El café de la historia - 100 refranes antiguos

100 Refranes antiguos

Autor: El café de la Historia

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Dichos y refranes antiguos

  • Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
  • A buenas horas mangas verdes.
  • Quien el puchero del vecino quiere probar, deje el suyo sin tapar.
  • Por mucho que labre el carpintero, no irá la astilla muy lejos del madero.
  • Unos lo siembran, y otros lo siegan.
  • Quien compra lo que no puede, vende lo que le duele.
  • A caballo corredor, cabestro corto.
  • Si hay trato, amigos pueden pueden ser el perro y el gato.
  • De dinero y santidad, la mitad de la mitad.
  • Una cosa es predicar y otra dar trigo.
  • Dos caminos tiene el dinero; viene despacio y se va ligero.
  • En el tiempo de los higos no hay amigos.
  • Más valen amigos en la plaza que dineros en el arca.
  • Los bienes del sacristán, según se vienen, se van.
  • Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.
  • Si bien como y mejor duermo, no estoy enfermo.
  • A mantel puesto, tendrás amigos ciento.
  • El que las cosas apura, pone la vida en ventura.
  • Sol madrugador y cura callejero, ni el sol calentará ni el cura será bueno.
  • Castellano viejo, ajo con pescado abadejo.
  • Si te mandare tu mujer arrojarte de un tajo, ruega a Dios que sea bajo.
  • Llenar el vientre, pero no tanto que reviente.
  • Quien tiene amigo no cierto, tenga un ojo cerrado y el otro abierto.
  • Reunión de pastores, oveja muerta.
  • El dinero y el jamón para las ocasiones son.
  • Come a gusto y placentero y que ayune tu heredero.
  • Cortesía de sombrero, hace amistades y no cuesta dinero.
  • El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona.

Más refranes antiguos

  • Si quieres buena fama, no te dé el sol en la cama.
  • Vence en la mocedad los días buenos, y para la vejez quedan los duelos.
  • Quien predica en el desierto pierde el sermón.
  • El buen alimento cría entendimiento.
  • Amistades lisonjeras, te harán más malo que eras.
  • El que ofende escribe en agua, el ofendido escribe en piedra, el que ofende se le olvida y el ofendido se acuerda.
  • El que en la juventud come sardinas, en la vejez le salen las espinas.
  • Quien de joven no trabaja de viejo duerme en la paja.
  • Juegos y risas, esas son mis misas; comidas y cenas son mis novenas.
  • Aparta tu amistad de la persona, que si te ve en el riesgo te abandona.
  • El que quiere todas las cosas a su gusto, tendrá en la vida muchos disgustos.
  • Lo que en la leche se mama, en la mortaja se derrama.
  • No hay primavera sin flores, ni verano sin calores, ni otoño sin racimos, ni invierno sin nieves y fríos.
  • Quien da pan a perro ajeno pierde pan y pierde perro.
  • Pan de hoy, carne de ayer y vino de antaño y vivirás sano.
  • El amigo que no presta y el cuchillo que no corta, que se pierda poco importa.
  • Consejo es de sabios perdonar injurias y olvidar agravios.
  • La cana, engaña, el diente, miente, pero la arruga, no cabe duda.
  • A borracho o mujeriego, no des a guardar dinero.
  • Come poco y cena temprano y llegarás a anciano.
  • Amigos buenos, uno entre ciento; y si mejor he de decir, uno entre mil.
  • Llanto de niño, lluvia de estío; llanto de viejo, lluvia de invierno.
  • A la mujer y al galgo, a la vejez les aguardo.
  • A la boda del herrero, cada cual con su dinero.
  • Lo que es bueno para el diente es malo para el vientre.
  • Ni primavera sin golondrinas, ni despensa sin harina, ni dicha completa, ni otoño sin nevereta.
  • Quien no trabaja de pollinejo, trabajará de burro viejo.
  • Ya se murió el prestar, que le mató el mal pagar.
  • No hay mejor reloj ni campana que comer cuando hay gana.
  • Si canta el gallo al amanecer, primavera es.
  • Donde las dan las toman y callar es bueno.
  • No hacen viejos los años, sino otros daños.
  • Tu amigo al prestar, tu enemigo al cobrar.
  • Comida de aldeanos, sin manteles, pero mucho y sano.
  • Dime con quién andas, y te diré quien eres.
  • Quien presta sin contrato, ya puede escribirlo en el agua.
  • Viejo con mujer hermosa, mala cosa.
  • Si tienes dinero que te sobre y no tienes caridad, pobre te puedes llamar.
  • Hay que desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo.
  • Ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió.
  • En esta tierra cuca, el que no trabaja, no manduca.
  • Al llegar el hombre a la vejez, oye lo que no oye y ve lo que no ve.
  • A dinero en mano, el monte se hace llano.
  • El pan de ayer y el vino de un año, a todos hace provecho y a ninguno daño.
  • Quien a heredar aspira, larga soga estira.
  • Si la Candelaria nieva, treinta más con ella.
  • Si el mozo supiera y el viejo pudiera, ¿Qué se les resistiera?
  • Amor de ramera, amistad de fraile y convite de mesonero, no puede ser que no te cueste dinero.
  • El caldo de habas, hace a las mujeres bravas.
  • La mujer que no come con su marido, lo mejor del puchero se lo han comido.
  • El dinero mal adquirido, se va por donde ha venido.
  • Costumbre de mocedad, no se deja ni en la vejedad.
  • A sordos y ciegos hacen testigos el dinero.
  • Perro de muchas bodas, no come en ninguna por comer en todas.
  • Una cosa piensa el borracho y otra el tabernero.
  • Casa grande, poca limosna.
  • Zorra vieja, en el lazo se mea.
  • El ruin consejero no busca tu bien, sino tu dinero.
  • De barbero a barbero no pasa dinero.
  • Hambre larga, nunca repara en salsas.
  • Treinta días tiene noviembre, como abril, junio y septiembre; de veintiocho no hay mas que uno; los demás, de treinta y uno.
  • Ni prestes a quien prestó, ni sirvas a quien sirvió, porque te hará pasar lo que pasó y lo que no pasó.
  • A gato viejo, ratón tierno.
  • Si no tienes dinero en la bolsa, ten miel en la boca.
  • A malas cenas y a malos almuerzos, encógense las tripas y alárganse los pescuezos.
  • Si vas a la romería vete en buena compañía; ni moza temprana ni vieja pasada.
  • A beber me atrevo, porque a nadie debo y de lo mío bebo.
  • Huelen de lejos los bandoleros el dinero de los pasajeros.
  • El aceite de oliva es armero, relojero y curandero.
  • Cura flaco y marido barrigón, ninguno cumple su función.
  • Esperanzas de pobre, pedos de burra vieja.
  • Vanse los amores, quedan los dolores.

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¿Qué es un refrán?

Un refrán es un frase de origen popular repetida tradicionalmente de forma invariable, en la cual se expresa un pensamiento moral, un consejo o una enseñanza, particularmente la que está estructurada en verso y rima en asonancia o consonancia.


«Cualquiera sentencia popular repetida tradicionalmente de forma invariable, particularmente, las que son en verso o al menos con cierto ritmo, consonante o asonante, que las hace fáciles de retener y les da estabilidad de forma y de sentido figurado». (María Moliner)


Dicho agudo y sentencioso de uso común. (Diccionario de la RAE)



¿Qué son los refranes?

Un refrán es un frase de origen popular repetida tradicionalmente de forma invariable, en la cual se expresa un pensamiento moral, un consejo o una enseñanza; particularmente la que está estructurada en verso y rima en asonancia o consonancia.

Los refranes son paremias tradicionales de uso y origen popular y, en general, de autoría anónima.

El refrán nace con intención didáctica, moral o, incluso en ocasiones, filosófica.

Puede encontrarse algunas veces como sinónimo de dicho e incluso de proverbio, si bien el dicho, esencialmente oral, comprende un significado bastante más amplio, como conjunto de palabras que proponen un concepto cabal, agudo, oportuno, e incluso malicioso.

También, en ciertas ocasiones, encierra una ocurrencia chistosa.

​Por otro lado, el proverbio, igual que el adagio, suelen ir asociados a lo bíblico y/o lo culto.

En definitiva, y sin lugar a dudas, en el ámbito de la lengua castellana, el refrán es, de manera indiscutible, la paremia más representativa y extendida de la sabiduría popular.

Dicho agudo y sentencioso de uso común. (Diccionario de la RAE)

El refrán es una paremia tradicional de origen y uso popular –y por definición, de autoría anónima– con intención didáctica, moral o, incluso, filosófica. En algunos contextos puede encontrarse como sinónimo de dicho e incluso de proverbio, si bien el dicho, esencialmente oral abarca un significado más amplio, como conjunto de palabras que proponen un concepto cabal, agudo, oportuno, e incluso malicioso, o bien una ocurrencia chistosa.

Por su parte, el proverbio, como el adagio y la máxima, suelen estar asociados a lo culto, lo bíblico o lo oriental. En suma, en el ámbito de la lengua castellana o idioma español, el refrán es, por antonomasia, la paremia más representativa de la sabiduría popular.

En el uso de la lengua española, el término refrán (del francés refrain, sentencia corta) ha conocido una gran difusión hasta el punto de desplazar al proverbio, idea que se asocia a una paremia culta como los proverbios bíblicos u orientales. Así, el refrán, paremia popular o popularizada, aparece en obras de autores clásicos como Gonzalo de Berceo, el Arcipreste de Hita, Don Juan Manuel, Alfonso X el Sabio o el propio Miguel de Cervantes, que en el Quijote asegura por boca de Quijano que «los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos ancianos», y hablando con Sancho Panza le dice que «cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento» (Segunda parte, capítulo XVII); o cuando le hace decir al cautivo que «el refrán es sentencia breve sacada de la luenga y discreta experiencia».​

Sentencias breves y anónimas que «señalan qué actitud conviene adoptar en cada situación, definen la razón de una determinada conducta, o extraen las consecuencias de una circunstancia, entrañando en cualquier caso un fin didáctico y aleccionador y convirtiendo la anécdota humana en tema de reflexión».​ No obstante, muchas frases literarias y bíblicas han pasado a formar parte del refranero popular. La mayoría de los refranes son observaciones acuñadas por la experiencia colectiva a lo largo del tiempo, con temas que van desde la meteorología hasta el destino invariable y fatalista de existencia. Constituyen el bagaje cultural del pueblo en tiempos en los que la tradición oral pasaba la sabiduría popular de una generación a otra.

Su estructura suele ser pareada y recurren tanto a la prosa y verso como a figuras literarias (antítesis, elipsis o paralelismo) para facilitar su perpetuación oral.

Fuente: Wikipedia

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