Saltar al contenido

El día que paracaidistas americanos aterrizaron por error junto a Melilla y la Legión no estaba para bromas

Soldados estadounidenses con casco y fusil, apretados en una lancha de desembarco, miran a la cámara

El teléfono sonó de madrugada en casa del coronel Alberto Serrano Montaner, jefe del Tercio Gran Capitán de la Legión, en Melilla. Era el 8 de noviembre de 1942, y le avisaban de que tres aviones «americanos o ingleses» acababan de tomar tierra cerca de Zeluán, en el protectorado español, y de que unos noventa paracaidistas se estaban atrincherando junto a ellos. Eran estadounidenses, iban a Orán a abrir la Operación Torch y se habían equivocado de laguna. Acabaron rindiéndose a la Legión sin pegar un tiro y pasaron tres meses en Melilla.

El error de cálculo que llevó a los paracaidistas a Zeluán

Lo que debía ser un salto sobre el norte de África francés se convirtió en un festival de la mala orientación. La noche del 7 de noviembre habían despegado de Inglaterra 39 aviones de transporte C-47, sin escolta, con los 556 paracaidistas del teniente coronel Edson Raff. Era el primer salto de combate de los paracaidistas estadounidenses, y el objetivo, tomar los aeródromos de Tafaraoui y La Sénia, junto a Orán, en la Argelia de la Francia de Vichy.

Cruzaron España de noche, con las radios apagadas para no delatarse. El viento y los errores de navegación dispersaron la formación, y al amanecer los aviones andaban desperdigados entre Marruecos y Orán. Tres de ellos vieron una laguna junto al mar, creyeron que era la de Orán y tomaron tierra cerca de Zeluán, en el protectorado español, a menos de 30 kilómetros de Melilla. La laguna era la Mar Chica.

Vista desde lo alto de un monte de la laguna de la Mar Chica, con la ciudad de Nador en la orilla y una gran roca en primer plano
La Mar Chica, la laguna que los pilotos confundieron con la de Orán, con Nador en la orilla, vista desde el monte Ubayo. Foto: Miguel González Novo, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons.

Ni siquiera habían tocado tierra hostil y ya estaban fuera de juego. Aunque, para ser justos, a sus compañeros no les fue mucho mejor: 30 de los 37 aviones que llegaron a la zona de Orán acabaron aterrizando en la laguna seca que había al oeste del objetivo. Los de Zeluán, simplemente, se equivocaron de laguna.

Para ellos, aquello era la Francia de Vichy, la del mariscal Pétain. Para los que los vieron bajar, era territorio español con todas sus letras, y en Melilla había una bandera de la Legión con muy malas pulgas. Los soldados, extrañados de que nadie les disparara, tomaron posiciones defensivas junto a los aviones.

Foto aérea antigua de la alcazaba de Zeluán, un recinto cuadrado amurallado junto a un barranco, con un poblado y campos alrededor
Zeluán, en el protectorado español de Marruecos, hacia 1920: la alcazaba y el campamento, vistos desde el aire. Autor desconocido, dominio público, vía Wikimedia Commons.

Rendición sin disparos

La llamada despertó al coronel Serrano, que mandó una bandera de la Legión, unos 800 hombres, a rodear a los recién llegados. Cuando informó a sus superiores, no se lo creyeron. Sus órdenes, según las recogió años después su hijo, fueron estas:

«… Por el momento no ataquen, pero si ellos empiezan primero, trate de mantenerlos a raya, y si reciben refuerzos acabe con todos; pero si después de las explicaciones, se quedan quietos, espere a que yo llegue. Nada de locuras por nuestra parte».

Órdenes del coronel Serrano Montaner, según su hijo, Luis Serrano Valls

Cuando llegó al lugar, envió a un sargento que hablaba inglés con un mensaje sencillo: si su intención era atacar a las fuerzas españolas, tenían dos opciones, entregarse como prisioneros desarmados o salir muertos. Tal cual.

El capitán que mandaba a los estadounidenses, que tenía más sentido común que patriotismo mal entendido, habló con sus mandos y se rindió. Sin un solo disparo y con la dignidad justa para no parecer turistas despistados buscando la Sagrada Familia. Según El Debate, los paracaidistas parecían más aliviados que preocupados.

Fue una escena digna de Berlanga: legionarios desarmando a americanos confundidos. Y hubo coñac, aunque no en Madrid: ese mismo día, Serrano recibió a los oficiales estadounidenses en su despacho y, como manda la hospitalidad, les ofreció una copa. Tras varias conversaciones, le acabaron confesando lo de la laguna.

DEL BLOG AL LIBRO

¿Creías que esto era extraño? Es porque todavía no conoces nuestro libro.

Más de 300 páginas de historias reales que parecen inventadas: personajes extravagantes, decisiones absurdas y episodios que cuesta creer que ocurrieran.

📖 Entrar en Mundo Estrambótico →

Tapa blanda · Tapa dura · Kindle

La Operación Torch y su contexto

La Operación Torch, traducible como Operación Antorcha, aunque bien podría haberse llamado «A ver cómo nos metemos en África sin que se líe demasiado la cosa», fue la primera gran ofensiva angloamericana en el Mediterráneo. Empezó el 8 de noviembre de 1942 con desembarcos en Marruecos y Argelia, entonces en manos de la Francia de Vichy.

Soldados estadounidenses saltan de una lancha de desembarco y vadean hasta la playa cargando cajas, con barcos de transporte al fondo
Soldados estadounidenses desembarcan en Arzeu, cerca de Orán, durante la Operación Torch, en noviembre de 1942. Foto del teniente F. A. Hudson, fotógrafo oficial de la Royal Navy. Imperial War Museum, dominio público, vía Wikimedia Commons.

Desembarcaron más de 100.000 soldados aliados, y la idea era abrir en el norte de África otro frente contra el Eje. Melilla lo vio casi desde la ventana: según el historiador Santiago Domínguez, el punto de reunión de los aviones de transporte era el cabo Tres Forcas, al lado de la ciudad, y el día 9 los melillenses vieron pasar por la costa al menos 36 aviones aliados camino de Argelia.

Reacción española y consecuencias diplomáticas

España, en 1942, no estaba para meterse en guerras ajenas. Oficialmente no beligerante desde 1940, simpatizante del Eje y en la práctica «a mí no me metan en jaleos», el régimen franquista miraba la Segunda Guerra Mundial como quien mira un incendio desde la ventana de casa: con cierta emoción, pero sin intención alguna de mojarse. Así que cuando un contingente de soldados estadounidenses apareció por error en el protectorado, y encima armados hasta los dientes, tocó improvisar.

En cuanto empezó la operación, el embajador estadounidense entregó al Gobierno una carta de Roosevelt que prometía respetar el protectorado español. Con eso, a los paracaidistas les quitaron la condición de prisioneros, pero no los soltaron: vivieron en el cuartel de la Legión hasta febrero de 1943, cuando los devolvieron por Gibraltar. Según la ficha de uno de ellos, internado en Nador, les hicieron jurar que no contarían nada de lo que habían vivido en territorio neutral.

Todo un ejercicio de equilibrismo, si tenemos en cuenta que a unos 3.600 kilómetros de allí España tenía a la División Azul combatiendo junto a los alemanes en el frente de Leningrado. El alto comisario, el general Luis Orgaz, pactó con el general Mark Clark limitar los movimientos de tropas en la frontera para evitar sustos.

En 1943, Clark visitó el protectorado invitado por Orgaz y quiso saludar al coronel Serrano. Según contó el hijo del coronel, le dio las gracias en nombre del Ejército de Estados Unidos por cómo había tratado a sus hombres desde el primer momento, y le dijo que siempre sería bienvenido en su país. Pocas veces un ejército ha dado las gracias por que le capturaran a sus soldados.

Si les quedan ganas de despistes militares, el de la batalla de Caransebes, la del ejército que se derrotó a sí mismo, es difícil de superar. Y en la Segunda Guerra Mundial, la marina estadounidense tuvo el suyo con el USS William D. Porter.

Vídeo: paracaidistas americanos sobre Melilla

Ignacio Sarmiento lo cuenta en tres minutos en su canal, La Mecedora.

Paracaidistas americanos sobre MELILLA

Fuentes consultadas

Siguiente historia

Otto Witte, con uniforme militar, gorro y medallas, de pie ante su barraca de feria con el cartel «Exkönig von Albanien», rodeado de públicoGente que hizo historia (muy a su pesar)Otto Witte: el excéntrico rey de Albania que sólo reinó cinco días. O no…Otto Witte murió en Hamburgo el 13 de agosto de 1958, justo cuarenta y cinco años después de la fecha en que, según él, lo coronaron rey de Albania. Durante décadas lo…Leer la siguiente historia →
No te pierdas la próxima historia

Cada semana publicamos una nueva historia. Recíbela gratis en tu correo.

Cada semana, historias insólitas para mentes curiosas

Quién escribe