Saltar al contenido
INICIO » Día Internacional de Besar a un Pelirrojo: historia, curiosidades y significado

Día Internacional de Besar a un Pelirrojo: historia, curiosidades y significado

Cada 12 de enero el calendario se permite un gesto travieso y bastante reivindicativo: invita a celebrar el Día Internacional de Besar a un Pelirrojo. No es, pese a las apariencias, una jornada inventada para repartir besos como si no hubiera un mañana. Nace más bien como respuesta irónica y afectuosa a la larga lista de burlas y estereotipos que arrastran quienes llevan el cabello teñido por la feomelanina.

La fecha puede parecer el típico chascarrillo elevado a fiesta global, pero detrás de su desenfado late una historia mucho más turbia. Un activista canadiense decidió que, si alguien había tenido la peregrina idea de promover un “día para pegar a pelirrojos”, sería justo convertir esa ocurrencia en su contrario: un día para besarles, reconocer su singularidad y desmontar prejuicios con humor y un punto de ternura.

De las patadas a los besos: el arranque inesperado de una efeméride

La historia arranca en 2008, cuando un episodio de South Park dedicado a caricaturizar a los pelirrojos se convierte en germen de un fenómeno mucho menos inocente. De aquella sátira surge en redes sociales un “Día de patear a un pelirrojo”, que pasa con inquietante rapidez del chiste virtual al patio de varios institutos estadounidenses, donde se registran agresiones reales motivadas por la tontería del momento.

día internacional de besar a un pelirrojo

Ahí entra en escena Derek Forgie, humorista y activista harto de ver cómo la burla recurrente se transmutaba en excusa para el acoso. En 2009 decidió responder con una propuesta tan sencilla como irresistible: Día de Besar a un Pelirrojo, a celebrar cada 12 de enero. Si había un día para la agresión, ¿por qué no uno para la celebración? La idea prendió al instante y las redes se poblaron de fotos, mensajes cariñosos y besos simbólicos dirigidos a ese 2 % escaso de la población mundial.

Con los años, la efeméride ha ido apareciendo en calendarios curiosos, programas de entretenimiento y artículos de divulgación, y se ha consolidado como una mezcla peculiar de humor, activismo ligero y justicia capilar.

La rareza genética que da pie a tantos mitos

Toda esta historia de besos y agravios se sostiene sobre un dato que pocos conocen: apenas entre el 1 y el 2 % de la población mundial nace pelirroja. Alrededor de 150 millones de personas repartidas por el planeta comparten ese tono rojizo que salta a la vista incluso en días nublados.

La explicación, lejos de la magia o del folclore que tantas veces se le ha atribuido, reside en una variación del gen MC1R, encargado de determinar qué tipo de melanina produce el organismo. Cuando el gen muta, disminuye la eumelanina, responsable de los tonos oscuros, y aumenta la feomelanina, que aporta el característico color cobrizo. De propina, esa alteración suele venir acompañada de piel clara y un generoso surtido de pecas.

Se trata de un gen recesivo, lo que obliga a heredar dos copias alteradas para que el cabello aflore rojizo. Por eso son pocos, pero no, no están en vías de desaparecer, por mucho que los rumores insistan. La genética continúa haciendo su trabajo, y las sorpresas pelirrojas siguen apareciendo en las familias cuando nadie lo espera.

Además, varias investigaciones apuntan a que estas personas podrían tener una sensibilidad diferente al dolor, al frío o al efecto de ciertos anestésicos. Rasgos que, combinados con su rareza estadística, han alimentado todo tipo de leyendas, más imaginativas que científicas, pero persistentes.

La distribución geográfica añade otro toque de misterio. La mayor concentración se encuentra en el noroeste de Europa: Escocia, Irlanda, algunas zonas de Inglaterra, Noruega o Islandia presentan porcentajes muy superiores al resto del planeta. Allí resulta habitual entrar en un pub y encontrar más cabezas rojizas que rubias.

Estigmas, supersticiones y la broma que se les fue de las manos

El pelo rojo ha generado, a lo largo de la historia, una mezcla de fascinación y recelo. En distintos momentos fue asociado a la mala suerte, a los temperamentos explosivos, a pactos imaginarios con fuerzas oscuras o incluso a la brujería. Las supersticiones calaron tanto que, durante siglos, ser pelirrojo podía convertirse en un pasaporte directo a la desconfianza ajena.

La cultura popular reciente tampoco ha ayudado a desterrar viejos tópicos. El famoso episodio “Ginger Kids” convirtió a los pelirrojos en blanco de un humor que caló más hondo de lo previsto. Algunos artistas de cabello rojizo han contado cómo, tras esa emisión, empezaron a recibir comentarios que reproducían, entre risas, la misma caricatura burlesca difundida por la serie.

En este ambiente de bromas pesadas y estereotipos desgastados surge el ya mencionado “Día de patear a un pelirrojo”. Una ocurrencia que derivó en agresiones reales y obligó a varias escuelas a intervenir para frenar un fenómeno que se había disfrazado de chiste colectivo. La respuesta de Besar a un Pelirrojo funciona casi como un antídoto: mismo objetivo, pero mensaje radicalmente opuesto. De la patada al beso simbólico.

Cómo celebrar el Día de Besar a un Pelirrojo sin que nadie acabe en comisaría

La idea central es tan sencilla que sorprende que no se hubiera planteado antes: dedicar un día al año a reconocer, visibilizar y festejar a las personas pelirrojas, ya sean naturales o teñidas. La mayoría de celebraciones se mueven en redes sociales, donde abundan las fotografías, las declaraciones cariñosas y los guiños de complicidad entre usuarios.

En algunas ciudades también se organizan encuentros, fiestas temáticas o actividades pensadas para reivindicar este rasgo físico sin solemnidad excesiva. El beso, real o figurado, actúa como gesto de reconciliación con un estereotipo que ha servido de excusa para tantas bromas. Un pequeño acto de reivindicación envuelto en humor.

Conviene, eso sí, recordar lo evidente: un beso se pide. El espíritu de la jornada no anima a lanzarse sobre desconocidos, sino a mostrar afecto con cierto decoro y a elegir alternativas más prudentes —un abrazo, una foto, un comentario amable— cuando el beso no es bienvenido. La idea es celebrar, no incomodar.

La fecha también funciona como excusa para hablar de temas más serios: acoso escolar, diversidad física o la ligereza con que se normalizan ciertos chistes. Profesores, familias y comunicadores aprovechan el día para desmontar prejuicios y explicar que el humor puede ser amable sin necesidad de convertir en diana a quienes destacan por un simple rasgo genético.

En definitiva, el 12 de enero recuerda que ese brillo rojizo que capta la luz incluso en invierno no necesita interpretaciones disparatadas. Basta con un poco de respeto, algo de humor bien dirigido y la consciencia de que a veces un gesto pequeño puede desmontar un estereotipo que lleva siglos dando guerra.

Vídeo: “Kiss a Ginger Day – January 12th”

Fuentes consultadas

Nuevas curiosidades cada semana →

Únete a El Café de la Historia y disfruta una selección semanal de historias curiosas.

Únete a El Café de la Historia y disfruta una selección semanal de historias curiosas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *