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El artista japonés que cocinó sus genitales: cinco comensales y medio planeta de espectador incómodo

Mao Sugiyama con gorra y mechas rubias, junto a una mano cortando con un cuchillo el plato que sirvió en 2012

El 13 de mayo de 2012, en una pequeña sala de Asagaya, en Tokio, cinco personas pagaron 20.000 yenes cada una por un plato de champiñones, perejil y los genitales del cocinero. El chef, y donante, era Mao Sugiyama, un ilustrador de 22 años que se los había hecho extirpar semanas antes y que los había ofrecido en Twitter como cena-performance. Según los comensales, sabían a goma. Según la policía japonesa, aquello no era canibalismo, porque esa palabra ni siquiera figuraba en su código penal.

El gesto público: precio, redes sociales y un menú surrealista

Aquella primavera de 2012, el artista anunció con la serenidad de quien vende una bicicleta usada algo que difícilmente podía clasificarse en una categoría conocida: ofrecía sus genitales —pene, testículos y escroto incluidos— como comida, dispuestos a ser cocinados al gusto del comprador, en el lugar que este eligiera.

El precio pedido en el tuit, cien mil yenes por el lote completo, convirtió la oferta en titular inmediato. Y no solo por el producto: el artista mezclaba motivos personales, como cubrir los gastos médicos, con el espectáculo.

La velada no se limitó a un intercambio culinario. Fue presentada como un evento artístico con música, paneles explicativos y un chef de ocasión que no era otro que el propio protagonista. Fue el 13 de mayo de 2012, en una pequeña sala de Asagaya, en el distrito tokiota de Suginami, ante unos 70 asistentes que habían pagado entrada. Solo cinco aguerridos comensales desembolsaron 20.000 yenes cada uno (unos 200 euros de entonces) por una ración del insólito plato.

El resto prefirió quedarse en terrenos gastronómicos menos comprometidos, pero no se perdió el espectáculo, que tenía algo de exposición, algo de ceremonia y bastante de circo.

De la cocina experimental al rigor sanitario

Los testimonios de la época insisten en que las «partes» fueron tratadas —según el propio autor— con un rigor casi quirúrgico: congeladas, embolsadas por duplicado y después preparadas siguiendo una receta sencilla que incluía champiñones y perejil italiano. El veredicto de los comensales, según contaron después, fue que aquello resultaba «gomoso y casi sin sabor». Ninguna estrella Michelin en el horizonte, pues.

Mesa con mantel rojo, hornillo y sartén durante la cena de Mao Sugiyama en Asagaya, Tokio, en mayo de 2012

No faltaron las menciones a las precauciones legales: se aseguró que se respetaban las normativas sobre manejo de restos orgánicos, residuos médicos y salubridad alimentaria. Y aunque muchos dudaron de si semejante evento podía cumplirlas realmente, lo cierto es que la operación sirvió para abrir un debate tan incómodo como inevitable sobre los límites éticos de ciertas expresiones artísticas.

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El detalle legal: cuando el tabú no está en el código

El aspecto jurídico resultó, quizá, tan chocante como el propio banquete. En Japón, al menos en aquel momento, no existía una ley específica que prohibiera la ingesta de carne humana. Este vacío obligó a las autoridades a buscar otros encajes legales. La policía de Tokio terminó investigando el caso y, en septiembre de 2012, lo remitió a la fiscalía, no por canibalismo —categoría inexistente en el código penal— sino por «exhibición pública de material obsceno». En el expediente iban también otras tres personas de la organización, entre ellas la bailarina a la que, según la prensa japonesa, se le ocurrió lo de la cena. No consta que el asunto llegara nunca a juicio.

Plato de la cena de Mao Sugiyama con los genitales cocinados, champiñones y perejil, con rótulos en japonés

Lejos de justificar nada, esta laguna puso de relieve un dilema contemporáneo: ¿cómo se legisla lo que a nadie se le había ocurrido prohibir? El suceso llevó a juristas y a periodistas a debatir sobre identidad, autonomía corporal y protección de la dignidad humana, trasladando la controversia desde la cocina hasta el foro público.

Entre la identidad y el espectáculo

Las declaraciones del artista, recogidas por diversas agencias, revelaban una mezcla de motivaciones que iban más allá del simple escándalo. La performance pretendía visibilizar la asexualidad, cuestionar los rígidos binarismos de género y explorar cómo el cuerpo puede convertirse en soporte, mensaje y, en este caso, mercancía.

Para unos, era activismo crudo y directo; para otros, una jugada para captar atención mediática con el método más radical imaginable. La lectura final dependía del observador, pero incluso las interpretaciones más benevolentes admitían que el evento funcionaba como un formidable imán para el morbo contemporáneo.

Arte extremo

El nombre de Mao Sugiyama, seudónimo elegido por el artista, se sumó de inmediato a la lista del arte corporal extremo, el de quienes se cortan, se pintan o se perforan delante del público. Pero aquí había un salto: el público no miraba, se comía al artista.

La repercusión pública osciló entre la estupefacción irónica (“cosas que solo pasan en Japón”) y la condena firme, con llamadas a revisar leyes y límites culturales.

El suceso llevó a antropólogos y curiosos a preguntarse por qué la antropofagia sigue fascinando tanto, incluso cuando, como aquí, es voluntaria y con guarnición.

Para quien se haya quedado con hambre de más, la historia de la gastronomía extrema incluye el recetario Natural Harvest, que cocina con semen, al soldado polaco Charles Domery, que en el siglo XVIII se comía gatos, ratas y velas de sebo, y hasta al murciano que llegó a rey de una tribu caníbal. Y en arte corporal extremo, pocas como la británica Amanda Feilding, que en 1970 se hizo un agujero en el cráneo con un taladro de dentista y lo filmó.

Lo que quedó claro es que, por mucho perejil italiano que se le eche, hay platos que nunca llegarán a la carta de un restaurante. Ni siquiera en Tokio.

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Vídeo: «Un chef muy bizarro: el caso Mao Sugiyama»

Para quien tenga el estómago a prueba de bombas, aquí va un repaso en vídeo del caso.

Un CHEF MUY BIZARRO: El Caso Mao Sugiyama 🍽️

Fuentes consultadas