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Refranes de Sevilla

Autor: El café de la Historia

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Dichos y refranes de Sevilla y su provincia

  • Viento de Lebrija, agua fija.
  • Aldeana es la gallina, y cómela el de Sevilla.
  • Quien se fue a Sevilla, perdió su silla.
  • En la Macarena no hay cosa que no sea buena.
  • De Morón, ni el sol.
  • Cordovilla, ni es pueblo, ni es villa, pero es más que Sevilla.
  • Villanueva del Ariscal, mucho vino y poco pan.
  • Cuando el sol se pone cubierto en jueves, a los tres días llueve.
  • Tres cositas tiene Yebes que no las tiene Sevilla: la Fuente de los Menudos, Cañuelo y la Ventanilla.
  • Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla.
  • En Soria hiela cuando Sevilla quema.
  • En Salteras, pon tu capa donde la veas; que la veas que no la veas, en la mano la tengas.
  • Villa por villa, Osuna en tierras de Sevilla; y otra villa buena, Marchena.
  • En Madrid murió Granero; en Sevilla, Valerito, y en Talavera de la Reina mató un toro a Joselito.
  • El diablo está en Cantillana, urdiendo la tela y tramando la lana.
  • La primavera, en Sevilla, y el verano, en Granada.
  • Constantina de la Sierra, ¡quién te pudiera traer metida en la faltriquera como un pliego de papel!
  • Ni en Sevilla, ni en Triana, ni en Jerez de la Frontera, no hay un puente más seguro que el que tiene la Triguera.
  • En Écija no hay cristianos, que todo es tierra de moros; ¡quién ha visto en la Cuaresma haber corridas de toros!
  • En Estepa, los niños acabados de nacer ya se agarran con las uñas a la pared.
  • Villa por villa, Carmona en Andalucía.
  • ¡Soy de Lora, soy de Lora, soy de la rica ribera, donde fabrican el oro y azúcar y la canela.
  • Hijos de Sevilla, uno bueno por maravilla.
  • De Guadalcanal, ni hombre, ni mujer, ni temporal.
  • Me voy a Camas, luego a Constantina, luego a Ronquillo y después a Levante.
  • Hormigas con alas, tierra mojada.
  • Al uso de Arahal, tres borricos encima de un animal.
  • Badolatosa, por un cuarto se ve la cosa.
  • Utrera, tierra del dios Baco, cinco mil vecinos y quince mil bellacos.
  • Lluvias en San Juan quitan vino y no dan pan.
  • El invierno en Burgos y el verano en Sevilla.
  • Todas las tormentas van a Carmona.
  • El gallo de Arahal, ni allá ni acá.
  • Cuando Estepa tiene montera, llueve aunque Dios no quiera.

Más refranes sevillanos

  • En Carmona hay una fuente que tiene catorce caños con un letrero que dice : ¡Viva el pueblo sevillano!
  • Tan buen pan se come en Sevilla como en Castilla.
  • El buen perdigón, de la sierra de Morón.
  • La marea de Castilla y el aire de Sevilla.
  • En Osuna, allá se me suma.
  • Écija, la gran solina, donde se derriten volando las golondrinas.
  • Lunes de Triana, martes de Sevilla, miércoles en la cama, jueves al mercado, viernes a misa, sábado a hacer cuenta y el domingo no hay bocado.
  • Lloraba la viuda de los Gelves, tocas blancas en años verdes.
  • Si vas a Brenes, lleva pan para que cenes; y si has de pernoctar, lleva qué almorzar.
  • ¿Qué venden en Gradas? Castañitas mondadas o tostadas.
  • Al arco de Sol le temas; al de Luna, no hay duda.
  • Como el perro de Écija, que mirando la luna se secó, pensando que era manteca.
  • Si te casas en Marchena, Dios te la depare buena.
  • Écija, ciudad bravía y sartén de Andalucía.
  • La torre de Lebrija tiene una cosa: que se tiene derecha como las otras.
  • Si llevas dinero a Estepa, que ni el alcalde lo sepa.
  • No se ganó Zamora en un hora, ni Sevilla en un día.
  • A quien quieras mal mándalo a Écija a veranear.
  • Écija, la del sol ardiente, mucho trigo y mucho aceite, de muy buen humor la gente y aficionadilla al aguardiente.
  • Las Casas y Seldortún; Avellanal y Acabajo, forman un ramo de flores que se llama Montellano.
  • Se quedó como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando.
  • Quien ruin es en su villa, ruin es en Sevilla.
  • La aseada de Burguillos, que le recorría la mierda por los tobillos.
  • Quien en Sevilla vivió y de Sevilla se ausentó, siempre con pena la recordó.
  • En Salteras, pon tu capa donde la veas; que la veas que no la veas, en la mano la tengas.
  • De poniente, ni viento ni gente.
  • Villanueva del Ariscal, mucho vino y poco pan.
  • Cuando fueres a Brenes, lleva qué cenes y cama en que te eches; si no, negra noche tienes.
  • Quien bebe agua de la fuente de la Roya, en el mismo día roba.
  • El día de la Candelora, que llueva que no llueva, invierno fora; y si llueve y hace viento, invierno dentro.
  • Quien estuvo en Morón jamás volvió.
  • Écija, ciudad del sol, que en verano no gasta carbón.
  • El diablo anda en Cantillana y el obispo en Brenes.
  • Que tú seas de Sevilla, bien está; pero ser yo de Alcalá ¿no es na?
  • La vieja de los años mil guardaba pan para mayo y leña para abril.
  • A Cazalla por monas, a Alanís por bogas.
  • Pasa verano en Écija y te derretirás como cera.
  • El cabrero de Arahal: comía bebía, hacía fiscal y echaba las cabras del garbanzal.
  • Pan para mayo, y leña para abril; y el mejor cepón, para mayo lo compón.
  • El mambrú de Arbeteta y la giralda de Escamilla, mandan recuerdos a la de Sevilla.
  • Osuna y Estepa, terreno de alcaparreras.
  • ¿Cómo estará Sevilla cuando no quiere trigo?
  • De Lora, ni buen viento ni buen casamiento.
  • Cuando fueres a Lebrija, primero pregunta por la madre que por la hija.
  • Ordenanza sevillana dura una semana.
  • Cachito de cielo como el de Osuna no lo hay en tierra alguna.
  • Caballo y blasón, armas de Morón.
  • Cuando Montegil se pone la capilla, deja los bueyes y vete a la villa.
  • En Macarena no hay cosa buena.
  • ¿En Lora naciste? Suerte que tuviste.
  • Candilejo al anochecer, agua al amanecer.
  • No dure más el mal de Castilla que los pregones en Sevilla.
  • Si La Gomera se toca, aguárdate, poca ropa.
  • Las de Mairena, largas de talle y cortas de piernas.
  • Mátalo y vete a Utrera.
  • Ni enamorado en Morón ni en Sevilla fanfarrón.
  • Cuando canta la perdiz y el culo le goterea, es señal de que ha llovido o anda la marea.
  • Adivino de Marchena, que el sol puesto, el asno a la sombra queda.
  • Morón, donde el gallo cacareó cuando sin plumas se quedó.
  • Cuando asoma la nube de Alcalá, el agua no faltará.
  • Mollina no es ciudad ni es villa y es más grande que Sevilla.
  • Manto de sevillana, corrido tarde y mañana.
  • Candilazo al anochecer, lluvias al amanecer.
  • De gente de Paradas nada; pero lo que se dice ¡nada!
  • Los de Osuna, todos a una.
  • Borregos en el cielo, agua en el suelo.
  • Al tren de Alcalá, sílbale y se parará.
  • En Sevilla la grandeza, en Toledo la riqueza, en León la sutileza y en Alcalá la pobreza.
  • En Cantillana el que madruga se levanta de mañana.
  • Lorilla, ni por la orilla.
  • Mal logradas de vosotras, calles de Utrera, en cada puerta un ramo de taberna.
  • Cuando truena la Cuba en Rota, el agua viene que trota.
  • En Pruna, de ciento, una; y en Olvera, ni una siquiera.
  • A quien Dios quiere bien, en Sevilla le dio de comer; y a quien Dios quiere mal, en Córdoba le dio un lagar.
  • En Carmona, mucha gente y pocas personas.
  • Lo mejor del mundo es Matarredonda; después van Sevilla, Osuna y Ronda.
  • Olivares, anda, anda, y no pares.
  • Quien es ruin en Roma, ruin es en Carmona.
  • Las maireneras, culibajeras.
  • Cuando solano llueve, las piedras mueve.
  • Vos tejedera, yo galafate, no habrá dinero que se nos escape.
  • En Córdoba, una hora; en Granada, de pasada; en Sevilla, toda mi vida.
  • La yesca de Triana arde cuando le da la gana.
  • El mes de agosto es el mes de las cabañuelas, y también el de las higueras.
  • Buena es Granada, pero junto a Sevilla, no vale nada.
  • En Guadalcanal, mucha carne y poco pan.
  • La gallina de Morón, por el pico pon.
  • Arco a la sera, buena noche espera.
  • En Madrid como en Sevilla, quien pilla, pilla.
  • Estepa, Estepiña, nido de aves de rapiña.
  • Borregos en el cielo, agua en el suelo.
  • Si hija hermosa tienes, a la Antigua no la lleves.
  • A Sevilla me he de ir a buscar un sevillano, que los mozos de Madrid mucha paja y poco grano.
  • Esa flor y la de Osuna, no es toda una.
  • En Cazalla la manta y en Llerena la falta.
  • Cerco de luna, o remoja o enjuga.
  • De Sevilla, mano que ve, ojo que pilla.
  • En Osuna y Orihuela, todo cuela.
  • Ceuta clara y norte oscuro, temporal seguro.
  • De Osuna, ni la luna.
  • Cuando el cerrojillo canta, agua lleva en la garganta.
  • Utrera, ni por la vera.

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¿Qué es un refrán?

Un refrán es un frase de origen popular repetida tradicionalmente de forma invariable, en la cual se expresa un pensamiento moral, un consejo o una enseñanza, particularmente la que está estructurada en verso y rima en asonancia o consonancia.


«Cualquiera sentencia popular repetida tradicionalmente de forma invariable, particularmente, las que son en verso o al menos con cierto ritmo, consonante o asonante, que las hace fáciles de retener y les da estabilidad de forma y de sentido figurado». (María Moliner)


Dicho agudo y sentencioso de uso común. (Diccionario de la RAE)



¿Qué son los refranes?

Un refrán es un frase de origen popular repetida tradicionalmente de forma invariable, en la cual se expresa un pensamiento moral, un consejo o una enseñanza; particularmente la que está estructurada en verso y rima en asonancia o consonancia.

Los refranes son paremias tradicionales de uso y origen popular y, en general, de autoría anónima.

El refrán nace con intención didáctica, moral o, incluso en ocasiones, filosófica.

Puede encontrarse algunas veces como sinónimo de dicho e incluso de proverbio, si bien el dicho, esencialmente oral, comprende un significado bastante más amplio, como conjunto de palabras que proponen un concepto cabal, agudo, oportuno, e incluso malicioso.

También, en ciertas ocasiones, encierra una ocurrencia chistosa.

​Por otro lado, el proverbio, igual que el adagio, suelen ir asociados a lo bíblico y/o lo culto.

En definitiva, y sin lugar a dudas, en el ámbito de la lengua castellana, el refrán es, de manera indiscutible, la paremia más representativa y extendida de la sabiduría popular.

Dicho agudo y sentencioso de uso común. (Diccionario de la RAE)

El refrán es una paremia tradicional de origen y uso popular –y por definición, de autoría anónima– con intención didáctica, moral o, incluso, filosófica. En algunos contextos puede encontrarse como sinónimo de dicho e incluso de proverbio, si bien el dicho, esencialmente oral abarca un significado más amplio, como conjunto de palabras que proponen un concepto cabal, agudo, oportuno, e incluso malicioso, o bien una ocurrencia chistosa.

Por su parte, el proverbio, como el adagio y la máxima, suelen estar asociados a lo culto, lo bíblico o lo oriental. En suma, en el ámbito de la lengua castellana o idioma español, el refrán es, por antonomasia, la paremia más representativa de la sabiduría popular.

En el uso de la lengua española, el término refrán (del francés refrain, sentencia corta) ha conocido una gran difusión hasta el punto de desplazar al proverbio, idea que se asocia a una paremia culta como los proverbios bíblicos u orientales. Así, el refrán, paremia popular o popularizada, aparece en obras de autores clásicos como Gonzalo de Berceo, el Arcipreste de Hita, Don Juan Manuel, Alfonso X el Sabio o el propio Miguel de Cervantes, que en el Quijote asegura por boca de Quijano que «los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos ancianos», y hablando con Sancho Panza le dice que «cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento» (Segunda parte, capítulo XVII); o cuando le hace decir al cautivo que «el refrán es sentencia breve sacada de la luenga y discreta experiencia».​

Sentencias breves y anónimas que «señalan qué actitud conviene adoptar en cada situación, definen la razón de una determinada conducta, o extraen las consecuencias de una circunstancia, entrañando en cualquier caso un fin didáctico y aleccionador y convirtiendo la anécdota humana en tema de reflexión».​ No obstante, muchas frases literarias y bíblicas han pasado a formar parte del refranero popular. La mayoría de los refranes son observaciones acuñadas por la experiencia colectiva a lo largo del tiempo, con temas que van desde la meteorología hasta el destino invariable y fatalista de existencia. Constituyen el bagaje cultural del pueblo en tiempos en los que la tradición oral pasaba la sabiduría popular de una generación a otra.

Su estructura suele ser pareada y recurren tanto a la prosa y verso como a figuras literarias (antítesis, elipsis o paralelismo) para facilitar su perpetuación oral.

Fuente: Wikipedia

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