de los otros.
Y así, al no estar ya unidos, los devoró tranquilamente, uno a uno.
Si permites que deshagan tu unidad con los tuyos, más fácil será que te dañen.

El león y el mosquito volador


Un mosquito se acercó a un león y le dijo:
— No te temo, y además, no eres más fuerte que yo.
Si crees lo contrario, demuéstramelo.
¿Qué arañas con tus garras y
muerdes con tus dientes?
¡Eso también lo hace una mujer defendiéndose de un ladrón!
Yo soy más fuerte que tú, y si quieres, ahora mismo te desafío a combate.
Y haciendo sonar su zumbido, cayó el mosquito sobre el león, picándole repetidamente alrededor de la nariz, donde no tiene pelo.
El león empezó a arañarse con sus propias garras,
hasta que renunció al combate. El mosquito victorioso
hizo sonar de nuevo su zumbido; y sin darse cuenta, de tanta alegría, fue a enredarse en una tela de araña.
Al tiempo que era devorado por la araña,
se lamentaba que él, que luchaba contra los
más poderosos venciéndolos, fuese a perecer a
manos de un insignificante animal, la araña.
No importa que tan grandes sean los éxitos en tu vida, cuida siempre que la dicha por haber obtenido uno de ellos, no lo arruine todo.

El buen rey león – Fábulas de Esopo


Había un león que no era enojoso, ni cruel, ni violento, sino tratable y justo como una buena criatura, que llegó a ser el rey.
La tímida liebre dijo entonces:
— He anhelado ardorosamente ver llegar este día, a fin de que los débiles seamos respetados con justicia por los más fuertes.
E inmediatamente corrió lo mejor que pudo.
Cuando en un Estado se practica la justicia, los humildes pueden vivir tranquilos…, pero no deben atenerse.

El león apresado por el labrador – Fábulas de Esopo


Entró un león en la cuadra de un labrador, y éste, queriendo cogerlo, cerró la puerta. El león, al ver que no podía salir, empezó a devorar primero a los carneros, y luego a los bueyes.
Entonces el labrador, temiendo por su
propia vida, abrió la puerta.
Se fue el león, y la esposa del labrador, al oírlo quejarse le dijo:
— Tienes lo que buscaste, pues ¿por qué has tratado
de encerrar a una fiera que más bien
debías de mantener alejada?
Si te metes a competir con los más poderosos, prepárate antes muy bien. De lo contrario saldrás malherido de la contienda.

El león enamorado de la hija del labrador – Fábulas de Esopo


Se había enamorado un león de la hija de un labrador y
la pidió en matrimonio.
Y no podía el labrador decidirse a dar su hija a tan
feroz animal, ni negársela por el temor que
le inspiraba.
Entonces ideó lo siguiente: como el león no dejaba
de insistirle, le dijo que le parecía digno para ser
esposo de su hija, pero que al menos debería cumplir con la siguiente condición:
que se arrancara los dientes y se cortara sus uñas,
porque eso era lo que atemorizaba a su hija.
El león aceptó los sacrificios porque en verdad la amaba.
Una vez que el león cumplió lo solicitado, cuando
volvió a presentarse ya sin sus poderes,
el labrador lleno de desprecio por él,
lo despidió sin piedad a golpes.
Nunca te fíes demasiado como para despojarte de tus propias defensas, pues fácilmente serás vencido por los que antes te respetaban.

El león, la zorra y el ciervo – Fábulas de Esopo


Habiéndose enfermado el león, se tumbó en una cueva, diciéndole a la zorra, a la que estimaba mucho y con quien tenía muy buena amistad:
— Si quieres ayudarme a curarme y que siga vivo,
seduce con tu astucia al ciervo y tráelo acá, pues
estoy antojado de sus carnes.
— Vengo a darte una excelente noticia. Como sabes, el león, nuestro rey, es mi vecino; pero resulta que ha enfermado y está muy grave. Me preguntaba qué animal podría sustituirlo como rey después de su muerte.
Y me comentaba: “el jabalí no, pues no es muy inteligente;
el oso es muy torpe; la pantera muy temperamental;
el tigre es un fanfarrón; creo que el ciervo es el más
digno de reinar, pues es esbelto, de larga vida,
y temido por las serpientes por sus cuernos.”
Pero para qué te cuento más, está
decidido que serás el rey.
¿Y que me darás por habértelo anunciado de primero?
Contéstame, que tengo prisa y temo que me llame,
pues yo soy su consejero. Pero si quieres oír a un
experimentado, te aconsejo que me sigas y acompañes
fielmente al león hasta su muerte.
Terminó de hablar la zorra, y el ciervo, lleno de vanidad con aquellas palabras, caminó decidido a la cueva sin sospechar lo que ocurriría.
Al verlo, el león se le abalanzó, pero sólo logró rasparle las orejas. El ciervo, asustado, huyó velozmente hacia el bosque.
La zorra se golpeaba sus patas al ver perdida su partida. Y el león lanzaba fuertes gritos, estimulado por su hambre y la pena. Suplicó a la zorra que lo intentara de nuevo. Y dijo la zorra:
— Es algo penoso y difícil, pero lo intentaré.
Salió de la cueva y siguió las huellas del ciervo hasta encontrarlo reponiendo sus fuerzas.
Viéndola el ciervo, encolerizado y listo para atacarla, le dijo:
¡Zorra miserable, no vengas a engañarme! ¡Si das un paso más, cuéntate como muerta! Busca a otros que no sepan de ti, háblales bonito y súbeles los humos prometiéndoles el trono, pero ya no más a mí.
Mas la astuta zorra le replicó:
— Pero señor ciervo, no seas tan flojo y cobarde. No desconfíes de nosotros que somos tus amigos. El león, al tomar tu oreja, sólo quería decirte en secreto sus consejos e instrucciones de cómo gobernar, y tú ni siquiera tienes paciencia para un simple arañazo de un viejo enfermo. Ahora está furioso contra ti y está pensando en hacer rey al intrépido lobo. ¡Pobre!, ¡todo lo que sufre por ser el amo! Ven conmigo, que nada tienes que temer, pero eso sí, sé humilde como un cordero. Te juro por toda esta selva que no debes temer nada del león. Y en cuanto a mí, sólo pretendo servirte.
Y engañado de nuevo, salió el ciervo hacia la cueva. No había más
que entrado, cuando ya el león vio plenamente saciado su antojo,
procurando no dejar ni recuerdo del ciervo. Sin embargo cayó el corazón al suelo, y lo tomó la zorra a escondidas, como
pago a sus gestiones. Y el león buscando el faltante
corazón preguntó a la zorra por él. Le contestó la zorra:
— Ese ciervo ingenuo no tenía corazón, ni lo busques. ¿Qué clase de corazón podría tener un ciervo que vino dos veces a la casa y a las garras del león?
Nunca permitas que el ansia de honores perturbe tu buen juicio, para que no seas atrapado por el peligro.

El león y la liebre – Fábulas de Esopo


Sorprendió un león a una liebre que dormía tranquilamente. Pero cuando estaba a punto de devorarla, vio pasar a un ciervo. Dejó entonces a la liebre por perseguir al ciervo.
Despertó la liebre ante los ruidos de la persecución, y no esperando más, emprendió su huída.
Mientras tanto el león, que no pudo dar alcance al ciervo,
ya cansado, regresó a tomar la liebre y se encontró con que
también había buscado su camino a salvo.
Entonces se dijo el león:
— Bien me lo merezco, pues teniendo ya una presa en mis manos, la dejé para ir tras la esperanza de obtener una mayor.
Si tienes en tus manos un pequeño beneficio, cuando busques uno mayor, no abandones el pequeño que ya tienes, hasta tanto no tengas realmente en tus manos el mayor.

El león y el jabalí – Fábulas de Esopo


Durante el verano, cuando con el calor aumenta la sed,
acudieron a beber a una misma fuente un león y un jabalí.
Discutieron sobre quien debería sería el primero en beber,
y de la discusión pasaron a una feroz lucha a muerte.
Pero, en un momento de descanso, vieron una
nube de aves rapaces en espera de algún
vencido para devorarlo.
Entonces, recapacitando, se dijeron:
— ¡Más vale que seamos amigos y
no pasto de los buitres y cuervos!
Las luchas inútiles sólo sirven para enriquecer y alimentar a sus espectadores.

El león y el delfín – Fábulas de Esopo


Paseaba un león por una playa y vio a un delfín
asomar su cabeza fuera del agua.
Le propuso entonces una alianza:
— Nos conviene unirnos a ambos, siendo tú el rey de
los animales del mar y yo el de los terrestres– le dijo.
Aceptó gustoso el delfín. Y el león, quien desde
hacía tiempo se hallaba en guerra contra un loro salvaje,
llamó al delfín a que le ayudara. Intentó el delfín salir del agua,
mas no lo consiguió, por lo que el león lo acusó de traidor.
— ¡No soy yo el culpable ni a quien debes
acusar, sino a la Naturaleza — respondió el delfín –,
porque ella es quien me hizo acuático
y no me permite pasar a la tierra!
Cuando busques alianzas, fíjate que tus aliados estén en verdad capacitados de unirte a ti en lo pactado.

El león, la zorra y el lobo – Fábulas de Esopo


Cansado y viejo el rey león, se quedó enfermo en su cueva, y los demás animales, excepto la zorra, lo fueron a visitar.
Aprovechando la ocasión de la visita, acusó el lobo
a la zorra expresando lo siguiente:
— Ella no tiene por nuestra alteza ningún respeto, y por eso ni siquiera se ha acercado a saludar o preguntar por su salud.
En ese preciso instante llegó la zorra, justo a tiempo
para oír lo dicho por el lobo. Entonces el león,
furioso al verla, lanzó un feroz grito contra la zorra
; pero ella, pidió la palabra para justificarse, y dijo:
— Dime, de entre todas las visitas que aquí tenéis, ¿quién te ha dado tan especial servicio como el que he hecho yo, que busqué por todas partes médicos que con su sabiduría te recetaran un remedio ideal para curarte, encontrándolo por fin?
— ¿Y cuál es ese remedio?, dímelo inmediatamente. —
Ordenó el león.
— Debes sacrificar a un lobo y ponerte su
piel como abrigo — respondió la zorra.
Inmediatamente el lobo fue condenado a muerte,
y la zorra, riéndose exclamó:
— Al patrón no hay que llevarlo hacia el rencor, sino hacia la benevolencia.
Quien tiende trampas para los inocentes, es el primero en caer en ellas.

El león y el asno ingenuo – Fábulas de Esopo


Se juntaron el león y el asno para cazar animales salvajes. El león utilizaba su fuerza y el asno las coses de sus pies. Una vez que acumularon cierto número de piezas, el león las dividió en tres partes y le dijo al asno:
— La primera me pertenece por ser el rey; la segunda
también es mía por ser tu socio, y sobre la tercera, mejor
te vas largando si no quieres que te vaya como a las presas.
Para que no te pase las del asno, cuando te asocies, hazlo con socios de igual poder que tú, no con otros todopoderosos.

El león y el asno presuntuoso – Fábulas de Esopo


De nuevo se hicieron amigos el ingenuo asno
y el león para salir de caza. Llegaron a una cueva
donde se refugiaban unas cabras monteses,
y el león se quedó a guardar la salida, mientras
el asno ingresaba a la cueva coceando y rebuznando,
para hacer salir a las cabras.
Una vez terminada la acción, salió el asno de la cueva y le preguntó si no le había parecido excelente su actuación al haber luchado con tanta bravura para expulsar a las cabras.
— ¡Oh sí, soberbia — repuso el león, que hasta yo mismo
me hubiera asustado si no supiera de quien se trataba!
Si te alabas a ti mismo, serás simplemente objeto de la burla, sobre todo de los que mejor te conocen.

El león y el ratón – Fábulas de Esopo


Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente
atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le
perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el
momento oportuno. El león echó a reír y lo dejó marchar.
Pocos días después unos cazadores apresaron al rey
de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso
árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oír
los lamentos del león, corrió al lugar
y royó la cuerda, dejándolo libre.
— Días atrás — le dijo –, te burlaste de mí pensando
que nada podría hacer por ti en agradecimiento.
Ahora es bueno que sepas que los pequeños
ratones somos agradecidos y cumplidos.
Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando llegue el momento las cumplirán.

El león, la zorra y el asno – Fábulas de Esopo


El león, la zorra y el siempre ingenuo asno se
asociaron para ir de caza.
Cuando ya tuvieron bastante, dijo el león al asno que repartiera entre los tres el botín. Hizo el asno tres partes iguales y le pidió al león que escogiera la suya. Indignado por haber hecho las tres partes iguales, saltó sobre él y lo devoró.
Entonces pidió a la zorra que fuera ella quien repartiera.
La zorra hizo un montón de casi todo, dejando en el otro grupo sólo unas piltrafas. Llamó al león para que escogiera de nuevo.
Al ver aquello, le preguntó el león que quien
le había enseñado a repartir tan bien.
— ¡Pues el asno, señor, el asno!
Siempre es bueno no despreciar el error ajeno y más bien aprender de él.

El león, Prometeo y el elefante – Fábulas de Esopo


No dejaba un león de quejarse ante Prometeo diciéndole:
— Tu me hiciste bien fuerte y hermoso, dotado de mandíbulas con buenos colmillos y poderosas garras en las patas, y soy el más dominante de los animales. Sin embargo le tengo un gran temor al gallo.
— ¿ Por qué me acusas tan a la ligera? ¿ No estás satisfecho con todas las ventajas físicas que te he dado?
Lo que flaquea es tu espíritu.
Replicó Prometeo.
Siguió el león deplorando su situación, juzgándose de pusilánime. Decidió entonces poner fin a su vida.
Se encontraba en esta situación cuando llegó el elefante,
se saludaron y comenzaron a charlar. Observó el león que el elefante movía constantemente sus orejas,
por lo que le preguntó la causa.
— ¿Ves ese minúsculo insecto que zumba a mi alrededor?–respondió el elefante –,
pues si logra ingresar dentro de mi oído, estoy perdido.
Entonces se dijo el león: ¿No sería insensato dejarme morir, siendo yo mucho más fuerte y poderoso que el elefante, así como mucho más fuerte y poderoso es el gallo con el mosquito?
Muchas veces, muy pequeñas molestias nos hacen olvidar las grandezas que poseemos.



Fábulas de Esopo, segunda parte

Fábulas de Esopo Segunda parte

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